Keletso Thobega
Gaborone (Botsuana). - Bonolo Selelo y Tsholofelo Kumile
preparan los argumentos con los que defenderán, los próximos 14 y 15 de julio,
ante seis jueces del Tribunal Superior de Botsuana que su matrimonio debe ser
reconocido por la ley. Si los convencen, estas mujeres lesbianas habrán
conseguido que su país se convierta en el segundo del continente ―tras
Sudáfrica― en permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo. La pareja,
que se conoció en 2022 y se comprometió en 2024, reclama los mismos derechos
que cualquier matrimonio heterosexual.
En marzo, Selelo, de 41 años, y Kumile, de 39, se sentaron en
la primera fila del Tribunal Superior de Botsuana, intercambiando sonrisas
tiernas y dándose palmaditas tranquilizadoras en la mano. Era la vista inicial
de un caso que podría sentar un precedente histórico en el país. Según
organizaciones LGBTIQ+, ninguna pareja de lesbianas negras había impugnado una
ley matrimonial en el continente, hasta que Selelo y Kumile presentaron su caso
el pasado diciembre.
Clare Brown, asesora jurídica y de políticas de The PRIDE Centre, explica que “en toda África, las personas queer han llevado casos a los tribunales para reclamar sus derechos o para impugnar la criminalización de las relaciones íntimas entre personas del mismo sexo, que se remonta a la época colonial”. Pero destaca que este caso “es único por su valentía y ambición”. “Es el primero que conocemos desde Sudáfrica en el que una pareja litiga por su derecho a casarse; y la primera pareja de lesbianas negras en llevar un caso de este tipo en el continente”, celebra.
Esta batalla judicial se libra a la vez que otros
países africanos retroceden en los derechos de las personas LGBTIQ+. A
mediados de junio, la junta militar de Níger introdujo un
nuevo código penal que criminaliza la homosexualidad con penas de
cinco a diez años de prisión. A finales de mayo, el
Parlamento ghanés aprobó un proyecto de ley que prevé hasta tres años de cárcel para
quienes se identifiquen como lesbianas, gais, bisexuales, transgénero o queer.
Este año, Senegal
también endureció los castigos a la homosexualidad.
A pesar de que aproximadamente la mitad de los 54 países de
África han legalizado las relaciones consentidas entre parejas del mismo sexo, Sudáfrica sigue
siendo el único país del continente donde se puede celebrar legalmente un
matrimonio homosexual. Ese precedente se originó en
2005, cuando una pareja de mujeres blancas demandó al Gobierno por el
derecho a casarse.
Es el primer caso que conocemos desde Sudáfrica en el que una
pareja litiga por su derecho a casarse; y la primera pareja de lesbianas negras
en llevar un caso de este tipo en el continente
Clare Brown, asesora jurídica y de políticas de The
PRIDE Centre
El proceso que ahora han iniciado Selelo y Kumile ha
levantado resistencias en el Gobierno, que ha sostenido que jurídicamente
no es posible reconocer un matrimonio entre personas del mismo sexo y que no
permitirlos no viola derechos constitucionales. También ha habido oposición por
parte de grupos religiosos y conservadores. El día de la vista inicial, fuera
del juzgado, unos 100 manifestantes llevaban pancartas en
las que afirmaban que el matrimonio entre personas del mismo sexo es
anticristiano y contrario a la cultura tradicional del país.
“Creemos que los matrimonios entre personas del mismo sexo
socavan las normas culturales, los valores familiares y el marco tradicional
que rige la vida en Botsuana”, afirmó ese día el
pastor David Seithamo, presidente de la Fraternidad Evangélica de Botsuana.
El grupo presentó un escrito de amicus curiae —un documento en
el que terceros ajenos al litigio exponen su opinión al juez— en contra del
caso.
Una cuestión de derechos
Kumile defendió la posición de la pareja en una rueda de
prensa previa a las vistas de marzo: “Todos los ciudadanos de Botsuana merecen
que sus libertades personales sean respetadas y protegidas por la ley”. Ante
ella se congregaban manifestantes contrarios al matrimonio igualitario,
activistas LGBTIQ+ y curiosos.
La pareja se conoció en un evento cultural hace cuatro años y
desde entonces no se ha separado. A finales de 2024 decidieron dar un paso más
y se comprometieron. Sin embargo, cuando intentaron registrar su unión, tanto
el comisario del distrito de Gaborone como el Ministerio de Trabajo y Asuntos
Internos se lo negaron. Argumentaron que las parejas del mismo sexo no pueden
casarse porque la ley de matrimonio de Botsuana se refiere explícitamente a los
contrayentes como “marido” y “mujer”.
Selelo, abogada, decidió presentar ella misma la impugnación
legal. “Mi prometida y yo queremos formar una familia de manera oficial a
través del matrimonio. Queremos disfrutar de los mismos derechos, dignidad y
reconocimiento que las parejas heterosexuales en Botsuana, en lo que respecta a
la formalización de nuestro matrimonio”, se lee en su escrito presentado ante
el tribunal.
