Una vacuna mRNA
personalizada (hecha a partir del material genético del tumor tras la cirugía)
está mostrando un efecto muy prometedor. En el seguimiento tras 6 años, la
gran mayoría de pacientes que respondieron siguen vivos, frente a una
supervivencia mucho menor en los que no respondieron al tratamiento, sugiriendo
que activar bien el sistema inmune marca la diferencia.
La clave es que la vacuna 'entrena' linfocitos T para reconocer neoantígenos del cáncer y mantenerlos activos durante años, ayudando a reducir el riesgo de recaída tras extirpar el tumor. Aunque aún es un estudio pequeño y limitado a casos operables, ya ha sido suficiente para impulsar un ensayo fase 2 más grande y confirmar si este enfoque puede beneficiar a más pacientes.
Fuente: National
Geographic (Fragmento).