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20 abril, 2026

Sáhara Occidental: 50 años de olvido entre arena y guerra

 Europa Sur

La República Árabe Saharaui Democrática cumple medio siglo de reivindicaciones para lograr su independencia total

La ocupación marroquí persiste mientras Rabat juega sus cartas en toda la región

El Polisario rebaja el tono contra Marruecos y ofrece vecindad de paz y cooperación

Iago Soler Castiñeira

Tinduf (Argelia). - Con los primeros rayos del día, la tranquilidad de la madrugada se rompe con la llamada al rezo. Hace frío, pese a estar en mitad del desierto argelino. La familia saharaui que nos acoge despliega un potente desayuno para empezar la mañana. Dátiles, yogurt, pan… Hoy es un día importante. En unas horas arranca un desfile que puede marcar un antes y un después en la historia del pueblo y lucha saharaui.

Los niños dan los últimos retoques a sus banderas. Caminan entre las calles de Auserd, uno de los seis campamentos de exiliados saharauis que hay en Argelia y donde se distribuyen casi 200.000 personas. Pese a tener supermercados, pizzería, talleres y hospitales, estamos en una ubicación que ejemplifica la ocupación de Rabat de lo que incluso llegó a ser la provincia española número 53. El verdadero Auserd está a casi 1.000 kilómetros. Y por sus calles pasean policías de la monarquía alauita.

De camino al desfile militar del Frente Polisario, la rama político y militar que lidera el movimiento saharaui desde los años 70 sin oposición, se puede ver lo que significa una diáspora. Hay pocas viviendas en construcción. Las que persisten tienen electrodomésticos, placas solares o puertas que son compradas con las remesas enviadas por las decenas de miles de personas que trabajan en Europa y partes de África. Otros hogares se han caído. Quizás hicieron las maletas y viven más lejos de la primera vivienda ocupada en la última colonia de África o la muerte se abrió paso por la arena.

Llegamos a la carretera que cruza el campamento. Es uno de los pocos sitios asfaltados en la zona. Hoy es motivo de orgullo para el pueblo saharaui. También de tensión… Se conmemoran 50 años de la creación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Una entidad que no es miembro de la ONU pero sí de la Unión Africana. Esta celebración se lleva a cabo en mitad de una ronda de negociaciones y una carrera diplomática con Marruecos.

La seducción marroquí a varios países del Sahel (Níger, Malí y Burkina Faso) pasa por darles una salida al mar tras la negativa de los países de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental a usar sus puertos después de los golpes de estado y la relación con Rusia. Para ello Rabat usaría dársenas ocupadas como las de Dajla. No será fácil. Los camiones tendrán que esquivar una guerra en una carretera inhóspita.

Los vehículos blindados prosiguen su desfile, la gente grita y agita las banderas saharauis. Son ajenos a que en esos mismos momentos Malí anuncia que reconoce el plan de autonomía marroquí. Ha sido conquistado por Mohamed VI. Y la Unión Europea cierra un acuerdo tecnológico con Marruecos… Un nuevo tanto para la diplomacia del reino alauita. No todo es diplomacia. También hay armas. Muertes y heridas.

Ahora el Sáhara es un territorio dividido. El 80% está ocupado. El resto, es del Polisario. En medio, un muro militarizado. Es el más largo del mundo después de la Muralla China. No se hizo solo, contó con la ayuda de Israel. Y aún persiste. Al acabar el alto al fuego, el ejército marroquí asesinó al jefe de la Guardia Nacional del Frente Polisario. Murió en una zona liberada usando drones israelíes. La relación también se ve en maniobras donde participa la brigada Golani, que adiestra a las tropas marroquíes para combatir en túneles y que antes del ejercicio masacraba médicos en la Franja de Gaza.

Hay revuelo. Una nube de periodistas, sobre todo argelinos y saharauis, corre a captar imágenes de Brahím Gali, el líder del Polisario desde hace 10 años. Enemigo número uno de Marruecos. El hombre que provocó la mayor crisis diplomática en los últimos años entre Madrid y Rabat tras curarse del coronavirus en nuestro país. El gobierno de Rabat respondió creando una crisis migratoria en Ceuta y Melilla.

Pronuncia su discurso. La gente, subida hasta en los tejados, escucha expectante. “Desde esta perspectiva, la RASD reafirma su determinación de fortalecer y consolidar sus relaciones con los países del mundo, especialmente su entorno regional incluidos sus vecinos como el Reino de Marruecos, subrayando que el pueblo saharaui no será fuente de amenaza, sino un socio dispuesto a la paz y la cooperación”. También tiene un recuerdo para España y su histórico cambio de postura en 2022 al dar como válida la fórmula marroquí sobre el Sáhara Occidental. “Se recuerda a España su responsabilidad jurídica, que no prescribe, en la finalización del proceso de descolonización de nuestra tierra”.

Minutos después de pronunciar esas palabras, este periódico es el único diario español en acompañar a Gali a pasar revista a sus tropas. Los antiaéreos, vehículos blindados y artillería dan cuenta del apoyo que vivió la RASD en otros años. Con material de Argelia, la antigua URSS y la Libia de Muamar el Gadafi.

