Por el Comité Editorial*
El acuerdo preliminar que podría poner fin a la guerra del
presidente Donald Trump contra Irán, que se ha prolongado por cuatro meses, es
bienvenido, pero conlleva realidades difíciles. Trump cometió un terrible error
al iniciar esta guerra. La
llevó a cabo de manera imprudente y en desafío abierto a la ley.
Estados Unidos sale debilitado —militar, diplomática y económicamente— y pagará
un alto precio estratégico en los próximos años.
Los detalles del acuerdo no están claros, pero el
marco que se ha anunciado sugiere que Trump ha conseguido pocas de las
condiciones que insistía en que obtendría. Es una humillante degradación para
él y para el país que dirige.
Desde que empezó la guerra, dijo que Estados Unidos lograría una “victoria total y completa” y que Irán debía aceptar una “rendición incondicional”. Insinuó que se produciría un cambio de régimen. Dijo que a Irán no se le permitiría “ningún enriquecimiento” de uranio y que “Estados Unidos, en colaboración con Irán, desenterraría y retiraría todo el material nuclear de grado casi militar” que ya posee y que está bajo tierra.
Nada de esto parece ser cierto. El gobierno de línea dura de
Irán sigue en el poder. Al parecer, los detalles del acuerdo nuclear se
negociarán durante los próximos dos meses, pero es probable que los términos se
parezcan a los del acuerdo de 2015 que negoció el presidente Barack Obama y que
Trump canceló en 2018. Describió el acuerdo de Obama como el “peor acuerdo de la historia” y dijo que ponía a Irán
en “el camino hacia un arma nuclear”. Lo criticó por no forzar
a Irán a dejar de apoyar a grupos terroristas como Hamás y Hizbulá y por
suavizar las sanciones económicas. Sin embargo, parece que su guerra
destructiva lo dejará con un acuerdo similar.
Su mayor logro en el marco del alto al fuego es la
esperada reapertura
del estrecho de Ormuz al tráfico marítimo mundial, lo que acabará
bajando los precios de la energía y otros productos. Eso, por supuesto, no es
más que una vuelta al statu quo anterior a la guerra. Irán cerró el estrecho
como represalia, para afectar la economía mundial y aumentar la presión
política sobre Estados Unidos. La medida funcionó, y los líderes iraníes ahora
entienden que tienen un arma económica poderosa.
Si se hace un balance, Irán sale como el ganador estratégico
de esta guerra de cuatro meses. El país sufrió pérdidas sustanciales, como gran
parte de su armada, su fuerza aérea, su capacidad militar-industrial y su
liderazgo político, entre ellos el ayatolá Alí Jameneí, el líder supremo, quien
fue asesinado el primer día de la guerra. Sin embargo, con el fin de
la guerra, los líderes iraníes podrán empezar a reconstruir el país.
Estados Unidos, por su parte, parece
más débil a los ojos del mundo. El ejército estadounidense se ha
mostrado incapaz de imponerse ante un adversario mucho más pequeño, incluso
después de agotar muchos
de sus misiles de precisión de largo alcance e interceptores. El resultado
perjudica la capacidad de este país para disuadir a otros adversarios
potenciales. Para empezar a reparar el daño, Estados Unidos haría bien en
recomponer las alianzas en Europa, Medio Oriente y Asia que se han deteriorado
debido a los efectos militares y económicos de la guerra. El Pentágono también
tendrá que modernizarse y prepararse
para las guerras del futuro. Es poco probable que alguna de estas
cuestiones ocurra durante el mandato del presidente Trump.
Antes de que comenzara el ataque estadounidense e
israelí el 28 de febrero, los dirigentes iraníes habían pasado por dos años y
medio muy duros. El gobierno estaba mucho más débil que antes del ataque de
Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023, grupo al que Irán financia y
asesora desde hace mucho tiempo. En respuesta a ese ataque, Israel debilitó
considerablemente a Hamás y a Hizbulá, otro grupo aliado de Irán. En Siria, un
dictador sanguinario respaldado por Irán fue depuesto sin que los líderes iraníes
hicieran mucho para intentar salvarlo. Israel y Estados Unidos dejaron en
evidencia que las defensas aéreas y el programa de misiles de Irán eran
poderosos en apariencia, pero en realidad inofensivos cuando bombardearon las
instalaciones nucleares iraníes el verano pasado, un revés para su programa
nuclear. Mientras tanto, la moneda iraní seguía cayendo a un ritmo acelerado y
su economía estaba en ruinas. A finales del año pasado, los iraníes salieron a
las calles a protestar y el régimen respondió matando
a miles de manifestantes, si no a decenas de miles.
Todos estos problemas siguen ahí, e Irán sigue estando más
débil que hace tres años. Pero la guerra le ha dado una ventaja que no tenía
cuando comenzó 2026. Su régimen ha demostrado que puede sobrevivir
a oleadas de ataques de sus dos mayores enemigos. Sus líderes no han
tenido que abandonar sus ambiciones nucleares. Y han aprendido que el resto del
mundo parece no estar dispuesto a usar la fuerza militar para reabrir el
estrecho de Ormuz. Si Irán decide cerrar el estrecho en algún momento de los
próximos meses o años, ¿qué hará Trump en respuesta?
Enlistamos estos hechos sin satisfacción. Irán ha sido y
sigue siendo una fuerza del mal. Reprime
a su pueblo, especialmente a los disidentes políticos, las mujeres, las
personas de la comunidad LGBTQ y las minorías religiosas. Es líder mundial en
tortura y ejecuciones, y ha financiado el terrorismo en su región y mucho más
allá. Los líderes de Irán han empobrecido un país cuya renta per cápita
estaba por
encima del promedio mundial hasta hace tan solo unos años, en la
década de 1970.
La brutalidad característica del régimen iraní debería haber
sido motivo para que Estados Unidos reflexionara detenidamente y planificara
con cautela cualquier guerra. La historia de las guerras modernas de Estados
Unidos, especialmente en la región de Irán, está llena de la arrogancia
que incuba derrotas. Sin embargo, Trump se abstuvo de una planificación
reflexiva en cada paso.
Aceptó la visión optimista del primer ministro de Israel,
Benjamín Netanyahu, quien predijo que el régimen iraní caería con rapidez.
Trump desestimó las opiniones de sus asesores, quienes
le dijeron que la predicción de Netanyahu era absurda. Trump ignoró
la Constitución y se negó a solicitar la aprobación del Congreso para
la guerra. No escuchó a los aliados europeos y asiáticos que se oponían a su
guerra. No tuvo en cuenta la evidente capacidad de Irán para cerrar el estrecho
de Ormuz. Lanzó amenazas de destruir la civilización iraní que solo lograron
menoscabar la autoridad moral de Estados Unidos.
Por sus pecados, ahora ha aceptado un acuerdo de paz que todo
el mundo entiende que es una derrota para él. También es un revés para Estados
Unidos.
Tomado de The New York Times. Imagen de Reuters.
* El Comité Editorial está conformado por un grupo de
periodistas de opinión cuyos puntos de vista se sustentan en su experiencia,
investigación, debates y valores arraigados.
Es independiente de la sala de redacción.
