La escritora
surcoreana, que acaba de publicar en España 'Tinta y sangre', visita Barcelona
para participar en las celebraciones de Sant Jordi. "Me hace mucha ilusión
este día, saber que hay una ciudad llena de gente que ama los libros"
Andrés Seoane / A Coruña
Hay escritores que
construyen una obra y otros que, casi sin proponérselo, levantan un territorio
moral propio. La escritora surcoreana Han Kang (Gwangju, 1970) pertenece a esta
segunda estirpe, la de quienes escriben no tanto para contar el mundo
como para someterlo a una forma de interrogación constante. Su llegada
a Barcelona, en la antesala de Sant Jordi, -ayer ofreció una charla en el
Centre de Cultura Contemporània (CCCB) en la que se arrancó incluso a saludar
en catalán: "bona tarda a tothom"- tiene algo de acontecimiento
silencioso, acorde con una autora cuya obra ha convertido la
fragilidad, el dolor y la memoria en materiales de indagación literaria
de primer orden.
"Me han hablado
sobre el día de Sant Jordi, lo conozco desde hace tiempo, y tengo
muchas ganas de verlo con mis propios ojos", ha comenzado diciendo la
escritora, que participará mañana en firmas y varios encuentros con lectores.
"Los que amamos la literatura tenemos inevitablemente una parte
silenciosa, creo yo, pero me emociona mucho saber que hay una ciudad
llena de gente que ama los libros", ha añadido.
De hecho, la escritora trabajó durante años como librera y ha defendido sin ambages la importancia de los libros y la lectura. "Tanto amor tenía por la literatura que abrí una librería, eso lo dice todo, ¿no?", ha asegurado. "Siempre me fascinó el concepto de escritor, cómo alguien se lanza a responder preguntas, a cuestionarse qué es ser humano y escribir con eso obras preciosas", recuerda la autora, que confiesa que ya de pequeña supo "que quería ser como ellos, parte de esa comunidad".
En este sentido, Han
ha afirmado que el veloz mundo actual puede ser un enemigo. "En nuestro
día a día, muchas veces estamos muy ocupados y no tenemos tiempo para leer,
¿verdad?", ha preguntado. "Pero cuando dejamos de leer, nos
volvemos más inflexibles, menos humanos. No leer limita nuestros
sentimientos, hace la vida más gris. Cuando estoy un tiempo sin leer, intento
esforzarme y hacerlo para poder recuperar todos esos sentimientos que quizás
haya perdido por no haber leído durante un tiempo", ha explicado.
La concesión del Premio Nobel en 2024 no ha alterado
sustancialmente la naturaleza de su literatura, la escritura como forma de
resistencia íntima dedicada a responder preguntas difíciles, pero sí ha
desplazado su centro de gravedad, lo que durante años fue un secreto a
voces, una de las prosas más radicales y precisas de la narrativa
contemporánea, ha pasado a ocupar un primer plano inevitable.
Sin embargo, en Han no
hay épica del reconocimiento. Su escritura sigue instalada en ese lugar
incómodo donde el lenguaje parece avanzar a tientas, como si cada frase
midiera el alcance de lo que puede, y no puede, decirse. "A pesar de haber
recibido ese galardón, tan importante y tan valioso, nada dentro de mí ha
cambiado y vivo diariamente con los mismos pensamientos y sensaciones internas
que antes de recibirlo", ha apuntado con sencillez.
"Si hay algo
diferente", ha concedido, "es que cuando voy por la calle la
gente de repente me habla o me quiere abrazar. Entonces me sorprendo y me
quedo un poco confusa, pero sé que lo hacen con buenas intenciones", ha
asegurado con cierta vergüenza. "Pero como para mí, al final y al cabo,
son desconocidos... eso es nuevo, por lo demás sigo igual, sigo escribiendo y
sigo viviendo".
"Tras el Nobel,
nada de mí ha cambiado, vivo diariamente con los mismos pensamientos y las
mismas sensaciones y sigo escribiendo"
Lo que sí parece haber
cambiado más es el mundo. Preguntada por el complejo contexto internacional,
cada vez más represivo y violento, la escritora ha asegurado rotunda: "Estamos
viviendo épocas más oscuras, es una verdad difícil de rechazar que todo el
mundo sabe. La historia siempre se repite, ¿no?, y las situaciones
actuales, también se vivieron en el pasado, pero es verdad que estamos
llegando a un pico de oscuridad", ha valorado sombría.
"Aún así, una de
las cosas que más me sorprende es que siempre al otro lado hay personas
que intentan sobrevivir y se cuidan y se curan las heridas", ha
recordado antes de hablar de un tema constante también entre la oscuridad de
muchos de sus libros, la esperanza. "La esperanza no es algo tan frágil
ni imposible como nos hacen creer. Tenemos que esforzarnos en ella,
aferrarnos a ella", ha defendido.
Una tarea en la que,
ha asegurado, nos puede ayudar el arte. "A través del arte y la literatura
las personas nos volvemos más sensibles, y esto nos permite ponernos en
el lugar de la vida en vez de en el lugar de la muerte. Nos hacen más
tolerantes y empáticos para que podamos sentir a piel más viva los sufrimientos
que tienen los demás", ha reflexionado. "En este mundo de
desgracias repetitivas y dramáticas tenemos que intentar sufrir también por los
demás. Aunque nosotros no seamos participantes directamente de ese dolor,
creo que la literatura y el arte siempre están del lado de la vida y están
haciendo su trabajo de poner a las personas que los disfrutan en el lugar de la
vida".
