Martine Moise describió
al tribunal la noche de julio de 2021 cuando hombres armados irrumpieron en su
residencia, mataron a tiros a su esposo y la hirieron gravemente.
Casi cinco
años después de que el presidente de Haití fuera asesinado en su dormitorio,
delante de su esposa, el martes está se ahogó en lágrimas al comenzar a
testificar en el juicio celebrado en Estados Unidos contra cuatro de los
hombres acusados de planear su asesinato.
“Por favor,
perdónenme”, dijo Martine Moise ante el Tribunal Federal de Distrito de Miami
al romper en lágrimas instantes después de subir al estrado.
Utilizando el
nombre con el que llamaba a su esposo desde hacía 25 años, el presidente Jovenel
Moise, añadió:
“Le prometí a
Jo que no volvería a llorar. Llevo tanto tiempo esperando”.
Testimonio
Vestida con
chaqueta, blusa y falda negras, Moise, de 51 años, luchó con sus emociones
cuando empezó a describir los acontecimientos de la noche de julio de 2021,
cuando unos hombres armados irrumpieron en
su residencia, mataron a tiros a su esposo y la hirieron gravemente, lo que
sumió a su atribulado país en un caos aún mayor.
El martes, al
comenzar el juicio, dijo al tribunal que aquella noche se despertó a eso de la
1 a. m. por el ruido de los disparos y se volvió, aterrorizada, hacia su
esposo, que yacía a su lado.
“Lo miré a
los ojos. Estaba en estado de shock”, dijo.
Moise narró
que le preguntó:
“Cariño, ¿qué
está pasando?”.
Él respondió:
“Cariño, estamos muertos”.
Jovenel
Moise, de 53 años, fue abatido a quemarropa poco antes de las 2 a.m., en la
culminación de lo que, según la fiscalía, fue una conspiración de un mes
orquestada por una empresa de seguridad de la zona de Miami, la Academia
Federal de la Unidad Antiterrorista, o CTU por su sigla en inglés.
La fiscalía
afirma que la CTU esperaba derrocar al presidente en un “golpe violento” para
obtener lucrativos contratos de seguridad de su sustituto.
Los cuatro
acusados, imputados por conspiración “para matar o secuestrar” al
presidente, incluían a los copropietarios de la CTU, Arcangel Pretel Ortiz,
que es colombiano, y un estadounidense de origen venezolano, Antonio
Intriago, quien también se enfrenta a cargos relacionados con la
exportación ilegal de chalecos antibalas.
También están
acusados James Solages, empleado haitianoestadounidense de la
empresa de seguridad, y Walter Veintemilla, estadounidense de
origen ecuatoriano que ayudó a financiar el proyecto de la compañía en Haití.
Un quinto
acusado, Christian Sanon, pastor haitianoestadounidense y aspirante
a candidato presidencial, será juzgado por separado en una fecha posterior
debido a problemas de salud.
La acusación
de 2023 imputaba a 11 hombres en una extraña trama en la que estaba implicado
un equipo de sicarios formado por unos 20 ex soldados colombianos, la mayoría
de los cuales están encarcelados en Haití a la espera de ser juzgados allí.
Cinco
acusados en el caso estadounidense se han declarado culpables de participar en
la conspiración y han sido condenados a cadena perpetua, y otro se declaró
culpable de un cargo de proporcionar chalecos antibalas y fue condenado a nueve
años.
Acusación
Durante las
declaraciones iniciales del martes, antes de que Martine Moise testificara, el
fiscal, Sean McLaughlin, resumió el caso del gobierno para el jurado, y afirmó
que los acusados estaban motivados por “la codicia, la arrogancia y el poder”.
El caso
contra los cuatro “no era complicado”, dijo McLaughlin al jurado y explicó que
pretendían hacerse con el poder y enriquecerse.
“Tan
arrogantes y confiados en sí mismos, como demostrarán las pruebas, y con tan
poca consideración con la República de Haití y
su pueblo, pensaron que podían conseguirlo”, dijo.
Dijo que los
acusados se comunicaban mediante mensajes de texto cifrados poco disimulados,
llamando a Moise “la rata” y “el ladrón”.
