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05 junio, 2026

Itamar Ben-Gvir: la ultraderecha de la ultraderecha

 Por Daniel Kersffeld / Opinión

Las imágenes eran bizarras, y transmitían emociones que iban desde la tristeza y la estupefacción a la indignación y el reclamo a viva voz. Mientras una multitud de cuerpos yacía inmovilizada en el suelo, el ministro de Seguridad, el más poderoso del gabinete, se desplazaba entre ellos, en una ceremonia de autocelebración, pero, más aún, como un claro gesto de advertencia frente a quienes osaran cuestionar su poder. Ya sea dentro o fuera de Israel.

La detención arbitraria de la Flotilla Global Sumud el pasado 18 de mayo, y el violento arresto de un amplio número de activistas propalestinos, sometidos luego a malos tratos y abusos en Israel, revelaron que Itamar Ben-Gvir está dispuesto a cruzar todos los límites y todas las líneas rojas.

Su objetivo más cercano sería el de relevar a Benjamin Netanyahu si es que el viejo dirigente del Likud, de 76 años, ya no fuera reelecto al frente del gobierno o si, de manera por ahora improbable, decidiera poner fin a su extensa carrera política en medio de los apremios judiciales en los que se encuentra atrapado. Por ahora, y al parecer, Ben-Gvir se conformaría con convertirse en la nueva estrella en el firmamento de la ultraderecha global.

El ascenso al poder del dirigente no podría explicarse sin tomar en cuenta el fuerte proceso de derechización del electorado israelí en estas últimas dos décadas, al calor de la guerra sin fin con la población palestina y, sobre todo, desde el ataque terrorista de Hamas del 7 de octubre de 2023.

Nacido en 1976 y descendiente de una familia judía de origen iraquí y kurda, como muchos dirigentes ultranacionalistas de su generación, Ben-Gvir fue influenciado por el surgimiento del levantamiento palestino (“Intifada”) iniciado en 1987 y, sobre todo, por la Masacre de Hebrón, en 1994, en la que el fanático religioso Baruch Goldstein disparó indiscriminadamente hacia el interior de la Mezquita de Ibrahim, asesinando a 29 musulmanes e hiriendo a más de 125.

Para ese entonces, Ben-Gvir, todavía estudiante de abogacía, ya comenzaba a destacarse como un agitador de extrema derecha. Como miembro activo de la corriente ultranacionalista liderada por el rabino Meir Kahane, Ben-Gvir se formó políticamente dentro del partido Kach, descalificado para las elecciones parlamentarias en 1988, ilegalizado en Israel en 1994 después de la Masacre de Hebrón y caracterizado como organización terrorista en los Estados Unidos en 1997. La doctrina ideológica del futuro ministro, basada en el apoyo a la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania, en el rechazo a la creación de un Estado palestino y en su oposición al otorgamiento de derechos civiles al pueblo palestino, apenas se modificó desde entonces.

Opositor a los Acuerdos de Oslo de 1993, en los que los gobiernos de Israel y Palestina alcanzaron un primer y precario compromiso por la paz, Ben-Gvir celebró el asesinato del primer ministro Itzhak Rabin en 1995 a manos de Yigal Amir, el estudiante ultranacionalista que todavía purga una condena de prisión perpetua en una cárcel israelí.

Por ese entonces, el futuro ministro de seguridad no solo comenzaba a destacarse como abogado de los colonos extremistas que ocupaban tierras palestinas, sino que además adquiría notoriedad como un incipiente y marginal político que, infructuosamente, buscaba el indulto para Amir y que exhibía orgulloso una foto enmarcada de Baruch Goldstein en su domicilio en Hebrón.

Su creciente protagonismo en Otzma Yehudit (“Poder Judío”), un minoritario partido sionista y religioso fundado en 2012, le proporcionó a Ben-Gvir la vidriera política que tanto ambicionaba.