Sin el reconocimiento legal, la pareja queda excluida de
derechos básicos relacionados con la herencia o la toma de decisiones médicas,
y la prohibición perpetúa el estigma contra las relaciones entre personas del
mismo sexo, argumentaron.
Queremos disfrutar de los mismos derechos, dignidad y
reconocimiento que las parejas heterosexuales en Botsuana
Bonolo Selelo, abogada
Las restrictivas leyes matrimoniales de Botsuana, un país sin
litoral de unos 2,7 millones de habitantes situado en el sur de África, se
remontan a su historia como colonia británica. Incluso después de obtener la
independencia en
1966, se mantuvieron en vigor las leyes de la época colonial que
calificaban estas relaciones de “antinaturales e inmorales”.
Las relaciones entre personas del mismo sexo se castigaban
con hasta siete años de prisión hasta 2019, cuando un estudiante gay de Derecho
impugnó con éxito el código penal británico ante el Tribunal Superior. El
fallo dictaminó que
criminalizar estos vínculos constituía una violación de “la intimidad, la
libertad y la no discriminación”. La decisión fue confirmada por un tribunal de
apelación en
2021, tras ser impugnada por el Gobierno. Y en mayo de este año, se
eliminaron formalmente los artículos que penalizaban a las personas LGBTIQ+.
Pese a estos avances judiciales, la legalización del
matrimonio igualitario supondría un paso decisivo. Aunque la sociedad botsuana
es mayoritariamente cristiana, también se rige por el concepto
de Botho, un principio que aboga por la dignidad y
el respeto hacia todos los seres humanos. Activistas LGBTIQ+ apelan a este
valor para respaldar la igualdad matrimonial.
"Botho no discrimina ni odia a quienes son
diferentes a ti, sino que acepta la diversidad, lo que contribuye al desarrollo
de la sociedad en su conjunto", afirma Bradley Fortuin, director
de programas del Southern Africa Litigation Centre, que ha
prestado asesoramiento legal tanto en la batalla por la descriminalización como
en la actual sobre la legalización del matrimonio gay.
“Uno pensaría que, una vez que un país despenaliza las
relaciones entre personas del mismo sexo y los tribunales comienzan a mostrarse
progresistas, todo el mundo se da la mano y canta Kumbayá [un
himno afroamericano de los derechos civiles]“, agrega Fortuin. “Sí, Botsuana ha
logrado avances legales reales, pero no se han traducido en seguridad o
aceptación en la vida cotidiana”.
Un estudio
de 2018 reveló que el 42% de las personas homosexuales en Botsuana y
otros países del sur de África afirmaban haber sufrido violencia física. En
2025, un joven fue golpeado y quemado hasta la muerte en lo que se sospecha
que fue un delito de odio en Maun,
una localidad del noroeste del país.
Quienes se oponen al matrimonio igualitario suelen
calificarlo de “poco africano”, aunque, según Nozisiwe Ntesang, directora de
Lesbians, Gays and Bisexuals in Botswana, eso ignora las diversas identidades
de género preexistentes al colonialismo.
“Lo que podría considerarse ajeno son las leyes que penalizan
estas identidades; por lo tanto, la igualdad matrimonial forma parte de un
proyecto más amplio de recuperación de la dignidad, la pluralidad y la
humanidad africanas”, afirma Ntesang.
Acoso en línea
“No odiamos a las parejas del mismo sexo, pero estamos en
contra de su estilo de vida porque es opuesto a nuestra cultura. Creemos en la
familia y una familia la forman un hombre y una mujer”, afirma Grace
Silver, portavoz de la Asociación Dingwetsi, una organización local sin
ánimo de lucro que promueve los valores tradicionales del matrimonio.
En la vista celebrada en marzo, miembros del grupo acudieron
con pañuelos tradicionales sobre los hombros y la cabeza y corearon consignas
contra el matrimonio entre personas del mismo sexo.
“Las personas LGBTIQ+ siguen enfrentándose a múltiples
niveles de exclusión, discurso de odio y violaciones de sus derechos. El acoso
en línea está muy extendido, y las escasas leyes existentes tienen importantes
lagunas legislativas”, advierte Fortuin.
Aun así, el país parece estar volviéndose más progresista.
Una encuesta de Afrobarometer indica que
los sectores de la población más jóvenes y con mayor nivel educativo de
Botsuana son más tolerantes con las relaciones entre personas del mismo sexo,
aunque más de la mitad de los encuestados en el país afirmaron que no querrían
trabajar o practicar su culto con una persona gay.
La próxima gran prueba llegará en julio. Después de la vista,
Selelo y Kumile tendrán que esperar unas semanas para recibir el fallo.
Mientras tanto, se aferran a una certeza sencilla: “Nos queremos, y eso es lo
único que importa. Casarnos es, simplemente, una forma de hacerlo visible”.
Este artículo se publica en colaboración con Egab, una plataforma que trabaja con
periodistas de Oriente Próximo y África.
Tomado de El País / España. / Foto de AP.