El momento en que Brasil ha dejado de ser únicamente un
comprador de tecnología de defensa para convertirse en uno de sus productores
Mucho más que un avión. El Gripen representa también una
apuesta por
la soberanía tecnológica. La capacidad de ensamblar, mantener y modernizar
los aparatos dentro del país reduce dependencias externas y fortalece la
autonomía operativa de las fuerzas armadas brasileñas.
Miguel Jorge/ Editor*
En 1969, Brasil tomó una decisión que muchos consideraron
desmesurada para un país en desarrollo: crear una empresa estatal llamada Embraer para
fabricar aviones propios. Más de medio siglo después, aquella apuesta ha dado
lugar al tercer
mayor fabricante aeronáutico del mundo, solo por detrás de Boeing y
Airbus, y a una de las industrias aeroespaciales más avanzadas fuera de las
grandes potencias tradicionales.
Un hito más allá de la defensa. Brasil ha celebrado la salida de la línea de producción del primer caza supersónico ensamblado en su territorio, un acontecimiento que trasciende ampliamente el ámbito militar. Lo verdaderamente relevante no es únicamente la llegada de un nuevo avión a las filas de la Fuerza Aérea Brasileña, sino el hecho de que un país latinoamericano haya alcanzado un nivel industrial que durante décadas pareció reservado a un grupo muy reducido de potencias.
En una región acostumbrada a importar sistemas de combate
avanzados, Brasil ha
logrado incorporarse a un club extremadamente exclusivo en el que la
capacidad de fabricar aeronaves supersónicas es tan importante como la posesión
de las propias aeronaves.
El camino hacia el Gripen brasileño. El programa Gripen
comenzó con el contrato
firmado en 2014 entre Brasil y la sueca Saab para la adquisición de 36
aparatos, pero desde el principio el objetivo iba mucho más allá de comprar
aviones. El acuerdo incluía transferencia tecnológica, formación de ingenieros
y participación directa de Embraer en la fabricación y ensamblaje de los
aparatos.
Una década después, el resultado es visible en Gavião
Peixoto, donde ha salido de fábrica el primer Gripen E construido
en suelo brasileño. Aunque el diseño sigue siendo sueco, el proceso ha
permitido desarrollar capacidades industriales que antes no existían en el país
y que difícilmente se habrían adquirido mediante una simple compra de material
extranjero.
Entrar en el club más difícil de la
aeronáutica. Construir un avión comercial es una tarea compleja. Construir
un avión de combate moderno es una de las actividades industriales más
exigentes del planeta. De hecho, solo un pequeño
grupo de países posee la capacidad de diseñar y fabricar cazas
supersónicos desde cero, entre ellos Estados Unidos, Francia, Rusia, China y
Suecia.
Brasil todavía no forma parte de ese círculo de diseñadores
independientes, pero sí ha conseguido algo que ningún otro país latinoamericano
había logrado: producir
localmente un caza de primera línea capaz de operar en los escenarios
más avanzados de la guerra aérea moderna. Esa diferencia puede parecer sutil
sobre el papel, pero supone un salto gigantesco para la industria tecnológica
de la región.
Mucho más que un avión. El Gripen representa también una
apuesta por
la soberanía tecnológica. La capacidad de ensamblar, mantener y modernizar
los aparatos dentro del país reduce dependencias externas y fortalece la
autonomía operativa de las fuerzas armadas brasileñas.
Al mismo tiempo, el proyecto ha impulsado la creación
de conocimiento especializado, nuevas cadenas de suministro y una base
industrial capaz de participar en programas aeroespaciales cada vez más
sofisticados. El mismo impulso está detrás de otros proyectos estratégicos
brasileños, como el avión de transporte KC-390 o
los programas navales desarrollados con tecnología extranjera pero creciente
participación nacional.
Potencia aeroespacial. El verdadero significado de este
programa no se mide únicamente en número de aeronaves ni en
capacidades militares. Se mide en la posición que Brasil empieza a ocupar
dentro del mapa industrial global. Mientras gran parte de América Latina sigue
dependiendo de la exportación de materias primas o de la importación de
tecnología avanzada, Brasil está construyendo una industria capaz de participar
en algunos de los sectores más complejos y rentables del mundo.
La salida del primer
Gripen ensamblado en territorio brasileño simboliza precisamente eso:
el momento en que el país deja de ser únicamente un comprador de tecnología de
defensa para convertirse en uno
de sus productores. Qué duda cabe, puede que nunca despierte la misma
pasión que un Mundial de fútbol, pero para la historia industrial de la región
probablemente sea un logro todavía más excepcional.
*Tomado de Xataka. Imagen cortesía de Embraer.