Las
imágenes eran bizarras, y transmitían emociones que iban desde la
tristeza y la estupefacción a la indignación y el reclamo a viva voz. Mientras
una multitud de cuerpos yacía inmovilizada en el suelo, el ministro de
Seguridad, el más poderoso del gabinete, se desplazaba entre ellos, en una
ceremonia de autocelebración, pero, más aún, como un claro gesto de advertencia
frente a quienes osaran cuestionar su poder. Ya sea dentro o fuera de Israel.
La detención arbitraria de la Flotilla Global Sumud el pasado
18 de mayo, y el violento arresto de un amplio número de activistas
propalestinos, sometidos luego a malos tratos y abusos en Israel, revelaron que
Itamar Ben-Gvir está dispuesto a cruzar todos los límites y todas las líneas
rojas.
Su objetivo más cercano sería el de relevar a Benjamin
Netanyahu si es que el viejo dirigente del Likud, de 76 años, ya no fuera
reelecto al frente del gobierno o si, de manera por ahora improbable, decidiera
poner fin a su extensa carrera política en medio de los apremios judiciales en
los que se encuentra atrapado. Por ahora, y al parecer, Ben-Gvir se
conformaría con convertirse en la nueva estrella en el firmamento de la
ultraderecha global.
El ascenso al poder del dirigente no podría explicarse sin tomar en cuenta el fuerte proceso de derechización del electorado israelí en estas últimas dos décadas, al calor de la guerra sin fin con la población palestina y, sobre todo, desde el ataque terrorista de Hamas del 7 de octubre de 2023.
Nacido en 1976 y descendiente de una familia judía de origen
iraquí y kurda, como muchos dirigentes ultranacionalistas de su
generación, Ben-Gvir fue influenciado por el surgimiento del levantamiento
palestino (“Intifada”) iniciado en 1987 y, sobre todo, por la Masacre de
Hebrón, en 1994, en la que el fanático religioso Baruch Goldstein disparó
indiscriminadamente hacia el interior de la Mezquita de Ibrahim, asesinando a
29 musulmanes e hiriendo a más de 125.
Para ese entonces, Ben-Gvir, todavía estudiante de
abogacía, ya comenzaba a destacarse como un agitador de extrema
derecha. Como miembro activo de la corriente ultranacionalista liderada
por el rabino Meir Kahane, Ben-Gvir se formó políticamente dentro del
partido Kach, descalificado para las elecciones parlamentarias en 1988,
ilegalizado en Israel en 1994 después de la Masacre de
Hebrón y caracterizado como organización terrorista en los Estados
Unidos en 1997. La doctrina ideológica del futuro ministro, basada en el
apoyo a la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania, en el
rechazo a la creación de un Estado palestino y en su oposición al otorgamiento
de derechos civiles al pueblo palestino, apenas se modificó desde entonces.
Opositor a los Acuerdos de Oslo de 1993, en los que los
gobiernos de Israel y Palestina alcanzaron un primer y precario compromiso por
la paz, Ben-Gvir celebró el asesinato del primer ministro Itzhak
Rabin en 1995 a manos de Yigal Amir, el estudiante ultranacionalista que
todavía purga una condena de prisión perpetua en una cárcel israelí.
Por ese entonces, el futuro ministro de seguridad no solo
comenzaba a destacarse como abogado de los colonos extremistas que ocupaban
tierras palestinas, sino que además adquiría notoriedad como un incipiente y
marginal político que, infructuosamente, buscaba el indulto para Amir y que
exhibía orgulloso una foto enmarcada de Baruch Goldstein en su domicilio en
Hebrón.
Su creciente protagonismo en Otzma Yehudit (“Poder Judío”),
un minoritario partido sionista y religioso fundado en 2012, le proporcionó a
Ben-Gvir la vidriera política que tanto ambicionaba.