Como ocurrió con otros dirigentes de la ultraderecha global, como Javier Milei en Argentina y Jair Bolsonaro en Brasil, en menos de una década Ben-Gvir se transformaría en el personaje fundamental de la política local, a tal punto que si en febrero de 2021, Netanyahu declaraba que el ultranacionalista “no era apto” para ejercer como ministro, en las elecciones de noviembre de 2022, su opinión cambió repentinamente, designándolo desde entonces como miembro de su gabinete.

En el medio, un acuerdo político con fuerzas de extrema derecha le permitió a Netanyahu construir una nueva, aunque débil mayoría y, de ese modo, retornar al gobierno por tercera ocasión.

Bajo el Ministerio de Seguridad Nacional, creado especialmente para él, y junto con su socio político, Bezalel Smotrich, actual ministro de Finanzas y líder del Partido Sionista Religioso, Ben-Gvir articuló un bloque de poder de ultraderecha que ha acompañado y, al mismo tiempo, ha condicionado todas las iniciativas llevadas adelante por el Primer Ministro.

La guerra en Gaza, desde el atentado terrorista de Hamas del 7 de octubre de 2023, dejó en claro que Ben-Gvir es el ministro de las posturas más extremas y hostiles contra la población palestina. Al mismo tiempo, es uno de los menos interesados en negociarlas, amenazando con abandonar el gobierno y provocar su disolución frente a cualquier posibilidad de negociación por la paz. Por lo mismo, se ha convertido en uno de los principales impulsores de las actuales guerras con Irán y con el Líbano, en las que se conjugan disputas políticas con conflictos étnicos y religiosos.

Desafiante y provocador, Ben-Gvir ha estado en boca de todos los gobiernos recientemente. Logró lo que hasta ahora nadie había conseguido: una condena unánime por parte de mandatarios de izquierda, liberales y conservadores. Insólita e inesperadamente, también fue criticado por una ultraderecha consternada por el maltrato a los activistas de la Flotilla Global Sumud.

Representantes de los gobiernos de Francia, Reino Unido, Italia, Canadá, Alemania, Países Bajos, España, Polonia, Grecia, Irlanda, Australia y Nueva Zelanda plantearon sus críticas, y algunos de ellos incluso convocaron a sus respectivos embajadores en Israel para una censura formal.

Si bien describió a los activistas de la flotilla como “simpatizantes terroristas de Hamas”, la oficina de Netanyahu declaró que la maniobra del ministro de Seguridad “no se ajustaba a los valores y normas de Israel”. El ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Sa’ar, también expresó sus críticas a nivel personal, afirmando en una publicación reciente que “Usted no representa a Israel”.

Hasta la administración de Donald Trump expresó su condena cuando el embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, reprochó las “despreciables acciones” y afirmó que Ben-Gvir había “traicionado la dignidad de su nación”.

Pese a la fuerte condena internacional (o tal vez, gracias a ella), el dirigente de ultraderecha parece disfrutar de su momento de gloria, mientras calcula sus próximos pasos políticos en función de las elecciones parlamentarias que tendrán lugar en Israel, a más tardar, a fines de octubre de este año.

Al menos por ahora, parecería no preocuparle ser señalado por otros referentes de ultraderecha que, por fines electorales o por simple pragmatismo, se aprovechan de sus controvertidas acciones para querer diferenciarse, en el falaz juego político de “él es mucho peor que yo”. La popularidad, para ser absoluta, no contempla reparos ni límites de ningún tipo...

De lo que no caben dudas es de que la oscura carrera y las denostables acciones políticas del ministro son el mejor aliciente para los antisemitas desenfrenados y para los críticos declarados de la simple existencia del Estado de Israel. En todo caso, no serán pocos los que asuman que, al contrario de lo expresado por el canciller Sa’ar, hoy Ben-Gvir, tristemente, sí representa a Israel.

Tomado de Página 12 / Argentina. Imagen de EFE.