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01 marzo, 2026

Domingo Kultural / Willie El Malo

 Por Pedro Mosqueda

En las múltiples vidas que he tenido solo recuerdo hasta ahora una cosa de la que me arrepentiré eternamente: no haber aprendido a bailar salsa cabilla como se la vacilan en los barrios populares.

Es algo incomprensible, que a veces me desvela, porque me crié en un mundo lleno de fiestas y ritmos. En la calle donde vivía todos los sábados, como convocados por una trompeta mágica, los vecinos sacaban el picó a la calle, y aquello se transformaba en un pandemonio de sonidos. Y yo... mirando. Con envidia. Guillao. Tratando de descifrar aquella alquimia; entender aquella magia, aquellos pasos, aquellos giros, que a ellos les salían con tanta naturalidad.

Más adelante traté de saldar esa deuda, bueno, en parte. Hice un curso de baile y, por supuesto, tampoco así aprendí a bailar salsa... ¡Pero me volví tremendo merenguero! Estaba pegado en las radios Wilfrido Vargas, El baile del perrito, Volveré, El jardinero. Entonces fui menos aburrido. Dejé de ser el mueble del salón.

 *Las estrellas que nos criaron...

Me pueden quitar lo bailao, pero no lo escuchao. Levité con las letras, con los timbales, con el trombón, la poesía filosa, las voces y el desparpajo de Willie Colón, Héctor Lavoe y Rubén Blades. Crecimos escuchando a esa constelación: las Estrellas de Fania, y la secta de Willie El Malo, el enamorado de Venezuela; ellos sabían que en Caracas se probaban los discos de salsa: si triunfaban aquí, triunfaban en todo el mundo.

Caracas le recordaba la "Caldera del Diablo", en su Bronx natal. Allí aprendió el arte de comunicar con su música: breve, creadora y rebelde. "Oiga señora agarré bien la cartera, allí roban en ese barrio... agarre bien la cartera". Crónica social, barrio con metáfora. "Cuidao en la calle..."  

  *Deja esa negra...

Gracias a él conocimos a otra Soledad Bravo; Willie la sacó más allá de sus hermosas canciones de protesta y de solemnidad, y la puso (nos puso) a bailar con "Deja a esa negra bailar en paz".

*Cuatro estados del alma

Willie vivió todos los estados civiles artísticos.

Soltero cuando mataba tigres en el "Círculo del Borscht" y el circuito de hoteles y salones de fiesta en el Bronx, de la mano de su futuro productor Larry Harlow, el judío maravilloso, integrando luego la Fania All Stars con Jerry Masucci, que no era judío pero era muy jodío. Casado en primeras nupcias con El Cantante Héctor Lavoe, con quien tuvo inolvidables hijos musicales, con quien introdujo en la salsa aquellos arreglos con la participación del trombón que se nos han hecho carne y sangre. Yo escucho La Murga, y algo en mi ADN se alborota. No sé tú... Cuando la oigo, venzo mi bloque con la salsa y tiro ahí un par de tijeretas. Ya no era pachanga, era conciencia con tumbao.

*La separación 

Viudo cuando falleció Héctor Lavoe. A él lo ayudó hasta donde pudo. *Uno a los amigos los acompaña hasta donde se puede*.

Casado en segundas nupcias con Rubén Blades, con quien tuvo hijos que ya no eran una simple pachanga, sino que tenían una conciencia política y una conciencia poética: Pedro Navaja, Plástico, Juan Pachanga, Tiburón...

*Divorciado, cuando se separó de Rubén.

Hoy decimos que, así como Bob Dylan se ganó el Premio Nóbel de Literatura, Rubén Blades se merecía el Premio Cervantes. Le puso corbata a la salsa sin perder su origen popular.

La separación potenció la carrera de los solistas; antes nos dieron una cosecha madura (sembraron) inolvidable, que cierra uno de los ciclos más vitales y poderosos de la salsa: Gitana gitana, Idilio, El Gran Varón... ¡Gracias! 

 *Una anécdota, para variar

Nunca olvidaré la conmoción que causó Willie El Malo en Maracay, cuando arrancó en dúo con Rubén Blades en un concierto. Fue un evento montado en el Círculo Militar de Maracay por el maracayero Omar Sánchez, con quien tuvo una buena amistad. Aquello fue apoteósico. Doy fe de ello.

La casualidad nos lo arrimó al día siguiente. ¿Cómo olvidarlo? Lo encontramos en La Encrucijada de Maracay: la parada obligatoria de los famosos. Willie y su gente despachaban el clásico sánguche de pernil con su ruedita de tomate...

Nos pusimos de acuerdo tres frasquiteros que andábamos por allí leyendo los periódicos y revistas gratis en el kiosko al lado de la bomba de gasolina: Omar Fuentes, Carlos "Guateque" Mendoza, -dos melómanos rudos y con linaje- y su humilde servidor: yo mesmo.

-Mira Willie -le dijo Mendoza- ese libro de César Miguel Rondón no te trata bien. ¿Qué pasó ahí?

Suficiente para que nos mandara a sentar en su mesa. La conversación, pese a las interrupciones, fue larga y agradable. Con mucha diplomacia nos insinuó su descontento con esa parte del libro. Ya era un tipo sencillo y discreto.

Es lo que recuerdo; allí estaban los mismos tipos que la noche anterior cantaban "Oh, que será, qué será..."

*La música emancipa

 ¿Cuántas secuencias de tu vida, apreciado lector, no llevan como banda sonora alguna canción de Willie Colón? Digo, si eres mayor de 40 años... porque la música cuando es grande emancipa y produce nostalgia 

 *Un hasta luego

Lo imagino armando un guateque celestial allá arriba; espero, que cuando me corresponda, estar bien entrenado y poder bailar salsa cabilla, eso sí: que el solista sea El Cantante. En ese otro Universo paralelo, donde también habrá salsa, para regocijo de los latinos que nos encontremos entre nubes, o entre las estrellas. Y tranquilo, lo de "Niño Malo" era puro marketing. Usted no se ha ido maestro, los tipos chéveres no se van.

Nos vemos por ahí, maestro.