"Estamos viviendo
épocas oscuras, es una verdad difícil de rechazar. El arte y la literatura
sirven para darnos esperanza"
Pausada y sonriente,
la escritora ha charlado también sobre su último libro publicado en
España, Tinta y sangre (Random House, como toda su
obra), novela escrita entre sus dos grandes obras y publicada originalmente en
2010, en la que la autora surcoreana explora cómo podemos sobrevivir en
un cosmos regido por el dolor, recurriendo al arte, la memoria, los afectos
y la búsqueda de la verdad. "Resumiendo, diría que hablaría sobre una
mujer que dedica toda su vida a descubrir y poder probar que la muerte de su
amiga, que era casi como una hermana de sangre para ella, no fue un
suicidio", ha condensado Han.
"Por eso tiene un
toque de misterio, detectivesco, como un thriller, aunque no sigue
las pautas tradicionales. Al fin y al cabo, esta novela trata
principalmente del amor", ha confesado. "A pesar de estar llena
de los sufrimientos y aflicciones que todos podemos tener a lo largo de nuestra
vida, la idea era demostrar que aún así merece la pena vivir. Quería transmitir
ese mensaje, por eso creo que es una novela llena de amor", afirma. Y ante
las risas del público, dice: "se están riendo, ¿es porque no están de
acuerdo?", bromea.
Más allá de este
nuevo-viejo título, desde la irrupción internacional que supuso La
vegetariana, con la que obtuvo el Booker International, hasta títulos
posteriores como La clase de griego o Imposible decir adiós, la escritura de Han ha ido
perfilando una poética reconocible, atenta al cuerpo como territorio de
conflicto, al lenguaje como límite y a la violencia como una presencia
que rara vez se manifiesta de forma directa, pero que condiciona la vida
cotidiana de manera persistente.
Pero reducirla a esos
temas sería empobrecerla, pues lo verdaderamente distintivo en su obra es la
forma en que esa materia se traduce en una prosa que rehúye el énfasis, que
avanza con una claridad engañosa y que, en su aparente serenidad,
contiene una tensión difícil de disipar. Nacida en Gwangju, ciudad marcada
por la violencia de la represión militar que atraviesa de forma explícita
libros como Actos humanos, Han Kang ha construido una obra
en la que la experiencia histórica y la percepción individual se entrelazan sin
jerarquías, dando lugar a una narrativa que no busca tanto explicar el trauma
como hacerlo perceptible en su complejidad y en sus zonas de sombra.
"Todo humano vive
en este mundo con un cuerpo físico, y pienso que eso es un elemento muy
importante en nuestras vidas, por lo que cuando estoy escribiendo le doy mucha
importancia a los sentidos", ha explicado la escritora sobre su forma de
narrar. "Cuando describo lo que están sintiendo los personajes, intento
sentirlo yo también con mi propio cuerpo, a piel viva, para poder
describirlo más detalladamente. En lugar de escribir 'estuvo ansioso o estuvo
angustiado', me gusta poder transmitir las corrientes eléctricas que todos
realmente sentimos al tener esas sensaciones".
"Estoy
escribiendo mi libro más personal, uno que habla de la historia de mi familia,
y siempre dudo de si podré terminarlo"
Además de la
plasticidad de su escritura, hay algo, en última instancia, profundamente
contemporáneo en la forma de narrar de Han, pero no en el sentido epidérmico
del término, sino en su capacidad para captar una sensibilidad
atravesada por la fragilidad, el duelo y la necesidad de sentido. Que esa
voz resuene ahora en Barcelona no responde tanto a la lógica de la actualidad
como a la persistencia de una obra que, sin hacer ruido, ha ido ocupando un
lugar central en la literatura de nuestro tiempo.
De hecho, ha confesado
en la charla que prepara una nueva novela, aunque no ha querido contar mucho.
"Si hablo demasiado, la magia desaparece, así que no le voy a contar los
detalles. Pero estoy escribiendo un libro bastante personal. De una
manera u otra sería el libro más personal que habré escrito, pues habla de mi
familia", ha desgranado con cautela, antes de confesar: "Cada vez
que estoy escribiéndolo siempre tengo ese pensamiento de '¿podré terminar el
libro, completarlo del todo?'. Pero también siempre tengo la esperanza de
que sí, que lo podré acabar y que será exitoso para mí", ha revelado.
A la espera de este
próximo título, para el lector español que ha seguido su trayectoria desde hace
años, la visita de Han tiene algo de confirmación de una de las voces
más singulares de la narrativa contemporánea global, pero también
oportunidad para volver sobre unos libros que, leídos hoy, a la luz de su
reconocimiento internacional, revelan con mayor nitidez la consistencia
de un proyecto literario ajeno a modas y a simplificaciones. En un tiempo
particularmente dado a la estridencia, su escritura persiste, con una firmeza
discreta, en la exploración de aquello que se resiste a ser dicho.
Tomado de El Mundo /
España. Imagen: Lorena Sopena
