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14 julio, 2026

Cinco consensos para avanzar (Apuntes para un pacto nacional por la reconstrucción)

Por Bruno Gallo* / Opinión

La política venezolana se ha convertido, desde hace mucho tiempo en un certamen cuyo centro es el mantenimiento o la sucesión en el trono y para eso, parece que el límite de lo permitido se desdibujó. La buena vida aristotélica como centro de la acción de la Polis fue sustituida por intereses más pequeños e inmediatistas.

Para Hannah Arendt, la política no es la simple lucha por el control del Estado y el monopolio de la violencia. Por el contrario, es el espacio donde los ciudadanos se reúnen, dialogan y actúan en concierto para construir un mundo común habitable. Cuando la política se reduce a pura confrontación y disputa por el poder, deja de ser política y se convierte en violencia (activa o pasiva, en la calle o la palabra).

A juzgar por la profundidad de la crisis, no parece que hubiéramos recorrido un camino sensato. Desde el empeño por construir “hegemonía” o el heroísmo por alcanzar “la libertad” se ha ido cavando una fosa en la que cabemos todos.

Parece un tiempo para explorar el fortalecimiento del dialogo para el consenso como método para superar la crisis.

Desde los primeros días del 2026, la soberanía, una nueva manera de relacionarse con el mundo, la economía, la política, una rendija para la reconciliación y la amnistía y ahora la devastación producida por el terremoto, plantean un reto: un amplio pacto de gobernabilidad y recuperación de la prosperidad.

Un consenso de amplia cooperación y convocatoria de las mejores capacidades.

Ningún gobierno está preparado para enfrentar una crisis de las dimensiones de la venezolana, que suma varias décadas de acumulación de deterioro, sanciones, errores, exceso, la devastación de un doblete sísmico y además, un entorno de polarización maniquea y soberanía tutelada. De tal manera que para quienes están al mando en este momento es conveniente convocar a las mejores capacidades técnicas y académicas, políticas y gerenciales para constituir un amplio y diverso comando central de crisis, una vocería que trascienda la cabeza de los poderes públicos, una síntesis de las mejores cabezas y direcciones, sin distingos políticos ni pequeñas trapisondas y boicots. Gente que tuvo un papel destacado en el deslave de Vargas y otras situaciones de desastre. Profesionales y técnicos que vele por los derechos y bienestar de la gente. Proponemos, un país de diversidades poniéndose de acuerdo para reconstruirse. Además, la construcción de un interlocutor soberano de la nación frente a los multilaterales y gobiernos del mundo.

Un consenso por la construcción de una política macroeconómica. (La economía estúpido, la economía)

La devaluación e inflación, conjuntamente con una pobre retribución al trabajo y la destrucción de los circuitos económicos como resultado del sismo, requiere de los más preclaros saberes y experiencias construyendo una política económica seria y eficiente para superar la crisis, negociar con los organismos multilaterales, reactivar la economía. Emprender la reconstrucción y aumentar el gasto público sin desatar los demonios de la inflación.

Economistas y académicos de las más diversas tendencias, empresarios y trabajadores, agentes económicos, consumidores, banqueros definiendo de dónde saldrán los recursos internos, qué exenciones fiscales temporales se otorgarán para reactivar el aparato productivo local y cómo se priorizará el gasto público. El consenso aquí es aceptar que la flexibilidad ideológica: el sector privado acepta regulaciones de emergencia para evitar la especulación, y el sector público otorga garantías de seguridad jurídica y facilidades para la inversión rápida en la reconstrucción.

Un consenso indispensable: Tregua y Gobernabilidad

Un proceso de pacificación se abrió con la Ley de Amnistía y una incipiente flexibilización del estilo autoritario del gobierno sustituido por un intento de apertura. Ahora es indispensable avanzar en un pacto para aplazar o archivar la polémica y la pugnacidad entre fuerzas políticas largamente enfrentadas para privilegiar la atención, diseño e implementación de acciones para el manejo de la crisis y la superación de la situación de desastre.

Eso incluye un compromiso en el manejo de la información. Enfrentar los “fake” tan usuales en las redes sociales, para ir generando un clima de distención y confianza.

Un consenso por la descentralización y el poder local (lo pequeño es hermoso y eficiente)

La reconstrucción desde la tradición centralizadora de la política vernácula suele ser lento e ineficiente. Un consenso político que empodere a las autoridades locales, las organizaciones de la comunidad (sobre todo las no controladas por los partidos), el espacio local es un espacio de diversidades, allí conviven los principales interesados en la reconstrucción del terruño. Los liderazgos locales, distribuyen la carga del Estado, aceleran la respuesta en las zonas más afectadas y legitiman la presencia de las instituciones públicas en el territorio, fortaleciendo la soberanía interna frente a cualquier vacío de poder.

Un consenso por la vigilancia, la transparencia y el uso eficiente de los recursos.

El control social de la ejecución de presupuestos garantiza transparencia. Transparencia, a diferencia de la tradicional opacidad en el manejo de fondos de ayuda humanitaria, usadas por diversos sectores de la vida política venezolana, permite que el dinero alcance para más y mejores obras. Que algunos fondos sean administrados por organizaciones del Sistema de Naciones Unidas, genera cierta confianza. Pero aún esos deben ser controlados y auditable.

El país y sus circunstancias claman por centrar la atención en la reconstrucción física, del tejido social y económico, de la prosperidad perdida antes del terremoto y ahora devastada. El país clama por un pacto entre demócratas.

Habrá oportunidad para ampliar la agenda del consenso. Pero por ahora este sería un buen comienzo. 

Tomado de El Universal / Caracas.

*Diputado a la Asamblea Nacional.