El experto, auténtica eminencia de la psiquiatría, espanta la
idea clásica de felicidad y señala los cuatro puntos que deben sujetar
cualquier proyecto de vida.
Por Sergio Murillo - Redactor de Tikitakas
Desde la noche de los tiempos ha habido pensamientos
que han rondado la mente del humano y alimentado sus divagaciones: la
política, la metafísica, la idea de Dios o la felicidad son
algunos de los más recurrentes. La búsqueda de su esencia marca todavía hoy
las sendas mentales de numerosos pensadores; y, quizá, de
todos los citados sea la felicidad el que más ocupa la cabeza del ciudadano de
a pie.
Si para Aristóteles eran la virtud y la
razón, para Epicuro se encontraba en el placer tranquilo y la
ausencia de dolor; dijeron los estoicos se trataba de la
libertad frente a la pasión y cayó Nietzsche en que se hallaba
en la superación de la resistencia y el aumento de poder. Y, según Enrique
Rojas, psiquiatra, catedrático emérito de la Universidad de
Extremadura y auténtica eminencia española en este campo, no es sino “tener
buena salud y muy mala memoria”.
En busca del concepto
El experto concedió hace algunos meses una entrevista a ‘La
Fórmula Podcast’, presentado por Mili Hadad, en la que hacía hincapié en la
idea de que la felicidad es una forma más de interpretar el mundo y las
vivencias de cada uno. Es decir, espanta la idea de que se encuentre
la dicha en la suma de placeres, tal y como muchas personas podrían pensar, y
apunta que, en esta espiral, el proceso de olvidar es absolutamente
clave.
Según detalla Rojas, la felicidad necesita dos pilares
básicos para mantenerse en pie: una personalidad equilibrada, que para él
supone “la puerta de entrada al castillo de la felicidad”, y un
proyecto de vida, que, dice, debe estar basado en el amor, la amistad,
el trabajo y la cultura. De esta forma, la felicidad no se trata de un
culmen, sino de un equilibrio dinámico e imperfecto. Para evitar confusiones,
distingue entre felicidad puntual, que son momentos concretos de placer y los
verdaderos “placeres de la vida”, y la felicidad estructural, que
es la importante: se trata de un balance vital, de la evaluación
que cada uno hace de los citados cuatro puntos que marcan el proyecto
vital de cada uno.
La importancia de olvidar
En cuanto a la memoria, explica que la propia cabeza
funciona olvidando las cosas negativas como acto de protección, de manera
que la memoria, si mal gestionada, se puede convertir en una fuente de
sufrimiento. En esta línea, insiste que recordar requiere de una parte
activa que puede, incluso, convertirse en patológica si se enfoca
hacia lo negativo: la memoria almacena, más allá de sucesos,
sensaciones que, de estar ‘guardadas’ de manera caótica en el cerebro,
pueden terminar por afectar al bienestar mental.
Por todo esto insiste en que olvidar no está mal, sino todo
lo contrario. No es una cuestión de olvidar la realidad, sino de
gestionar que lo negativo no ocupe un espacio en la mente y se vuelva,
por tanto, tóxico y dañino.
Tomado de AS / España.