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23 marzo, 2026

En defensa de Rico

Por Fredy Rincón Noriega

Ricardo Ríos merece una defensa clara y firme ante la campaña de ataques personales desatada tras su designación como viceministro de Educación Superior.

No se trata de un improvisado, ni de un oportunista. Es un profesor con larga trayectoria en la Escuela de Matemáticas de la Universidad Central de Venezuela. Allí ha formado generaciones de profesionales competentes. Sigue su labor docente con rigor y constancia, en medio del deterioro institucional. Ha resistido el éxodo docente, los recortes presupuestarios y la desatención oficial. Permanece en la universidad pública pese a las remuneraciones precarias y limitaciones materiales. 

Su compromiso con la justicia y la democracia tiene raíces tempranas. Desde la educación media participó en luchas cívicas. Más tarde extendió esa vocación al ámbito latinoamericano. Acompañó causas democráticas en Centroamérica frente a dictaduras, intervenciones y violaciones de derechos humanos. Desempeñó estas duras tareas desde una izquierda crítica, sin concesiones al autoritarismo ni renuncia a principios republicanos.

En Venezuela ha defendido de forma incesante la autonomía universitaria y la libertad de cátedra. En la UCV y en otros espacios públicos sustenta la necesidad de una institución libre de tutelas políticas. Promueve una gestión académica orientada al conocimiento crítico. Asimismo, siempre ha rechazado las presiones dirigidas a controlar la vida universitaria por parte del gobierno.

En el debate público destaca por su estilo. Expone argumentos sólidos. Desarrolla análisis rigurosos. Utiliza un lenguaje respetuoso y civilizado. Prescinde del insulto y la descalificación. Explica asuntos complejos con claridad pedagógica. Participa en numerosos espacios de discusión en prensa, radio y televisión. En los temas que aborda eleva el nivel del intercambio. Su desempeño parlamentario confirma esa trayectoria.

Los ataques actuales no constituyen crítica legítima. Expresan resentimiento y animadversión. Provienen de sectores incapaces de aceptar el ascenso de un académico sin privilegios heredados. Un profesional cuya trayectoria descansa en el mérito y el trabajo sostenido.

Se manipulan opiniones pasadas con el fin de socavar su imagen. Se construyen relatos hostiles. Se difunden agravios con intención política. Nada de ello borra décadas de dedicación a la docencia. Tampoco anula su participación en luchas democráticas dentro y fuera del país. Menos aún podrán desvirtuar su férrea defensa de la universidad autónoma.

Ricardo Ríos es un educador y un demócrata. Su obra exige respeto. La discrepancia resulta legítima cuando se funda en argumentos. La injuria no.