En su primer discurso el Pontífice fue al centro de la
actualidad: condenó “la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las
polarizaciones” y llamó a la reconciliación de las distintas fuerzas políticas
- Por
Elisabetta Piqué
MADRID.- Ni bien llegó este sábado a España, su
primera visita a un gran país europeo, mayoritariamente católico, pero más
que secularizado y marcado a fuego por tensiones políticas, el papa León
XIV fue directo al corazón de la actualidad.
Luego de haber sido recibido con todos los honores y
solemnidad en el Patio de Armas del Palacio Real, en el primero de los 22
discursos previstos en este viaje de 6 días que lo llevará también a Barcelona
y a Canarias, lanzó un llamado que trascendió las fronteras de este país.
“Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad”, dijo, ante los reyes Felipe y Letizia y demás autoridades, entre ellos el cuestionado jefe de gobierno, Pedro Sánchez, más miembros del cuerpo diplomático y la sociedad civil.
En un discurso de lo más contundente, en lo que representó
una bocanada de oxígeno para Sánchez, el Papa también agradeció a España
“por su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, que se
traduce en un compromiso activo con la paz y la solidaridad entre los pueblos”.
Y llamó a cultivar “el diálogo y la amistad social, a tener en cuenta las
perspectivas de los pobres y los jóvenes al imaginar el futuro, a armonizar las
demandas de autonomía y de unidad, y a impulsar el proceso de unión europea, no
en oposición a otras potencias, sino como un don para toda la familia humana”.
“Hoy, la tentación de ganar popularidad avivando el
fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir; la dignidad
humana no deja de ser violada. Por eso necesitamos cultura, interioridad, una
educación libre y de calidad, necesitamos trascendencia”, también dijo Robert
Prevost, que aludió en su primer discurso a la realidad política española, en
la que la corrupción
del partido socialista español, en el gobierno, está en boca de todos y
donde cobra protagonismo Vox, un partido de ultraderecha.
“Vengo entre ustedes para confirmar, alentar e inspirar una
renovada fidelidad de los creyentes al Evangelio, así como una reconciliación y
una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta Nación”,
explicó. “De hecho, su propia historia sugiere que no es la cultura del
enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y
prosperidad”, aseguró León XIV. El Pontífice invitó, además, a “huir de esos
enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de
fantasmas y enemigos”, algo que definió una tarea de quien tiene una gran
historia a sus espaldas.
Pronunciadas en español, sus palabras calaron hondo entre
muchos de los 50 millones de habitantes de este país, que vivó una sangrienta
Guerra Civil (1936 al 1939) que causó la muerte de más de medio millón de
personas y que, a pesar del tiempo transcurrido, sigue siendo una herida
abierta.
En su discurso el Papa asimismo subrayó el “vínculo
antiquísimo entre la fe cristiana y esta tierra”, las expresiones de la fe
popular que sobreviven en cada ciudad y pueblo, y elogió el patrimonio
artístico y musical, con las múltiples cofradías y asociaciones de carácter
caritativo. “Dan testimonio del fecundo encuentro entre Jesucristo y vuestro
pueblo. ¡Es un pueblo lleno de pasión, que ama la vida y lo manifiesta!”,
exaltó.
El Papa, que llegó con su muceta roja puesta al tratarse de
un país católico, fue recibido a las 10.30 locales en el aeropuerto de Barajas
por los monarcas, que lo esperaban a los pies de las escalerillas del avión que
lo trajo desde Roma.
Durante un vuelo de poco más de dos horas, el Papa se mostró
muy distendido. Cuando al saludar a los 80 periodistas que lo acompañan le
preguntaron si prefería al Real Madrid o al Barcelona, una pregunta clásica, el
Pontífice no tuvo reparos en responder: “Esto es fácil...El Papa es de
todos, pero Prevost es del Real Madrid”.
