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24 junio, 2026

La batalla legal de una pareja de lesbianas negras de Botsuana marca un hito en África: “Nos queremos, y eso es lo único que importa”

 El País 

 La pareja, que se comprometió en 2024, reclama los mismos derechos que cualquier matrimonio heterosexual. El caso podría convertir al país en el segundo del continente en legalizar estas uniones después de Sudáfrica

Keletso Thobega

Gaborone (Botsuana). - Bonolo Selelo y Tsholofelo Kumile preparan los argumentos con los que defenderán, los próximos 14 y 15 de julio, ante seis jueces del Tribunal Superior de Botsuana que su matrimonio debe ser reconocido por la ley. Si los convencen, estas mujeres lesbianas habrán conseguido que su país se convierta en el segundo del continente ―tras Sudáfrica― en permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo. La pareja, que se conoció en 2022 y se comprometió en 2024, reclama los mismos derechos que cualquier matrimonio heterosexual.

En marzo, Selelo, de 41 años, y Kumile, de 39, se sentaron en la primera fila del Tribunal Superior de Botsuana, intercambiando sonrisas tiernas y dándose palmaditas tranquilizadoras en la mano. Era la vista inicial de un caso que podría sentar un precedente histórico en el país. Según organizaciones LGBTIQ+, ninguna pareja de lesbianas negras había impugnado una ley matrimonial en el continente, hasta que Selelo y Kumile presentaron su caso el pasado diciembre.

Clare Brown, asesora jurídica y de políticas de The PRIDE Centre, explica que “en toda África, las personas queer han llevado casos a los tribunales para reclamar sus derechos o para impugnar la criminalización de las relaciones íntimas entre personas del mismo sexo, que se remonta a la época colonial”. Pero destaca que este caso “es único por su valentía y ambición”. “Es el primero que conocemos desde Sudáfrica en el que una pareja litiga por su derecho a casarse; y la primera pareja de lesbianas negras en llevar un caso de este tipo en el continente”, celebra.

Esta batalla judicial se libra a la vez que otros países africanos retroceden en los derechos de las personas LGBTIQ+. A mediados de junio, la junta militar de Níger introdujo un nuevo código penal que criminaliza la homosexualidad con penas de cinco a diez años de prisión. A finales de mayo, el Parlamento ghanés aprobó un proyecto de ley que prevé hasta tres años de cárcel para quienes se identifiquen como lesbianas, gais, bisexuales, transgénero o queer. Este año, Senegal también endureció los castigos a la homosexualidad.

A pesar de que aproximadamente la mitad de los 54 países de África han legalizado las relaciones consentidas entre parejas del mismo sexo, Sudáfrica sigue siendo el único país del continente donde se puede celebrar legalmente un matrimonio homosexual. Ese precedente se originó en 2005, cuando una pareja de mujeres blancas demandó al Gobierno por el derecho a casarse.

Es el primer caso que conocemos desde Sudáfrica en el que una pareja litiga por su derecho a casarse; y la primera pareja de lesbianas negras en llevar un caso de este tipo en el continente

Clare Brown, asesora jurídica y de políticas de The PRIDE Centre

El proceso que ahora han iniciado Selelo y Kumile ha levantado resistencias en el Gobierno, que ha sostenido que jurídicamente no es posible reconocer un matrimonio entre personas del mismo sexo y que no permitirlos no viola derechos constitucionales. También ha habido oposición por parte de grupos religiosos y conservadores. El día de la vista inicial, fuera del juzgado, unos 100 manifestantes llevaban pancartas en las que afirmaban que el matrimonio entre personas del mismo sexo es anticristiano y contrario a la cultura tradicional del país.

“Creemos que los matrimonios entre personas del mismo sexo socavan las normas culturales, los valores familiares y el marco tradicional que rige la vida en Botsuana”, afirmó ese día el pastor David Seithamo, presidente de la Fraternidad Evangélica de Botsuana. El grupo presentó un escrito de amicus curiae —un documento en el que terceros ajenos al litigio exponen su opinión al juez— en contra del caso.

Una cuestión de derechos

Kumile defendió la posición de la pareja en una rueda de prensa previa a las vistas de marzo: “Todos los ciudadanos de Botsuana merecen que sus libertades personales sean respetadas y protegidas por la ley”. Ante ella se congregaban manifestantes contrarios al matrimonio igualitario, activistas LGBTIQ+ y curiosos.

La pareja se conoció en un evento cultural hace cuatro años y desde entonces no se ha separado. A finales de 2024 decidieron dar un paso más y se comprometieron. Sin embargo, cuando intentaron registrar su unión, tanto el comisario del distrito de Gaborone como el Ministerio de Trabajo y Asuntos Internos se lo negaron. Argumentaron que las parejas del mismo sexo no pueden casarse porque la ley de matrimonio de Botsuana se refiere explícitamente a los contrayentes como “marido” y “mujer”.