Como ocurrió con otros dirigentes de la ultraderecha global,
como Javier Milei en Argentina y Jair Bolsonaro en Brasil, en menos de una
década Ben-Gvir se transformaría en el personaje fundamental de la política
local, a tal punto que si en febrero de 2021, Netanyahu declaraba que el
ultranacionalista “no era apto” para ejercer como ministro, en las elecciones
de noviembre de 2022, su opinión cambió repentinamente, designándolo desde
entonces como miembro de su gabinete.
En el medio, un acuerdo político con fuerzas de extrema
derecha le permitió a Netanyahu construir una nueva, aunque débil mayoría y, de
ese modo, retornar al gobierno por tercera ocasión.
Bajo el Ministerio de Seguridad Nacional, creado
especialmente para él, y junto con su socio político, Bezalel Smotrich, actual
ministro de Finanzas y líder del Partido Sionista Religioso, Ben-Gvir articuló
un bloque de poder de ultraderecha que ha acompañado y, al mismo tiempo, ha
condicionado todas las iniciativas llevadas adelante por el Primer Ministro.
La guerra en Gaza, desde el atentado terrorista de Hamas del
7 de octubre de 2023, dejó en claro que Ben-Gvir es el ministro de las posturas
más extremas y hostiles contra la población palestina. Al mismo tiempo, es uno
de los menos interesados en negociarlas, amenazando con abandonar el gobierno y
provocar su disolución frente a cualquier posibilidad de negociación por la
paz. Por lo mismo, se ha convertido en uno de los principales impulsores de las
actuales guerras con Irán y con el Líbano, en las que se conjugan disputas
políticas con conflictos étnicos y religiosos.
Desafiante y provocador, Ben-Gvir ha estado en boca de todos
los gobiernos recientemente. Logró lo que hasta ahora nadie había
conseguido: una condena unánime por parte de mandatarios de izquierda,
liberales y conservadores. Insólita e inesperadamente, también fue
criticado por una ultraderecha consternada por el maltrato a los activistas de
la Flotilla Global Sumud.
Representantes de los gobiernos de Francia, Reino Unido,
Italia, Canadá, Alemania, Países Bajos, España, Polonia, Grecia, Irlanda,
Australia y Nueva Zelanda plantearon sus críticas, y algunos de ellos incluso
convocaron a sus respectivos embajadores en Israel para una censura formal.
Si bien describió a los activistas de la flotilla como
“simpatizantes terroristas de Hamas”, la oficina de Netanyahu declaró que
la maniobra del ministro de Seguridad “no se ajustaba a los valores y normas de
Israel”. El ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Sa’ar, también expresó
sus críticas a nivel personal, afirmando en una publicación reciente que “Usted
no representa a Israel”.
Hasta la administración de Donald Trump expresó su condena
cuando el embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, reprochó
las “despreciables acciones” y afirmó que Ben-Gvir había “traicionado la
dignidad de su nación”.
Pese a la fuerte condena internacional (o tal vez, gracias a
ella), el dirigente de ultraderecha parece disfrutar de su momento de gloria,
mientras calcula sus próximos pasos políticos en función de las elecciones
parlamentarias que tendrán lugar en Israel, a más tardar, a fines de octubre de
este año.
Al menos por ahora, parecería no preocuparle ser señalado por
otros referentes de ultraderecha que, por fines electorales o por simple
pragmatismo, se aprovechan de sus controvertidas acciones para querer
diferenciarse, en el falaz juego político de “él es mucho peor que yo”. La
popularidad, para ser absoluta, no contempla reparos ni límites de ningún
tipo...
De lo que no caben dudas es de que la oscura carrera y las
denostables acciones políticas del ministro son el mejor aliciente para los
antisemitas desenfrenados y para los críticos declarados de la simple
existencia del Estado de Israel. En todo caso, no serán pocos los que asuman
que, al contrario de lo expresado por el canciller Sa’ar, hoy Ben-Gvir,
tristemente, sí representa a Israel.
Tomado de Página 12 / Argentina. Imagen de EFE.