Por Fredy Rincón Noriega
Ricardo Ríos merece una defensa clara y firme ante la campaña
de ataques personales desatada tras su designación como viceministro de
Educación Superior.
No se trata de un improvisado, ni de un oportunista. Es un
profesor con larga trayectoria en la Escuela de Matemáticas de la Universidad
Central de Venezuela. Allí ha formado generaciones de profesionales
competentes. Sigue su labor docente con rigor y constancia, en medio del
deterioro institucional. Ha resistido el éxodo docente, los recortes
presupuestarios y la desatención oficial. Permanece en la universidad pública
pese a las remuneraciones precarias y limitaciones materiales.
Su compromiso con la justicia y la democracia tiene raíces tempranas. Desde la educación media participó en luchas cívicas. Más tarde extendió esa vocación al ámbito latinoamericano. Acompañó causas democráticas en Centroamérica frente a dictaduras, intervenciones y violaciones de derechos humanos. Desempeñó estas duras tareas desde una izquierda crítica, sin concesiones al autoritarismo ni renuncia a principios republicanos.
En Venezuela ha defendido de forma incesante la autonomía
universitaria y la libertad de cátedra. En la UCV y en otros espacios públicos
sustenta la necesidad de una institución libre de tutelas políticas. Promueve
una gestión académica orientada al conocimiento crítico. Asimismo, siempre ha
rechazado las presiones dirigidas a controlar la vida universitaria por parte
del gobierno.
En el debate público destaca por su estilo. Expone argumentos
sólidos. Desarrolla análisis rigurosos. Utiliza un lenguaje respetuoso y
civilizado. Prescinde del insulto y la descalificación. Explica asuntos
complejos con claridad pedagógica. Participa en numerosos espacios de discusión
en prensa, radio y televisión. En los temas que aborda eleva el nivel del
intercambio. Su desempeño parlamentario confirma esa trayectoria.
Los ataques actuales no constituyen crítica legítima.
Expresan resentimiento y animadversión. Provienen de sectores incapaces de
aceptar el ascenso de un académico sin privilegios heredados. Un profesional
cuya trayectoria descansa en el mérito y el trabajo sostenido.
Se manipulan opiniones pasadas con el fin de socavar su
imagen. Se construyen relatos hostiles. Se difunden agravios con intención
política. Nada de ello borra décadas de dedicación a la docencia. Tampoco anula
su participación en luchas democráticas dentro y fuera del país. Menos aún
podrán desvirtuar su férrea defensa de la universidad autónoma.
Ricardo Ríos es un educador y un demócrata. Su obra exige
respeto. La discrepancia resulta legítima cuando se funda en argumentos. La
injuria no.