A la salida del paseo militar, nos reunimos con Mohamed Uleida, Director central de Información y Orientación Política del Ejército saharaui. Nos invita a su coche y nos dirigimos a Rabuni, capital administrativa de los campos de refugiados de la provincia de Tinduf.

"Los inmigrantes, Perejil, Ceuta, Melilla y el narcotráfico. ¿De qué se alimenta Marruecos si no es del tráfico de drogas?”.— Mohamed Uleida - Director central de Información y Orientación Política del Ejército saharaui

Nos lleva hasta el Museo Nacional de la Resistencia. Lo primero que pueden ver son los restos de un caza marroquí Dassault Mirage F1 derribado por las fuerzas saharauis. Nos invita a entrar a una sala llena de Cetme y lanzacohetes vendidos por España a Marruecos y que fueron capturados en una guerra que, tras treinta años de alto el fuego, se reanudó en 2020 y que desde sus inicios ha matado a más de 10.000 personas.

“Todos los gobiernos de España han ayudado a Marruecos con su guerra -indica con la mano las armas nacionales- y por fin Sánchez nos trae la joya de la corona al apoyar la marroquinidad del Sáhara. ¿Qué más pueden hacer?”, afirma Uleida. Tira de historia y señala la hipocresía, denuncia, del expresidente socialista Felipe González. “En sus primeros tiempos vino aquí, con camisa, a visitar los campamentos… Cuando se puso el traje de presidente cambió su postura totalmente”.

Marruecos, para muchos, es un vecino incómodo. Y el militar del polisario advierte sobre Rabat. “Vosotros vivís hoy las amenazas después del apoyo de Israel y Estados Unidos. Pero no entiendo la mentalidad de vuestros políticos, el modus operandi es la traición. Los inmigrantes, Perejil, Ceuta, Melilla y el narcotráfico. ¿De qué se alimenta Marruecos si no es del tráfico de drogas?”.

Después de estas declaraciones contra el ejército con el que luchan a centenares de kilómetros, nos invita a una nueva sala. De camino se muestra escéptico a las negociaciones que ahora mismo impulsa Estados Unidos y que reúnen a la RASD y Marruecos. Sobre todo después de que Washington respaldó la posición de Rabat sobre el Sáhara. “¿De qué sirve el derecho internacional? Palestina lo tiene a su favor y mira lo que pasa cada día…”, señala Uleida. Tras las puertas de la nueva ubicación hay un auténtico arsenal militar europeo del siglo XX y que fue vendido a Marruecos. Tanques, piezas de artillería, vehículos de transporte… Hace especial referencia a uno. Un cañón 106 mm. “Miren, fabricado en Sevilla”. Al lado, una pieza de artillería con una chapa de identificación bastante conocida: OTAN. Fuera de la sala, despide al visitante dos imponentes bombas de racimo que usó Marruecos para bombardear a las caravanas de refugiados que huían de la ocupación del Sáhara Occidental. Lobbies marroquíes denuncian que Irán ha suministrado drones, como los que usa Rusia en Ucrania, al Frente Polisario. Uleida sonríe y se frota las manos. “Si tuviésemos drones iraníes la entrevista la tendríamos en El Aaiún (la capital del Sáhara Occidental ocupada)”.

A la vuelta a Auserd, este periódico es recibido por Mohamed Yeslem Beisat, ministro de Asuntos Exteriores. Al atardecer, afirma que “la autonomía como una opción presentada al pueblo saharaui la podemos discutir y la podemos aceptar, pero nunca aceptaremos la autonomía como una solución dictada, única y obligatoria, porque representa una confiscación al derecho inalienable del pueblo saharaui de elegir libremente su futuro. No podemos hacer de la independencia la única opción”. El canciller señala que no hay una solución fuera del diálogo basado en la legalidad. “Son relaciones de los dos pueblos. Los gobiernos pueden cambiar, pero la RASD y España están obligadas a entenderse. A través del diálogo estamos dispuestos a todo”. Y afirma que, tras el giro de Sánchez, los canales siguen abiertos. La RASD lleva tres rondas de negociaciones con Marruecos. Dos en Washington y una en la embajada estadounidense de Madrid. “Hay que dar crédito a la administración de Trump pese a la postura a favor de Marruecos. Están a favor de las resoluciones de la ONU y la legalidad internacional. Han invertido esfuerzo mientras otras potencias miran a otro lado”. Y avisa a España: “Marruecos no va a parar su afán expansionista. Después de las Islas Canarias, Ceuta y Melilla llegarán a Bilbao”.

"Nunca aceptaremos la autonomía como una solución dictada, única y obligatoria"— Mohamed Yeslem Beisat - Ministro de Asuntos Exteriores de la RASD

Llega la noche. La luna y las estrellas forman un espectáculo astronómico sin parangón. Todo ello tiene un precio: no hay alumbrado público en los campamentos de refugiados. Los periodistas allí presentes caminamos a una jaima cercana. Las compañeras se hacen la henna en las manos, un tinte natural con formas geométricas usadas en celebraciones y que atraen, dicen, la buena suerte. En todas estas operaciones no falta una cosa: el té. La operación es hipnótica… un vaso, otro vaso, otro vaso. La cantidad de azúcar e hierbabuena varían según si es el primer, segundo o tercer té. Si parpadeas, te lo pierdes. Hay un dicho: el primero es amargo como la vida, el segundo dulce como el amor y el tercero suave como la muerte.

