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06 julio, 2026

EN VARGAS VEMOS ANGELES DE DOS RUEDAS

Prof. Carlos Teixeira

Cuando muchos motorizados de Caracas se alistaban para dirigirse al salsero y populoso sector de San Agustín, a fin de homenajear y bailar a San juan Bautista, algo les detuvo su deseo de participar en tan importante evento festivo. Si, les llegó la infausta noticia sobre dos sismos que destruyeron buena parte del espacio de recreación, más cercano y económico del que tantas veces han disfrutado, bronceado y enamorado. Una fuerza ya los había impulsado, los llenó de energía positiva, como tomados por esa magia de amor entrañable, sublime, cultivado los fines de semana en las montañas y costas de Vargas, desarrollando un sentimiento de triste nostalgia que los invadió, pero que de inmediato se transformó en necesidad de retribuir lo vivido y amado en esa franja de azul marino y verde montañoso.

Entonces dos ruedas de miles multiplicadas, frenaron  de golpe, sin hacer piruetas y casi orquestados por la providencia, pasaron a convertirse en un enjambre solidario de motociclistas, provenientes de todas partes de Caracas y de muy variado origen y composición, más policlasista, imposible, pero más nobles y solidarios, tampoco.

Algunos de ellos y con mucha determinación, habrá hecho el papel del centauro de los llanos, José Antonio Páez y recreó el grito de *vuelvan caras*, ya no para librar una batalla en la llanura ancha, sino para volcarse a brindar la mayor demostración de solidaridad colectiva.  Entonces, una enorme nube cargada de luces multicolores, se convirtieron en seres especiales alados, pero sobre dos ruedas, cabalgados por Ángeles protectores, con cascos Sandoval, unos y Edge clásico otros, con las humildes motocicletas Bera, hasta las Toro, Kawasaki y Yamaha, hasta las coquetas BMW y Harley Davison. 

Ya habíamos visto antes a muchos de estos Ángeles de dos ruedas, en Vargas, por tanto, nos eran familiares, apreciados, recordados con cariño y gratitud infinita.       

Se nos presentaron por primera vez en dic. 1999, en otra tragedia, pero de origen hídrico, esa que empapó y desmembró con furia, parte del Ávila en su ladera norte, sobre Vargas. 

En aquella oportunidad, los convocaban y dirigían, el campeón Nacional de motocross, Francisco Macías y un amigo de sus amigos guaireños, el Diputado Carlos Melo.  

Llegaron como la primera avanzada que trajo personal paramédico, alimentos, medicina, agua, ropa y apoyo moral a cientos de varguenses, allá cerró arriba, donde ni  vehículos de doble tracción, podían acceder

Ahora aparecieron nuevamente, pero multiplicados por miles, un tropel incalculable, de estos Ángeles de dos ruedas. 

Fueron los primeros en llegar con su noble carga de solidaridad y mano amiga a las zonas de desastre. 

Algunos lloraron abrazados a desconsolados varguenses que conocieron ahí, con su dolor a cuestas, entre escombros, vigas, concreto y cabillas que antes estructuraban viviendas seguras. otros invocaban a Dios para tomar fuerza espiritual y comenzar el propósito de su viaje de 30 kilómetros, acompañados de sus parejas, de un pana o de unas cajas con botellitas de agua salvadoras que saben a gloria en esos duros momentos.

Trajeron picos, palas, cuerdas, comida, bebidas de hidratación, sus manos rasgaron hasta sangrar, en el concreto hecho obstáculo entre la vida y la muerte de muchos varguenses, atrapados en asfixiantes cavidades, oscuras, calurosas, desesperantes.

Fueron estos Ángeles sobre dos ruedas, los primeros rescatistas y bomberos, sin ser ninguna de las dos cosas, fueron estos Ángeles de dos ruedas, la punta de lanza motivacional y  espiritual, para que el país imbuido en su dinámica cotidiana de sobrevivencia, o    en el cautivante mundial de fútbol, volcara su vista y atención nuevamente, 27 años después, sobre un espacio costero y montañoso, de gratos recuerdos en el corazón de estos seres especiales que lo sienten como propio, por ser este su sitio preferente y acogedor, el asiento de balnearios públicos y clubes privados, con sancocho de pescado , tostón y  *"vuerve"* a la vida, con la vista más romántica y hermosa sobre el horizonte azul del Caribe mar,  de la verde montaña fresca, para tomar chocolate, comer fresas, cachapa y cochino frito. 

Los Ángeles de dos ruedas, nos dan una lección de amor al prójimo caído en desgracia, muestran sus manos y brazos con orgullo porque fueron benditos al auxiliar a un hermano que no conocían, pero que al abrazarlo, le devolvieron la fe, la esperanza y la gratitud, para honrar y reivindicar la hermandad y la solidaridad como un valor trascendente entre venezolanos. 

Se convirtieron en luz que estimula el deseo de vivir, por los que se fueron y por cada uno de los que le sobreviven. 

En nombre de tantos guaireños y varguenses, gracias por tanto amor, solidaridad y entrega por los nuestros. Son Uds unos verdaderos Ángeles de dos ruedas. Dios los bendiga y proteja siempre.