También dijo
que a veces llevaban uniformes militares estadounidenses falsos y se hacían
pasar por funcionarios del Departamento de Estado, la Administración para el
Control de Drogas o la CIA.
Los fiscales
afirman que la empresa de seguridad también organizó reuniones con líderes de
pandillas violentas de Haití para ayudar a deponer a Moise, como parte de
varios esfuerzos cada vez más desesperados para derrocarlo en 2021.
Tras el
asesinato de Moise, dijo McLaughlin, uno de los acusados envió un mensaje de
texto que decía: “la rata está en la caja”.
Los fiscales
afirman que los acusados no expresaron “ninguna conmoción u horror genuinos”, y
que estaban concentrados en su plan de fuga, el cual fracasó al verse acorralados
y detenidos.
Los abogados
defensores sostienen que sus clientes son inocentes y que la empresa de
seguridad se vio accidentalmente envuelta en un siniestro plan de oscuras
fuerzas haitianas que tergiversaron la legítima misión de seguridad de la
empresa en favor de su propio plan para deshacerse de Moise.
En sus
alegatos iniciales, los abogados defensores culparon repetidamente a varios
haitianos implicados en el plan, encabezados por un ex funcionario del
Ministerio de Justicia haitiano, Joseph Badio, quien fue despedido por Moise
por corrupción dos meses antes del asesinato.
“A mi cliente
le tendieron una trampa”, dijo Orlando do Campo, abogado de Pretel, quien
descartó cualquier mensaje de texto potencialmente incriminatorio como
“declaraciones hechas con falsa bravuconería”.
Dijo al
jurado que su cliente era un exagente de la ley colombiano entregado a su
trabajo, quien durante muchos años había trabajado como informante del FBI en
casos delicados relacionados con el narcotráfico y el terrorismo.
Lejos de
dirigir una conspiración encubierta, dijeron los abogados, los propietarios de
la empresa de seguridad escribieron una carta a la embajada de Estados Unidos
en la que anunciaron su presencia en Haití, e incluso facilitaron los nombres y
pasaportes de los 20 soldados colombianos que habían contratado para trabajar
allí.
“¿Qué clase
de persona que está planeando un asesinato va a la embajada y se anuncia?”,
dijo Emmanuel Pérez, abogado de Intriago.
Dijo que su
cliente estaba en un asado familiar en Texas la noche del asesinato y que no se
enteró del ataque a la residencia del presidente hasta más tarde esa mañana.
Martine Moise
volverá al estrado el miércoles por la mañana.
Se espera que
el juicio dure entre cuatro y seis semanas.
Su testimonio
es la primera vez que habla en detalle sobre el asesinato desde 2021, incluida
una larga entrevista con The New York Times apenas tres
semanas después del atentado.
En esa
entrevista, describió cómo los disparos le destrozaron el codo cuando los
asesinos irrumpieron en la habitación.
“Lo único que
vi antes de que lo mataran fueron sus botas”, recordó entonces Moise.
“Luego cerré
los ojos y ya no vi nada más”.
El martes
entró y salió del juzgado con la parte inferior del brazo derecho torcida, y
los fiscales dicen que el codo le quedó dañado de forma permanente.
Quienes han
seguido el caso sienten curiosidad por saber si el juicio finalmente revelará
lo que buscaban.
Antes de que
el tribunal levantara la sesión el martes, Martine Moise relató cómo, tras oír
los disparos, se arrastró escaleras abajo para ver cómo estaban sus dos hijos,
ambos veinteañeros, a quienes encontró en el dormitorio de su hijo con un perro
de la familia.
Les dijo que
se protegieran de las balas perdidas en un cuarto de baño sin ventanas, y luego
volvió a subir a su dormitorio.
Encontró a su
esposo escondido en el suelo, a la derecha de la cama, y él le indicó que
hiciera lo mismo a la izquierda de la cama y que usaran el colchón como
cubierta.
Tumbada boca
abajo, dijo que intentó meter la cabeza y la parte derecha del cuerpo debajo de
la cama, pero era demasiado baja.
Fue entonces
cuando irrumpieron los hombres armados.
Tomado de The New York Times / Imagen: Federico Rios para The New York Times.