Colombia se encamina hacia la ultraderecha, y Brasil podría
hacer lo mismo. Uruguay sobrevive como el único oasis progresista en la
subregión de las Américas.
Si los resultados de Colombia del 31 de mayo se confirman en
segunda vuelta el 21 de junio, y si Flavio Bolsonaro derrota a Lula
da Silva en Brasil en octubre, Uruguay quedará como el único gobierno de
izquierda en toda América del Sur.
El Frente Amplio de Yamandú Orsi, que recuperó el poder en
marzo de 2025, pasaría de integrar un bloque regional a convertirse en
una excepción geográfica en un subcontinente que lleva dos años
inclinándose no hacia la derecha clásica como la conocemos, sino hacia
la ultraderecha, sin matices.
Hasta este año, Brasil, Colombia y Uruguay conformaban el último núcleo de gobiernos de centroizquierda en América del Sur. Argentina giró a Javier Milei en 2023. Chile eligió al ultraderechista José Antonio Kast en diciembre de 2025.
Bolivia dejó atrás casi veinte años de hegemonía del
Movimiento al Socialismo en agosto de 2025 y votó al derechista Rodrigo
Paz Pereira. Ecuador, Paraguay y Perú ya gobiernan bajo el mismo signo
conservador, cada uno con sus particularidades. Lo que quedaba en pie era ese
triángulo de tres países. Ahora dos de los tres están en disputa electoral
simultánea.
Colombia votó: De la Espriella lidera con una cifra histórica
El 31 de mayo de 2026, el abogado y candidato de
ultraderecha Abelardo de la Espriella obtuvo 10,3 millones de votos
en la primera vuelta presidencial de Colombia, equivalentes al 43,72% del
total.
Según medios colombianos, esa cifra es la mayor
registrada por un candidato en primera ronda en la historia electoral del
país. Su rival en el balotaje del 21 de junio será el senador
izquierdista Iván Cepeda, del Pacto Histórico, con 40,88% de los
sufragios. La diferencia entre ambos supera los 670.000 votos.
Cepeda es el heredero político del presidente saliente,
Gustavo Petro, quien ha desgastado a la población con un discurso en donde
él se mostraba contra el mundo, y el mundo contra él, en una versión muy
personal de la batalla cultural que le dejó poco rédito político. Eso se
ha convertido en un lastre para el propio Cepeda.
De la Espriella, apodado «El Tigre «, es un abogado penalista
conocido por defender a figuras controvertidas como Álex Saab. El candidato
abandonó su residencia en Florencia, Italia, donde vivía desde 2024, para
lanzarse a la carrera presidencial.
Su campaña, financiada con su propia fortuna, combinó
promesas de mano dura contra la delincuencia con un discurso de corte
patriótico y religioso que la revista Semana describió como «totalmente
polarizado» respecto al petrismo. Es admirador de Donald Trump, de Milei, de
Bukele y de otras figuras de la ultraderecha global.
El presidente Gustavo Petro no pudo postularse. La
Constitución colombiana prohíbe la reelección desde la reforma de 2015. Si De
la Espriella gana el balotaje, Colombia dejará de ser gobierno de izquierda.
Brasil: el apellido Bolsonaro vuelve a la carrera
En el mayor país de América del Sur, el escenario es
igualmente incierto para la izquierda. El expresidente Jair Bolsonaro,
condenado por el Tribunal Supremo por intento de golpe de Estado tras su
derrota electoral en 2022 y con sus derechos políticos suspendidos
hasta 2030, tomó una decisión indebatible.
Designó en diciembre de 2025 a su hijo mayor, el
senador Flavio Bolsonaro, como candidato del Partido Liberal para las
elecciones del 4 de octubre de 2026. El objetivo declarado es enfrentar al
presidente Lula da Silva, quien busca un cuarto mandato no consecutivo.
Flavio recibió la encomienda en una carta manuscrita en la
que su padre lo describió como «la misión de continuar nuestro proyecto
nacional.» El Partido Liberal ratificó formalmente esa candidatura al día
siguiente, como si la palabra de Bolsonaro padre fuera sagrada e
incuestionable. Y sí, no la cuestionaron.
A diferencia del exmandatario, Flavio presenta un perfil
menos confrontativo, lo que podría atraerle votos moderados, pero también
diluir el fervor del bolsonarismo más duro.
La soledad de Orsi
Si ambos escenarios se cumplen, el Uruguay de Yamandú
Orsi quedaría como el único gobierno de izquierda en los doce países
independientes de América del Sur. No es una posición simbólica menor:
implicaría el fin de cualquier bloque regional progresista con peso geopolítico
en el subcontinente, y el aislamiento de un modelo de Estado que
históricamente buscó articularse con gobiernos afines en Argentina, Brasil
y Bolivia.
El politólogo Daniel Zovatto, citado por Diálogo Político en
diciembre de 2025, identificó tres factores que explican el ciclo conservador:
«la gestión de los gobiernos, la capacidad de la oposición para percibirse como
una alternativa real y los cambios en las agendas ciudadanas, que hoy priorizan
la agenda conservadora.»
Sobre la izquierda, fue directo: «La socialdemocracia y los
sectores identificados con el progresismo han perdido capacidad de movilización
y de seducción, especialmente entre los sectores populares.»
Uruguay tiene argumentos propios para resistir esa tendencia:
baja corrupción estructural, alternancia democrática consolidada, y un Estado
de bienestar que el Frente Amplio reforzó en sus tres gobiernos anteriores.
Pero esos argumentos no operan en el vacío regional. Si el mapa sudamericano
termina siendo once países conservadores contra uno, el Frente Amplio gobernará
en condiciones de aislamiento que no tiene precedente en su historia desde su
fundación en 1971.
La segunda vuelta colombiana del 21 de junio y las elecciones
brasileñas del 4 de octubre definirán si ese escenario se convierte en
realidad.
La Red 21 / Uruguay. Foto:
Presidencia de Uruguay.