En las múltiples vidas que he tenido solo recuerdo hasta
ahora una cosa de la que me arrepentiré eternamente: no haber aprendido a
bailar salsa cabilla como se la vacilan en los barrios populares.
Es algo incomprensible, que a veces me desvela, porque me
crié en un mundo lleno de fiestas y ritmos. En la calle donde vivía todos los
sábados, como convocados por una trompeta mágica, los vecinos sacaban el picó a
la calle, y aquello se transformaba en un pandemonio de sonidos. Y yo...
mirando. Con envidia. Guillao. Tratando de descifrar aquella alquimia; entender
aquella magia, aquellos pasos, aquellos giros, que a ellos les salían con tanta
naturalidad.
Más adelante traté de saldar esa deuda, bueno, en parte. Hice
un curso de baile y, por supuesto, tampoco así aprendí a bailar salsa... ¡Pero
me volví tremendo merenguero! Estaba pegado en las radios Wilfrido Vargas, El
baile del perrito, Volveré, El jardinero. Entonces fui menos aburrido. Dejé de
ser el mueble del salón.
*Las estrellas que nos criaron...
Me pueden quitar lo bailao, pero no lo escuchao. Levité con
las letras, con los timbales, con el trombón, la poesía filosa, las voces y el
desparpajo de Willie Colón, Héctor Lavoe y Rubén Blades. Crecimos escuchando a
esa constelación: las Estrellas de Fania, y la secta de Willie El Malo, el
enamorado de Venezuela; ellos sabían que en Caracas se probaban los discos de
salsa: si triunfaban aquí, triunfaban en todo el mundo.
Caracas le recordaba la "Caldera del Diablo", en su
Bronx natal. Allí aprendió el arte de comunicar con su música: breve, creadora
y rebelde. "Oiga señora agarré bien la cartera, allí roban en ese
barrio... agarre bien la cartera". Crónica social, barrio con metáfora.
"Cuidao en la calle..."
*Deja esa negra...
Gracias a él conocimos a otra Soledad Bravo; Willie la sacó
más allá de sus hermosas canciones de protesta y de solemnidad, y la puso (nos
puso) a bailar con "Deja a esa negra bailar en paz".
*Cuatro estados del alma
Willie vivió todos los estados civiles artísticos.
Soltero cuando mataba tigres en el "Círculo del
Borscht" y el circuito de hoteles y salones de fiesta en el Bronx, de la
mano de su futuro productor Larry Harlow, el judío maravilloso, integrando
luego la Fania All Stars con Jerry Masucci, que no era judío pero era muy
jodío. Casado en primeras nupcias con El Cantante Héctor Lavoe, con quien tuvo
inolvidables hijos musicales, con quien introdujo en la salsa aquellos arreglos
con la participación del trombón que se nos han hecho carne y sangre. Yo
escucho La Murga, y algo en mi ADN se alborota. No sé tú... Cuando la oigo,
venzo mi bloque con la salsa y tiro ahí un par de tijeretas. Ya no era
pachanga, era conciencia con tumbao.
*La separación
Viudo cuando falleció Héctor Lavoe. A él lo ayudó hasta donde
pudo. *Uno a los amigos los acompaña hasta donde se puede*.
Casado en segundas nupcias con Rubén Blades, con quien tuvo
hijos que ya no eran una simple pachanga, sino que tenían una conciencia
política y una conciencia poética: Pedro Navaja, Plástico, Juan Pachanga,
Tiburón...
*Divorciado, cuando se separó de Rubén.
Hoy decimos que, así como Bob Dylan se ganó el Premio Nóbel
de Literatura, Rubén Blades se merecía el Premio Cervantes. Le puso corbata a
la salsa sin perder su origen popular.
La separación potenció la carrera de los solistas; antes nos
dieron una cosecha madura (sembraron) inolvidable, que cierra uno de los ciclos
más vitales y poderosos de la salsa: Gitana gitana, Idilio, El Gran Varón...
¡Gracias!
*Una anécdota, para variar
Nunca olvidaré la conmoción que causó Willie El Malo en
Maracay, cuando arrancó en dúo con Rubén Blades en un concierto. Fue un evento
montado en el Círculo Militar de Maracay por el maracayero Omar Sánchez, con
quien tuvo una buena amistad. Aquello fue apoteósico. Doy fe de ello.
La casualidad nos lo arrimó al día siguiente. ¿Cómo
olvidarlo? Lo encontramos en La Encrucijada de Maracay: la parada obligatoria
de los famosos. Willie y su gente despachaban el clásico sánguche de pernil con
su ruedita de tomate...
Nos pusimos de acuerdo tres frasquiteros que andábamos por
allí leyendo los periódicos y revistas gratis en el kiosko al lado de la bomba
de gasolina: Omar Fuentes, Carlos "Guateque" Mendoza, -dos melómanos
rudos y con linaje- y su humilde servidor: yo mesmo.
-Mira Willie -le dijo Mendoza- ese libro de César Miguel
Rondón no te trata bien. ¿Qué pasó ahí?
Suficiente para que nos mandara a sentar en su mesa. La
conversación, pese a las interrupciones, fue larga y agradable. Con mucha
diplomacia nos insinuó su descontento con esa parte del libro. Ya era un tipo
sencillo y discreto.
Es lo que recuerdo; allí estaban los mismos tipos que la
noche anterior cantaban "Oh, que será, qué será..."
*La música emancipa
¿Cuántas secuencias de tu vida, apreciado lector, no
llevan como banda sonora alguna canción de Willie Colón? Digo, si eres mayor de
40 años... porque la música cuando es grande emancipa y produce nostalgia
*Un hasta luego
Lo imagino armando un guateque celestial allá arriba; espero,
que cuando me corresponda, estar bien entrenado y poder bailar salsa cabilla,
eso sí: que el solista sea El Cantante. En ese otro Universo paralelo, donde
también habrá salsa, para regocijo de los latinos que nos encontremos entre
nubes, o entre las estrellas. Y tranquilo, lo de "Niño Malo" era puro
marketing. Usted no se ha ido maestro, los tipos chéveres no se van.
Nos vemos por ahí, maestro.