En el desfile conocimos a una saharaui que vive en Baleares. “¿Eres periodista español? Te interesará entrevistar a un familiar”. Allá vamos. Nos trasladamos hasta otro campamento. En el trayecto, Abderramán nos cuenta que escapó con su familia en los años 70. “Llegamos sin nada, en una caravana. Aquí la vida es dura, antes el agua era salada y había pocos recursos. Yo apenas estaba con mi familia, estaba en la guerra hasta que un avión nos bombardeó y quedé tocado”. Se señala el hombro y el costado. La metralla penetró su cuerpo. Instantes después afirma con el semblante serio: “No quiero irme a España. Ni quiero tener todos los recursos. Quiero volver al lugar de donde me expulsó Marruecos hace medio siglo”.

Llegamos a Smara. Otro campamento a decenas de kilómetros. El recorrido lo hacemos acompañados debido a la inseguridad. Ciertos grupos yihadistas suelen secuestrar a cooperantes. A la llegada nos recibe Sidi Lebsir. Uno de los fundadores del Frente Polisario. Una pieza viva de la historia africana. Ahora tiene 81 años, porta camisa y turbante. Es ciego y le cuesta hablar. Por su piel corre la historia del Sáhara. En su carne vivió la represión de las autoridades españolas cuando, entre tanto descontrol de Madrid y El Aaiún, se reprimió una manifestación a sangre y fuego cuando el Polisario atacaba a las autoridades coloniales. “Nosotros queremos independencia, pero unas relaciones prácticas con España. Tener contactos en educación, sanidad… Pero entonces decidió relacionarse con Marruecos. Hay muchos intereses, jamás lo entendí. Hubiese sido mejor relacionarse con nosotros”.

Él estuvo presente en la represión española contra el Polisario, cuando el movimiento atacaba con armas a los militares y autoridades coloniales. “Ahora los jóvenes no tienen muchas ganas de combatir como antes”. Su sobrina, de 27 años, lo mira con cara de sorpresa. Aichatau Lehbib es periodista saharaui. Dice que en 10 años le gustaría dar la noticia de “un Sáhara libre”. La familia nos enseña documentación de la época española. Tiene la bandera nacional pero, a día de hoy, no sirve para nada. El gobierno español ha dejado fuera de la regularización masiva a los saharauis.

“Nosotros queremos independencia, pero unas relaciones prácticas con España”— Sidi Lebsir - Fundador del Frente Polisario

Los jóvenes son piezas fundamentales de la sociedad saharaui. Salen fuera a estudiar y luego regresan. Dos chicas que estudian filología inglesa en la Universidad de Granada dicen que disfrutan de España. “Nos encanta ver el mar”. Aquí se forman y luego, normalmente, vuelven a su tierra (temporal). “En Andalucía los marroquíes nos reclaman que el Sáhara es suyo, pero hablamos con ellos y más o menos nos entendemos”. En los campamentos los niños son cariñosos, cercanos y, como no, enamorados de la pelota. También hablan y oyen el idioma de Cervantes de vacaciones en España. En los campamentos tienen varias horas de clases de esta lengua... aunque muchos adultos afirman que se está perdiendo. Miles de menores han viajado temporalmente a nuestro país para pasar el verano. Para muchos, es la primera vez que ven en persona un avión, el mar o un bosque.

Los niños que no juegan, miran el móvil. Para una psicóloga de los campamentos dice que “es mortal para la cabeza”. Adala Lbhuhali tiene un centro de autismo. Allí varias mujeres cuidan a casi 40 niños. “Muchos padres van aprendiendo poco a poco que la salud mental en los más pequeños es importante. Pero es cierto que todavía es tabú”, comenta en perfecto español. En su centro hacen terapias con animales como burros, tienen un huerto y muchos juguetes. Pero la ayuda médica escasea. “Por ejemplo, nos cuesta encontrar medicación para la epilepsia”. Pero la ayuda escasea… Estados Unidos ha recortado la cooperación internacional. A eso le tienen que sumar las nuevas guerras y la crisis en España que impide a muchas familias e instituciones colaborar.

Cae de nuevo la noche. El sol se pone en otra seña de identidad, los coches. Hay cientos de mercedes de los años 80 y 90. Llegan a mitad del desierto tras haber sido rechazados en las capitales europeas por políticas medioambientales. Cuando mueren de verdad, se aprovecha todo. Varios niños juegan entre lo que algún día fue un Land Rover. La oscuridad cubre todo el campamento. Un día más en un territorio que vive sus momentos más críticos. Muchos saharauis desean ver algún día el atardecer en las costas atlánticas del Sáhara, ahora ocupadas por Marruecos.

Tomado de Europa Sur / España. imagen: ISC.