Por otro lado, se mostró consciente de que en sus tres días
en esta capital coincide nada menos que con el artista puertorriqueño Bad
Bunny: “Si se enfrentan a la pregunta: ¿quieren ver a Bad Bunny o quieren
ver al Papa, creo que muchos verán a Bad Bunny. Pero creo que también habrá
algunos aquí para ver al Papa. Y eso dice algo, ya sabes”, bromeó, en inglés.
En una visita aquí considerada histórica, que determinó un
operativo de seguridad sin precedentes y que llegó 15 años después de la
de Benedicto XVI en 2011, el rey Felipe VI lucía para la ocasión una corbata
amarilla -al tono con las flores que decoran la ciudad- y la reina Letizia, un
elegante y moderno vestido con bordados de color blanco, privilegio de las
reinas católicas.
En el trayecto de 26 kilómetros que el Papa hizo para llegar
desde el aeropuerto hasta el Palacio Real, miles de personas salieron a
las calles y avenidas para saludarlo con banderas españolas y del Vaticano, así
como de diversos países latinoamericanos. Se veían muchas de Perú -patria
adoptiva del Pontífice- y de la Argentina, ya que son muchos los que viven
aquí.
“Papa León, te queremos un montón”, fue el coro inaugurado
por la gente, que lo aclamó cuando se desplazó en papamóvil en un tramo de la
ciudad, al grito de “¡Viva el Papa! “ y aplausos. “Hoy iba a estar en Toledo,
pero me cancelaron la excursión, pero pude verlo al Papa, algo que no me
esperaba y es increíble”, dijo a LA NACION Ornella Di Sopra, una argentina que
vive en Paraguay, de 36 años, empleada de una agencia que se ganó un viaje, que
se acercó al Palacio Real.
En una jornada soleada pero no demasiado calurosa, en el
espectacular Patio de Armas, Robert Prevost tuvo una ceremonia de bienvenida
impactante, de gran solemnidad. Con las campanas de la catedral de la
Almudena repicando, guardias de honor a caballo, 21 salvas de cañón, himnos y
honor a las banderas.
Después de reunirse a solas con los monarcas, acompañados por
sus hijas Leonor, princesa de Asturias y la infanta Sofía, vestidas
de negro y sonrientes, en el Salón de las Columnas el rey Felipe, agradeció la
visita del Papa, “fuente de inspiración para más de 1400 millones de católicos”
y elogió su
primera encíclica “Magnifica Humanitas”, que definió “un texto humanista”.
En su discurso el jefe de Estado, consciente de que el
escándalo de abusos sexuales perpetrados por el clero es un tema que impactó a
la sociedad, se refirió por primera vez al mismo, aunque también admitió que
tampoco se puede estigmatizar a todo el clero. Se espera que el Papa se reúna
con víctimas, tal como adelantó el Vaticano.
A su turno, el Papa agustino, amén de evocar al apóstol
Santiago el Mayor, mencionó a San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila.
“Nuestra época, que en apariencia se ve sacudida por terribles
desequilibrios y conflictos, clama en lo más profundo por la paz, por un nuevo
conocimiento de la persona humana y de su dignidad inviolable, por la
civilización del amor”, dijo.
Y subrayó la vocación específica de Europa, de la que
España es protagonista original y fundamental.
Además de citar al papa Francisco y que “la
realidad es superior a la idea”, también mencionó a San Ignacio de Loyola y
párrafos de su encíclica. “Evitemos las palabras que humillan o enfrentan.
Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos. No
bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos estériles. Más bien,
indiquemos criterios de discernimiento —la dignidad de la persona, el destino
universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común,
la paz— y traduzcámoslos en prácticas: planificación responsable, evaluaciones
del impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización
digital, investigación e industria orientadas a la justicia y la paz”, pidió.
Esta tarde, luego de visitar un centro de
Cáritas en el barrio obrero de Carabanchel, el Papa presidirá una
vigilia de oración con jóvenes en la Plaza de Lima que se espera
multitudinaria.
Tomado de La Nación / Argentina. Foto de SIMONE RISOLUTI -
VATICAN MEDIA.