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18 mayo, 2026

Crisis en Bolivia: protestas y bloqueos contra las medidas del gobierno de Rodrigo Paz

Trabajadores, campesinos y mineros exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz en la crisis social más grave de su gobierno.

Más de 60 puntos se mantienen bloqueados en todo Bolivia como parte de las protestas contra el gobierno.

Bolivia atraviesa desde el 1 de mayo de 2026 la convulsión política más severa del gobierno de Rodrigo Paz, el presidente de centroderecha que asumió hace apenas seis meses tras ganar en segunda vuelta electoral. Lo que comenzó como un pliego de demandas sectoriales se transformó en una exigencia unificada de renuncia presidencial. Al menos tres personas han muerto como consecuencia indirecta de los bloqueos. La crisis sigue activa.

La chispa fue triple. Un escándalo por la distribución de «gasolina basura» dañó más de 5.000 vehículos y generó la salida del ministro de Hidrocarburos en abril. La promulgación de la Ley 1720, que permitía reclasificar pequeñas propiedades agrarias como medianas —favoreciendo a grandes agroindustriales de Santa Cruz— fue rechazada de inmediato por organizaciones indígenas, campesinas y ambientalistas que la consideraron inconstitucional. Y la Central Obrera Boliviana (COB) continuaba sin respuesta a su demanda de aumento salarial del 20%, que se sumaba al ya otorgado a comienzo de año.

Esos tres conflictos convergieron. El 1 de mayo, la COB declaró paro indefinido movilizado. En los días siguientes, el magisterio nacional dispuso paros de 24 horas, la Confederación Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) bloqueó rutas de manera escalonada en todo el país y grupos indígenas de Pando y Beni completaron 24 días de marcha desde la Amazonía hasta La Paz.

El epicentro es El Alto y la ciudad de La Paz, sede del Ejecutivo y el Congreso. Según la Administradora Boliviana de Carreteras, el 17 de mayo se registraban al menos 22 puntos de bloqueo activos, la mayoría en el departamento de La Paz. Las rutas hacia Oruro, Copacabana y Río Abajo permanecían cortadas o con paso intermitente.

La radicalización fue gradual pero sostenida. El 14 de mayo, Mario Argollo, secretario ejecutivo de la COB, el sindicato más grande del país, declaró: «Ya se ha dejado de lado el tema de pliegos. Acá hay un pedido único: el alejamiento y la renuncia del presidente.» Ese mismo día, decenas de mineros cooperativistas llegaron a El Alto para sumarse a las movilizaciones. Al día siguiente se enfrentaron con policías a punta de dinamitazos en los alrededores de la Casa Grande del Pueblo.

El gobierno respondió con concesiones parciales y endurecimiento simultáneo. Rodrigo Paz abrogó la Ley 1720 el 13 de mayo, afirmando: «Qué significa la palabra abrogación, eliminación, ya no existe. Se acabó esa ley.» Pero la medida no detuvo las protestas: los campesinos e indígenas continuaron en vigilia exigiendo además el cumplimiento de promesas electorales que consideran incumplidas. «Queremos que se vaya, ya no queremos diálogo», declaró el dirigente campesino Jaime Condori.

En paralelo, el comandante de la Policía Boliviana, Mirko Sokol, anunció operativos de desbloqueo. La madrugada del sábado 16 de mayo, unos 3.500 uniformados con apoyo militar iniciaron una intervención en El Alto y en la carretera La Paz-Oruro. La Defensoría del Pueblo reportó 57 personas detenidas en esa jornada. Bolivia TV transmitió en directo los gases lacrimógenos y las cargas de dinamita.

Las víctimas hasta ahora son consecuencia de la interrupción de servicios de emergencia. Una joven de 20 años falleció en El Alto tras convulsionar tres horas sin atención médica. Ana Enns, turista de 56 años originaria de Belice, murió al descompensarse en la ruta de Desaguadero. Una tercera muerte fue reportada por organizaciones de derechos humanos de El Alto el 14 de mayo, sin que el gobierno la haya reconocido oficialmente.

