Prof. Carlos Teixeira
Cuando muchos motorizados de
Caracas se alistaban para dirigirse al salsero y populoso sector de San
Agustín, a fin de homenajear y bailar a San juan Bautista, algo les detuvo su
deseo de participar en tan importante evento festivo. Si, les llegó la infausta
noticia sobre dos sismos que destruyeron buena parte del espacio de recreación,
más cercano y económico del que tantas veces han disfrutado, bronceado y
enamorado. Una fuerza ya los había impulsado, los llenó de energía positiva,
como tomados por esa magia de amor entrañable, sublime, cultivado los fines de
semana en las montañas y costas de Vargas, desarrollando un sentimiento de
triste nostalgia que los invadió, pero que de inmediato se transformó en
necesidad de retribuir lo vivido y amado en esa franja de azul marino y verde
montañoso.
Entonces dos ruedas de miles multiplicadas, frenaron de golpe, sin hacer piruetas y casi orquestados por la providencia, pasaron a convertirse en un enjambre solidario de motociclistas, provenientes de todas partes de Caracas y de muy variado origen y composición, más policlasista, imposible, pero más nobles y solidarios, tampoco.
Algunos de ellos y con mucha
determinación, habrá hecho el papel del centauro de los llanos, José Antonio
Páez y recreó el grito de *vuelvan caras*, ya no para librar una batalla en la
llanura ancha, sino para volcarse a brindar la mayor demostración de
solidaridad colectiva. Entonces, una enorme nube cargada de luces
multicolores, se convirtieron en seres especiales alados, pero sobre dos ruedas,
cabalgados por Ángeles protectores, con cascos Sandoval, unos y Edge clásico
otros, con las humildes motocicletas Bera, hasta las Toro, Kawasaki y Yamaha,
hasta las coquetas BMW y Harley Davison.
Ya habíamos visto antes a muchos de
estos Ángeles de dos ruedas, en Vargas, por tanto, nos eran familiares,
apreciados, recordados con cariño y gratitud infinita.
Se nos presentaron por primera vez
en dic. 1999, en otra tragedia, pero de origen hídrico, esa que empapó y desmembró
con furia, parte del Ávila en su ladera norte, sobre Vargas.
En aquella oportunidad, los
convocaban y dirigían, el campeón Nacional de motocross, Francisco Macías y un
amigo de sus amigos guaireños, el Diputado Carlos Melo.
Llegaron como la primera avanzada
que trajo personal paramédico, alimentos, medicina, agua, ropa y apoyo moral a
cientos de varguenses, allá cerró arriba, donde ni vehículos de doble
tracción, podían acceder
Ahora aparecieron nuevamente, pero
multiplicados por miles, un tropel incalculable, de estos Ángeles de dos
ruedas.
Fueron los primeros en llegar con
su noble carga de solidaridad y mano amiga a las zonas de desastre.
Algunos lloraron abrazados a
desconsolados varguenses que conocieron ahí, con su dolor a cuestas, entre
escombros, vigas, concreto y cabillas que antes estructuraban viviendas
seguras. otros invocaban a Dios para tomar fuerza espiritual y comenzar el
propósito de su viaje de 30 kilómetros, acompañados de sus parejas, de un pana
o de unas cajas con botellitas de agua salvadoras que saben a gloria en esos
duros momentos.
Trajeron picos, palas, cuerdas,
comida, bebidas de hidratación, sus manos rasgaron hasta sangrar, en el
concreto hecho obstáculo entre la vida y la muerte de muchos varguenses,
atrapados en asfixiantes cavidades, oscuras, calurosas, desesperantes.
Fueron estos Ángeles sobre dos
ruedas, los primeros rescatistas y bomberos, sin ser ninguna de las dos cosas,
fueron estos Ángeles de dos ruedas, la punta de lanza motivacional y
espiritual, para que el país imbuido en su dinámica cotidiana de sobrevivencia,
o en el cautivante mundial de fútbol, volcara su vista y atención
nuevamente, 27 años después, sobre un espacio costero y montañoso, de gratos
recuerdos en el corazón de estos seres especiales que lo sienten como propio,
por ser este su sitio preferente y acogedor, el asiento de balnearios públicos
y clubes privados, con sancocho de pescado , tostón y
*"vuerve"* a la vida, con la vista más romántica y hermosa sobre el
horizonte azul del Caribe mar, de la verde montaña fresca, para tomar
chocolate, comer fresas, cachapa y cochino frito.
Los Ángeles de dos ruedas, nos dan
una lección de amor al prójimo caído en desgracia, muestran sus manos y brazos
con orgullo porque fueron benditos al auxiliar a un hermano que no conocían,
pero que al abrazarlo, le devolvieron la fe, la esperanza y la gratitud, para
honrar y reivindicar la hermandad y la solidaridad como un valor trascendente
entre venezolanos.
Se convirtieron en luz que estimula
el deseo de vivir, por los que se fueron y por cada uno de los que le
sobreviven.
En nombre de tantos guaireños y
varguenses, gracias por tanto amor, solidaridad y entrega por los nuestros. Son
Uds unos verdaderos Ángeles de dos ruedas. Dios los bendiga y proteja siempre.
