- Ambos
contendientes, por izquierda o por derecha, moldearon sus discursos para
apuntar al centro político y hacia el territorio de sus propios rivales.
- También
al inmenso océano de indecisos que son determinantes. Los especialistas
señalan que no es nada claro quién ganará este domingo.
Lima, enviado especial. Con la segunda vuelta definitoria el
domingo ya encima, los dos candidatos a la presidencia de Perú intentan este
jueves en el último round ganar votantes del campo contrario y del enorme
espacio de indecisos.
Las encuestas señalan una igualdad persistente entre la líder
derechista, Keiko Fujimori, y el postulante aliado del golpista
Pedro Castillo, Roberto Sánchez, quien se define de izquierda. Este
dirigente generó una fuerte polémica en las últimas horas al enunciar de apuro
un nuevo plan de gobierno maquillado para mostrar un perfil más centrista, el
cual fue duramente criticado por Fujimori. Pero la hija del ex dictador peruano
también cambió su discurso elevando promesas, incluso, de gasto público, la
narrativa tradicional de su rival.
Los dos cierres están fijados a las 17 hora local, dos menos
que en Argentina. Fujimori, con su partido Fuerza Popular, lo hará en el
Estadio Universitario, al este de Lima. Sánchez, con Juntos por el Perú, en el
Campo de Marte, en la capital.
Son los últimos disparos de una campaña intensa que ha mantenido -según las encuestas, no siempre precisas- una paridad extraordinaria entre los dos postulantes: muy fuerte Sánchez en el interior, y Fujimori dominando en las ciudades, especialmente en Lima.
Los números que comparten los sondeos dan menos del 40% a los
dos candidatos, con una ligera ventaja para la hija de Fujimori, pero dentro
del margen de error. Es interesante que este duelo se realice prácticamente sin
cartelería en esta ciudad o en otras grandes urbes. Un turista desprevenido no
sabría que en pocas horas se decidirá quién gobernará el país los próximos
cinco años. La propaganda es más intensa en Puno o en Ayacucho, cuyo electorado
mira con una grave distancia cualquier cosa que se decida o se haga en Lima.
Según los analistas, el esperado
debate del pasado fin de semana no cambió esa perspectiva; por el
contrario, parece haberla acentuado. Un colega que sigue las dos campañas le
señaló a este enviado que el debate fue mediocre, “pero estuvo cargado de
símbolos que aprovechó Sánchez; por ejemplo, defender que tiene una familia
constituida, un valor muy central, particularmente entre los votantes del
interior. Keiko no puede exhibir eso”.
La dirigente estuvo casada durante 18 años y ahora está
divorciada. Es un dato menor, vacuo, pero pesa en ciertos sectores
culturalmente muy rígidos. No se debe olvidar que Sánchez reivindica al ex
presidente golpista Pedro Castillo, quien llegó al poder montado en un partido
de supuesta izquierda pero ultraconservador en los valores culturales,
con una marcada homofobia y desprecio a las cuestiones de género.
Cambio en el plan de gobierno
Esa estrategia, sin embargo, no parece conformar al equipo de
campaña de este psicólogo, que fue ministro de Castillo, y sorprendió en estas
horas anunciando ese nuevo plan de gobierno, mucho más esmerilado que el que
sometió al voto popular en las elecciones del 12 de abril, al descartar
propuestas como revisar los tratados de libre comercio vigentes con otros
países y retirar al ya legendario y exitoso economista Julio Velarde como
presidente del Banco Central.
Si en el plan original se proponía una nueva Constitución con
“prioridades nacionales” y la “necesidad de anular los privilegios otorgados a
los grandes monopolios”, en la versión edulcorada de esta semana se menciona
una “Constitución de consenso que involucre a todos los sectores y a la
sociedad en su conjunto”. El diario El Comercio, en un editorial,
remarcó respecto a esta novedad que “cualquiera sabe que una cosa es decir que
se va a consensuar una nueva Carta Magna y otra muy distinta es imponer su
contenido sobre la base de ciertas ‘premisas esenciales’. Por lo que suscribir
ambas ideas es como tratar de soplar y sorber al mismo tiempo”.
Fujimori de inmediato cargó contra su rival llamándolo “Frankenstein
político” por esa cabriola para intentar seducir el voto de los
indecisos, que forman parte de un enorme océano del 25% de posible voto en
blanco o nulo. “El señor Sánchez cambia de planes como de discursos a cada
rato. En realidad, es un Frankenstein político”, afirmó la heredera del
dictador Fujimori.
Pero lo cierto es que esta dirigente, que intenta llegar al
gobierno por cuarta vez, también ha moderado su discurso y ha bombardeado la
campaña con promesas de becas, subsidios, bonos y, por cierto, obras públicas
que dependerán de una fuerte ampliación el gasto público; un mensaje nítido a
los indecisos que podrían inclinarse por su rival.
Pero además, la dirigente derechista confronta el antiguo
problema del “antifujimorismo”, que no ha logrado exorcizar y la ha perseguido
desde que hace campaña, también por las graves denuncias en su contra (tres de
ellas por lavado de dinero: una la licuó el Congreso, pero la justicia la ha
reabierto, y las otras están en proceso). Está amenazada por un voto que no
necesariamente elija a su adversario, pero que se conformaría con descartarla.
Fujimori esquiva cualquier crítica a la asonada golpista de
su padre, que en abril de 1992 disolvió el Congreso e intervino de forma total
el Poder Judicial, incluyendo la Corte Suprema. Defiende que de ese modo
resolvió la amenaza terrorista de Sendero Luminoso, pero ahora agrega los
"éxitos" de aquella etapa contra la hiperinflación tras el primer
gobierno de Alan García, como el ejemplo a emular.
Del otro lado, no es claro para los analistas cómo jugará
para Sánchez la fuerte defensa que sostiene del ex presidente Castillo, cuya
liberación promete en cada acto de campaña en caso de alcanzar el poder.
Incluso ha dicho que sumará en Economía a Pedro Francke, el ex ministro de
aquel polémico presidente, cuya gestión errática ha sido cuestionada hasta por
sus propias bases.
Tomado de Clarín / Argentina. Foto: EFE.
*Editor jefe de Política
Internacional de Clarín.