Por Daniel Kersffeld / Opinión
Sin estridencias ni vocinglerías, el apoyo de Donald
Trump a Keiko
Fujimori se expresa de manera directa y enfática. Más allá de las
evidentes afinidades ideológicas, está claro que, frente a la creciente
presencia económica de China en América latina, Perú ocupa un lugar de gran
importancia en los planes y designios estratégicos de la derecha republicana.
En los Estados Unidos, el principal articulador del apoyo a
la candidata es Carlos Díaz-Rosillo, nacido en Miami, hijo de cubanos, y con un
extenso recorrido en la derecha de su país, primero como asesor adjunto del
Presidente, luego como director de Políticas y de Coordinación
Interinstitucional en la Casa Blanca y, finalmente, como subsecretario de
Defensa en Seguridad Internacional dentro del Pentágono.
Su experiencia y múltiples contactos lo convirtieron en un promotor clave en la aceitada articulación entre el mundo político, el académico y el empresarial, proyectándolo como una de las más relevantes figuras del trumpismo en el escenario latino de los Estados Unidos y, sobre todo, en las “usinas de pensamiento” que suelen dar contenido a las derechas y que suelen operar como unidades académicas cuando, mayormente, son laboratorios de propagación ideológica.
Desde 2020 Díaz-Rosillo ocupa un lugar central como fundador
y presidente del Adam Smith Center for Economic Freedom, un think tank de
creciente gravitación política, ubicado en Miami, enquistado dentro de la
estructura de la Universidad Internacional de la Florida y que, bajo la fachada
de un centro académico de excelencia prioriza, en cambio, la articulación
creciente entre partidos, organizaciones y dirigentes de la derecha regional.
El lugar ideal para formar, proteger y fortalecer a quien está a un paso de
convertirse en la futura mandataria de Perú.
Con apoyo del gobernador republicano Ron DeSantis, y sustento
financiero del estado de la Florida, Keiko Fujmori seguramente puede sentirse
cobijada por aquellas entidades que colaboran con el Centro Adam Smith,
principalmente, el Centro Republicano Internacional, ligado a la dirección
política del partido; la Red Atlas, conformada por institutos neoconservadores
esparcidos por todo el mundo y, especialmente, por la Heritage Foundation, el
centro de investigación que nutre los principales aspectos ideológicos y
programáticos de la administración de Donald Trump.
Si bien el gobierno de Florida ha tomado medidas para
eliminar el supuesto “adoctrinamiento” de izquierda en las instituciones de
educación superior de todo el Estado, el Centro Adam Smith mantiene sus
privilegios y, en cambio, impulsa una educación claramente ideologizada desde
una derecha neoliberal, conservadora y con claros rasgos populistas y
autoritarios.
Dentro del personal del Centro se encuentran algunas de
las figuras más destacadas de la derecha latinoamericana de los últimos años.
Se encuentran, por ejemplo, Iván Duque, el expresidente que atacó
duramente las protestas sociales producidas en Colombia en 2021; el
venezolano Juan Guaidó, el autodenominado “presidente interino” que
infructuosamente intentó desplazar del poder a Nicolás Maduro entre 2019 y
2023, ahora a cargo del “Laboratorio de Innovación para la Democracia”; así
como también María Paula Romo, aquella esperanza juvenil de la izquierda
ecuatoriana que devino en ministra del interior de Lenin Moreno y en la
principal responsable de la sangrienta represión a las protestas de 2019 y del
pésimo manejo estatal de la pandemia en 2020.
No son los únicos gurúes de la derechización latinoamericana.
Entre becarios “senior” y de “liderazgo”, investigadores y profesores, el
cuerpo académico del Centro está conformado por varios referentes de la derecha
de los últimos años que, seguramente, contribuyen a la formación ideológica de
Keiko, y que, gracias a las incontables experiencias y anécdotas, le advierten
a la todavía candidata sobre los riesgos de la democracia, las ventajas del
libre mercado y las amenazas latentes de las protestas sociales en las siempre
tambaleantes sociedades latinoamericanas.
