El Papa criticó a Europa porque "no se puede
hablar de dignidad y dejar que los mares sean cementerios". De esta
manera, alude a los inmigrantes que tratan de llegar desde África aun a riesgo
de morir en el intento.
León
XIV se desplazó desde Barcelona hasta las islas atlánticas españolas
de las Canarias, donde el drama migratorio es muy patente: hasta allí llegan
miles de inmigrantes que todos los años se
juegan la vida en travesías marítimas inciertas para alcanzar
territorio europeo.
Precisamente, el muelle de Arguineguín, en Gran Canaria, fue
conocido en 2020 como "puerto de la vergüenza", puesto que se
hacinaron más de 2.300 inmigrantes durante varios días. Por ello, el drama
migratorio "debe convertirse en examen de conciencia", dijo el
Pontífice.
Llamada de atención a las autoridades
El Papa espera, según su durísima alocución, que la voz de los dramáticos testimonios de inmigración que escuchó en Arguineguín lleguen "a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas" sobre esta cuestión. "Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?", subrayó.
Por eso, afeó
que Europa "no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse
a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas". La
indignación de León XIV resonó a solo 24 horas de que entre en vigor el Pacto
Europeo de Migración y Asilo, que consagra el principio de retención en
frontera y permite a los países liberarse de acoger la cuota de refugiados que
les corresponde para ayudar a los países receptores si abonan 20.000 euros por
persona.
Reproches a la comunidad internacional
También exhortó a los países de origen de los inmigrantes a
crear "condiciones de paz, justicia y desarrollo", y a los de
tránsito les pidió "proteger y no dejar a los débiles en manos de redes
criminales". Y demandó "una cooperación eficaz y perseverante"
de toda la comunidad internacional.
León XIV también subrayó que "la dignidad humana exige
vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los
traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e
integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su
propia tierra".
"Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la
vida es amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar -sintetizó-:
el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin
persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la
corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de
los niños".
"No basta gestionar llegadas, distribuir cifras,
reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido",
reprochó León XIV a toda la comunidad internacional
La voz de la Iglesia
En este drama, aseguró el pontífice, "la Iglesia no
puede permanecer muda ante quienes son abandonados" en el mar.
Y se preguntó "si hemos sabido reconocer a Cristo en
quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después
del desierto, de la noche y del mar". "La acogida del migrante
no puede ser algo secundario ni delegado únicamente a algunos
voluntarios". "No podemos pasar de largo ante los cayucos y las
pateras", resaltó. ms (efe/afp)
Tomado de DW / Alemania. Imagen: Yara
Nardi/REUTERS.