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08 marzo, 2026

Antes del cambio, el entendimiento

Por Eglée González Lobato

La experiencia comparada muestra un patrón consistente en el que los procesos de estabilización que perduran no comienzan con grandes transformaciones, sino con acuerdos básicos que fijan condiciones claras de interacción

Venezuela entra en una etapa de estabilización tras los episodios de alta tensión registrados a comienzos de año. La confrontación ha disminuido y el sistema político opera en un entorno menos incierto. El dato es relevante, pero no decisivo, porque la estabilidad no se sostiene por el simple transcurso del tiempo, sino por reglas que encaucen el ejercicio del poder y redefinan los incentivos que han dado forma al comportamiento político.

Las diferencias forman parte de toda dinámica política y lo determinante es cómo se gestionan. En la experiencia venezolana reciente, la interacción entre actores se organizó bajo un esquema de exclusión recíproca en el que cada avance era interpretado como una pérdida definitiva para el otro. En ese contexto, el cálculo político se redujo al corto plazo, mientras las consecuencias futuras quedaban desplazadas del análisis. El resultado fue previsible, mayores costos institucionales, menor previsibilidad económica y márgenes cada vez más estrechos para acuerdos funcionales.

El momento actual abre una posibilidad distinta. Un entorno menos inestable modifica expectativas y eleva el costo de decisiones orientadas a la confrontación extrema. Cuando disminuye la percepción de inminencia permanente, también se amplía el espacio para estrategias menos disruptivas. No se trata de uniformidad en las visiones, sino de reconocer que la política no puede sostenerse sin acuerdos elementales sobre cómo se procesan los desacuerdos.

El entendimiento, en este sentido, es un método de orden. Supone establecer límites verificables e incorporar al cálculo político el costo que determinadas decisiones trasladan al país. Introduce racionalidad estratégica donde antes predominaba la reacción. Las controversias persisten, pero se encauzan dentro de parámetros que reducen la probabilidad de nuevas escaladas.

La experiencia comparada muestra un patrón consistente en el que los procesos de estabilización que perduran no comienzan con grandes transformaciones, sino con acuerdos básicos que fijan condiciones claras de interacción. Sin ese piso institucional, cualquier cambio se vuelve frágil y fácilmente reversible.

Esta redefinición incide en la calidad de la estabilidad. Las decisiones empiezan a evaluarse no solo por su efecto inmediato, sino por el riesgo que implican para el entorno político. La perspectiva deja de estar dominada por la urgencia y recupera una dimensión estratégica. Aun limitada, la previsibilidad permite coordinar expectativas y reduce la tentación a decisiones que alteren bruscamente el equilibrio existente.

En ese contexto, el punto no es acelerar el cambio, sino definir primero las condiciones bajo las cuales ese cambio pueda desarrollarse. Cuando el entendimiento establece una orientación clara en la conducción política, la incertidumbre deja de dominar el escenario y la dinámica entre actores adquiere mayor consistencia. Esta estabilización es transitoria por naturaleza, pero su solidez estará ligada al mantenimiento del reajuste de incentivos, al mayor costo de la confrontación extrema y a una interacción menos errática entre quienes participan en la vida pública.

@egleegolobato / Texto tomado de El Universal / Caracas.