Selelo, abogada, decidió presentar ella misma la impugnación legal. “Mi prometida y yo queremos formar una familia de manera oficial a través del matrimonio. Queremos disfrutar de los mismos derechos, dignidad y reconocimiento que las parejas heterosexuales en Botsuana, en lo que respecta a la formalización de nuestro matrimonio”, se lee en su escrito presentado ante el tribunal.

Sin el reconocimiento legal, la pareja queda excluida de derechos básicos relacionados con la herencia o la toma de decisiones médicas, y la prohibición perpetúa el estigma contra las relaciones entre personas del mismo sexo, argumentaron.

Queremos disfrutar de los mismos derechos, dignidad y reconocimiento que las parejas heterosexuales en Botsuana

Bonolo Selelo, abogada

Las restrictivas leyes matrimoniales de Botsuana, un país sin litoral de unos 2,7 millones de habitantes situado en el sur de África, se remontan a su historia como colonia británica. Incluso después de obtener la independencia en 1966, se mantuvieron en vigor las leyes de la época colonial que calificaban estas relaciones de “antinaturales e inmorales”.

Las relaciones entre personas del mismo sexo se castigaban con hasta siete años de prisión hasta 2019, cuando un estudiante gay de Derecho impugnó con éxito el código penal británico ante el Tribunal Superior. El fallo dictaminó que criminalizar estos vínculos constituía una violación de “la intimidad, la libertad y la no discriminación”. La decisión fue confirmada por un tribunal de apelación en 2021, tras ser impugnada por el Gobierno. Y en mayo de este año, se eliminaron formalmente los artículos que penalizaban a las personas LGBTIQ+.

Pese a estos avances judiciales, la legalización del matrimonio igualitario supondría un paso decisivo. Aunque la sociedad botsuana es mayoritariamente cristiana, también se rige por el concepto de Bothoun principio que aboga por la dignidad y el respeto hacia todos los seres humanos. Activistas LGBTIQ+ apelan a este valor para respaldar la igualdad matrimonial.

"Botho no discrimina ni odia a quienes son diferentes a ti, sino que acepta la diversidad, lo que contribuye al desarrollo de la sociedad en su conjunto", afirma Bradley Fortuin, director de programas del Southern Africa Litigation Centre, que ha prestado asesoramiento legal tanto en la batalla por la descriminalización como en la actual sobre la legalización del matrimonio gay.

“Uno pensaría que, una vez que un país despenaliza las relaciones entre personas del mismo sexo y los tribunales comienzan a mostrarse progresistas, todo el mundo se da la mano y canta Kumbayá [un himno afroamericano de los derechos civiles]“, agrega Fortuin. “Sí, Botsuana ha logrado avances legales reales, pero no se han traducido en seguridad o aceptación en la vida cotidiana”.

Un estudio de 2018 reveló que el 42% de las personas homosexuales en Botsuana y otros países del sur de África afirmaban haber sufrido violencia física. En 2025, un joven fue golpeado y quemado hasta la muerte en lo que se sospecha que fue un delito de odio en Maun, una localidad del noroeste del país.

Quienes se oponen al matrimonio igualitario suelen calificarlo de “poco africano”, aunque, según Nozisiwe Ntesang, directora de Lesbians, Gays and Bisexuals in Botswana, eso ignora las diversas identidades de género preexistentes al colonialismo.

“Lo que podría considerarse ajeno son las leyes que penalizan estas identidades; por lo tanto, la igualdad matrimonial forma parte de un proyecto más amplio de recuperación de la dignidad, la pluralidad y la humanidad africanas”, afirma Ntesang.

Acoso en línea

“No odiamos a las parejas del mismo sexo, pero estamos en contra de su estilo de vida porque es opuesto a nuestra cultura. Creemos en la familia y una familia la forman un hombre y una mujer”, afirma Grace Silver, portavoz de la Asociación Dingwetsi, una organización local sin ánimo de lucro que promueve los valores tradicionales del matrimonio.

En la vista celebrada en marzo, miembros del grupo acudieron con pañuelos tradicionales sobre los hombros y la cabeza y corearon consignas contra el matrimonio entre personas del mismo sexo.

“Las personas LGBTIQ+ siguen enfrentándose a múltiples niveles de exclusión, discurso de odio y violaciones de sus derechos. El acoso en línea está muy extendido, y las escasas leyes existentes tienen importantes lagunas legislativas”, advierte Fortuin.

Aun así, el país parece estar volviéndose más progresista. Una encuesta de Afrobarometer indica que los sectores de la población más jóvenes y con mayor nivel educativo de Botsuana son más tolerantes con las relaciones entre personas del mismo sexo, aunque más de la mitad de los encuestados en el país afirmaron que no querrían trabajar o practicar su culto con una persona gay.

La próxima gran prueba llegará en julio. Después de la vista, Selelo y Kumile tendrán que esperar unas semanas para recibir el fallo. Mientras tanto, se aferran a una certeza sencilla: “Nos queremos, y eso es lo único que importa. Casarnos es, simplemente, una forma de hacerlo visible”.

Este artículo se publica en colaboración con Egab, una plataforma que trabaja con periodistas de Oriente Próximo y África.

Tomado de El País / España. / Foto de AP.