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20 mayo, 2026

¿… y el caso de Álex Saab?

 Por Orlando Arciniegas / Opinión*

Ah, Alex Saab. “Alex Saab no es venezolano. No lo es. Un ciudadano de origen colombiano. Presentó, siempre presentaba una cédula venezolana, que no es una cédula legal, no tiene ningún tipo de sustento dentro del SAIME, que es el organismo que otorga las cédulas de Venezuela. En una fecha de emisión del documento, supuestamente del 2004… Se presentó con una cédula fraudulenta, y con ese cédula tuvo “acceso a algunas cosas”. Cuando nosotros buscamos, se hizo una investigación detallada, detallada, no hay ningún expediente en el SAIME que certifique que esa persona sea venezolano. Por eso es que nosotros tomamos la decisión de deportarlo [como extranjero] de Venezuela…”. 

Confieso que, al igual que muchos, me quedé patitieso, al oír estas palabras en boca del alto funcionario que las expresaba. Uno más de los que, el 20 de diciembre de 2023, recibieron en el palacio de Miraflores, con la presencia vivaz del presidente Maduro, al entonces diplomático Alex Saab como todo un héroe. Este había sido liberado de una prisión en Miami, a la que había sido llevado desde Cabo Verde en 2021, bajo la acusación de blanqueo de dinero, de bastante dinero. Su libertad, entonces, ocurrió de resultas de una operación de canje de detenidos entre los gobiernos de Venezuela y de Estados Unidos, en tiempos del presidente Biden, como se dijo en el año 2023. Saab, caracterizado por Maduro como “valiente” y “patriota”, fue calificado también como “un símbolo de la victoria de la diplomacia bolivariana”. ¡Quién iba a pensar que Saab andaba entonces con una cédula venezolana fraudulenta!

Muchos no han podido tragarse la dicha versión. Pero, creo yo, que se debe a que desconocen las maravillas que pueden hacer ciertos falsificadores. Tanto los de documentos como los de las obras de arte. Les cuento. Hace ya mucho tiempo, en zonas fronterizas del estado Táchira, era muy engorroso la obtención de la cédula de identidad. Así que la gente la cuidaba mucho. Pero con el tiempo se difundió que un chueco, al que llamaban Bonifacio era un falsificador estrella. Era colombiano y vivía en Cúcuta. Tierra de aventureros y algo más. Entonces no faltó el que, con la chispa del caso, sugirió obtener una copia falsificada por Bonifacio y guardar la original. La copia era sencillamente idéntica a su original. Policías y guardias nacionales, como los demás, no podían diferenciar la copia. Por mucho tiempo, no se supo de alguien que lo pillaran con una cédula de las de Bonifacio. Recuerden que, entonces, tampoco se podía solicitar a alguna oficina, como ahora, que revisaran una cédula. 

Pero llegó el tiempo en que se pudo evidenciar el delito. Parece que un policía dio a oler a su perro las dos copias: la original y falsa, y el perro pudo distinguirlas claramente. Una y otra vez. Ahora, había una evidencia del delito. Ocurrió que el Bonifacio, el falsificador estrella, era tacaño. Y en vez de usar una buena pega corriente, se valía de una barata a la que mejoraba, y mucho, con baba de mono capuchino. No sabemos si un caso como este le haya podido ocurrir al diplomático y ministro sin estudios Alex Saab. Pues uno no encuentra cómo explicarse que la cédula de Saab, así como el pasaporte diplomático que Maduro ordenara que le expidieran, estaban pegados con alguna pega fortalecida con baba de capuchino. Lo que resultaría fácilmente distinguible para un sabueso como Diosdado. Uno no sabe.

*Las opiniones contenidas en este articulo son de la exclusiva responsabilidad del autor.