El costo económico es concreto. La Cámara Departamental de Industrias estima pérdidas de hasta 15 millones de dólares diarios. El sector turístico acumula 150 millones de bolivianos en cancelaciones. Aproximadamente 5.000 camiones de alto tonelaje permanecen varados, con carga de combustible, ganado vivo y soya de exportación. El gobierno activó desde el 10 de mayo un puente aéreo para abastecer La Paz de carne y vegetales; Argentina se sumó con dos aviones militares Hércules.

El vocero presidencial José Luis Gálvez ha descartado la renuncia de Paz y atribuye las protestas al narcotráfico y al expresidente Evo Morales. «El financiamiento del narcotráfico está detrás de estos dirigentes», afirmó. Morales lo negó desde su cuenta de X: «Que el pueblo ejerza su derecho a la libertad de expresión y protesta no es un ataque a la democracia.»

El vicepresidente Édman Lara marcó distancia pública. En una carta al presidente, lo instó a dialogar con los sectores movilizados y advirtió: «Negar el diálogo sería desconocer el origen del mandato popular.» La fractura dentro del propio oficialismo es uno de los factores que los analistas señalan como nuevo elemento de vulnerabilidad para Paz.

Bolivia en una deriva derechista: las políticas de Paz contra los pobres

Rodrigo Paz Pereira, de centroderecha y afiliado al Partido Demócrata Cristiano, asumió la presidencia en noviembre de 2025, cortando con casi dos décadas de gobiernos del MAS. Su propuesta es clara: dar un volantazo hacia el mercado. Eso de “capitalismo para todos”, atraer inversión privada, ordenar la macro, achicar el Estado con un enfoque de «motosierra», al estilo de Javier Milei, descentralizar y que las cosas funcionen con más eficiencia.

Entre las primeras medidas, la más brusca fue quitar los subsidios a los combustibles. Esos subsidios se comían miles de millones y dejaban un déficit enorme. Los precios se fueron por las nubes: la gasolina subió casi 90% y el diésel más del 160%. Con la plata que se ahorran, dicen, van a darle la mitad a las regiones. Y declararon la emergencia económica, por si quedaban dudas.

Para compensar el golpe, subieron el salario mínimo un 20% (quedó en 3.300 bolivianos desde enero de 2026), la Renta Dignidad para los adultos mayores pasó a 500 bolivianos y crearon unos bonos focalizados. La idea es que los más vulnerables no la pasen tan mal.

En lo económico, abrieron las compuertas: incentivos a la inversión privada y extranjera, un régimen para repatriar capitales con 0% de impuestos, liberaron exportaciones, bajaron aranceles e impuestos, hicieron más flexible el tipo de cambio y pusieron un “fast track” para los inversores. Las empresas públicas que están en rojo van a reestructurarse, y sectores como hidrocarburos, litio, electricidad y agricultura podrían abrirse a privados.

En lo institucional, van por descentralizar recursos, dar más autonomía a los departamentos, reformar la justicia y tal vez tocar la Constitución para atraer inversiones y modernizar el Estado. Todo un paquete de unas diez leyes sobre minería, hidrocarburos, inversiones y economía verde.

Y claro, el impacto en la gente más pobre es el gran tema. Quitar los subsidios pega duro: el transporte, la agricultura informal, las familias de bajos ingresos sufren con el alza de combustibles, fletes y alimentos. Calculan una inflación de alrededor del 20% y ya se arman protestas de sindicatos, indígenas y mineros. El gobierno responde que los subsidios beneficiaban más a los ricos y fomentaban la ineficiencia; que con el salario y los bonos se compensa. Pero muchos dicen que no alcanza y que a corto plazo la pobreza va a crecer. A mediano plazo, según el oficialismo, la estabilidad, la inversión y el crecimiento terminarán generando empleo e ingresos. Habrá que ver.

Fuente: La Red 21 / Uruguay.