Rindiendo culto a la figura de Adam Smith, aunque promoviendo
en todo momento un horizonte ideológico neoliberal, están los expresidentes de
México, Felipe Calderón y Vicente Fox; de Ecuador, Guillermo Lasso y
Lenin Moreno; de Colombia, Álvaro Uribe; y de Argentina, Mauricio
Macri, junto con el ex secretario general de la OEA Luis Almagro. Asimismo,
se encuentra la senadora argentina Patricia Bullrich, con un pasado político
variado aunque hoy referenciada en el partido oficialista de Javier Milei,
junto con el ultraderechista chileno Axel Kaiser, y con María Luisa Jayem,
exministra de Economía en el régimen del salvadoreño Nayib Bukele.
Pero una de las presencias más llamativas del Centro es,
sin duda, la de Jeanine Añez como “Becaria Senior de Liderazgo”. La ex
presidenta de facto boliviana quien, por acusaciones vinculadas al golpe de
Estado de 2019 contra Evo Morales, fue sentenciada a diez años de prisión, está
a cargo del seminario “Experiencia de un gobierno en contexto de ruptura democrática”
…
Más allá de sus seminarios y cursos, lo más destacado del
Centro Adam Smith son las galas, homenajes y entregas de premios, momentos en
los que se entremezclan líderes de la derecha global con políticos,
empresarios, periodistas y figuras del jet set, generalmente convocados por la
“defensa de la libertad” y por la “apertura económica”, y en ocasiones
especiales en las que, para poder asistir y formar parte del encuentro, el
precio de los cubiertos suma varios miles de dólares.
El fulgor de Miami ha relucido todavía más en aquellos
eventos en los que han brillado desde Donald Trump hasta Lionel Messi, y desde
Javier Milei a Mario Vargas Llosa. El impacto político es visible, con
reconocimientos al expresidente Rodrigo Chávez y a los mandatarios Luis
Abinader y Rodrigo Paz: a los dos primeros, por insertar a Costa Rica y a
República Dominicana dentro del espacio trumpeano del “Escudo de las Américas”,
en tanto que, al tercero, para blindarlo frente al fuerte asedio al que es sometido
por indígenas y campesinos contrarios a su proyecto neoliberal.
Aunque se recalca que los fondos públicos recibidos por el
Centro de ninguna manera son utilizados para las campañas políticas de los
candidatos la derecha en América latina, las dudas subsisten, más aún frente a
la presencia mediática de sus principales referentes académicos. Pocos días
atrás, el propio Díaz-Rosillo recibió críticas desde el círculo de apoyo
del candidato de izquierda Roberto Sánchez debido a su involucramiento directo
en la campaña de Keiko Fujimori, como si se tratara de un simple comentarista
externo de la contienda electoral en Perú.
Más allá de las críticas, resulta claro hoy que el Centro se
encuentra en una etapa de plena expansión, a tal punto que, en los últimos dos
años, se ha incrementado la rivalidad entre líderes y partidos por crear nuevas
filiales ya en territorio latinoamericano.
Si bien desde la dirección se desmintió que estaba todo
encaminado para crear una base en Montevideo, las intenciones son firmes para
quienes aseguran que otras capitales con posibilidades reales son Buenos Aires
y Santo Domingo. Sin embargo, y debido a la evidente cercanía entre Carlos
Díaz-Rosillo y la candidata de Fuerza Popular, no sería extraño que la avanzada
regional surja directamente desde Lima, una vez que la hija del dictador se
oficialice como presidenta.
Las expectativas no son menores para quienes buscan frenar la
expansión de China en Sudamérica. Un objetivo difícil, casi imposible, sobre
todo si se toman en cuenta los intereses y las motivaciones de la clase
empresarial peruana que, si por un lado busca abrazar a Keiko como personera de
Washington, por el otro está más pendiente de cualquier nueva iniciativa
surgida desde Beijing.
Tomado de Página 12 / Argentina. Imagen de AFP.
