Emplea a más de 300 personas para recoger residuos,
produce 25 bloques por hora y vende casas un tercio más baratas en Accra, Ghana
Entre Todos D.
Con la llegada de decenas de miles de personas cada año,
Accra enfrenta una escasez de viviendas y el crecimiento de
los barrios marginales. Un empresario cambió su fábrica de bolsos por ladrillos
de arena y plástico reciclado, prensados en caliente. La empresa paga por
peso, emplea a más de 300
personas y promete viviendas un tercio más baratas.
Accra experimenta una presión urbana constante y la búsqueda
de vivienda se ha convertido en una lucha diaria. Ante esta situación, una
iniciativa basada en plástico reciclado Intenta abordar
simultáneamente dos cuestiones delicadas: la montaña de residuos plásticos y el
coste de la construcción de viviendas.
La propuesta llama la atención por su aparente sencillez: lo
que parece un ladrillo común es, en la práctica, una mezcla de arena con
residuos plásticos transformados en bloques mediante calor y prensado. La
promesa de precios más bajos y mayor confort térmico choca con la realidad de
barrios con falta de saneamiento, recolección de basura y un exceso de basura.
Accra está creciendo y la vivienda se está quedando atrás
Cuando la ciudad no puede absorber la demanda habitacional de
los que en ella se establecen, se produce la expansión de zonas precarias,
donde las familias se hacinan en espacios improvisados e inseguros.
En Nima, el barrio marginal más grande de Accra, la falta de
infraestructura básica empeora todo: No hay baños ni recolección regular
de basura las calles acumulan suciedad y escombros. Para quienes viven allí, la
contaminación deja de ser un problema lejano y se convierte en parte de la vida
cotidiana, el lugar donde se sientan, conversan e incluso comen.
El cambio de rumbo del empresario y los engranajes de la
cobranza.
El empresario Nelson Butzen provenía del sector de bolsas
plásticas, pero decidió cambiar su modelo de negocio al darse cuenta de la
magnitud del problema de los residuos.
La lógica cambió: en lugar de simplemente producir y poner
más plástico en circulación, el enfoque se centró en utilizar materiales
descartados como materias primas y conectar esto con la falta de vivienda.
Para alimentar esta cadena, la empresa emplea a más de 300
personas en la recogida de residuos, con equipos que separan las bolsas de
envases y otros plásticos.
Dependiendo del tipo de plástico, existe un pago por
kilogramo de residuo, equivalente a unos 15 céntimos de euro, creando un
incentivo económico directo para retirar el material de las calles y canales.
¿Cómo se fabrican ladrillos a partir de arena y plástico
reciclados?
El proceso es industrial, pero con una lógica muy objetiva:
hay un dispositivo de limpieza y una máquina que descompone y funde el
plástico.
A altas temperaturas, el plástico reciclado se
mezcla con arena formando una pasta que luego se prensa en moldes hasta
convertirse en un ladrillo.
Las máquinas pueden producir 25 ladrillos por hora, y cada
bloque contiene un tercio de plástico reciclado. Este detalle es importante
porque define la cantidad de residuos que se utilizan en cada unidad y, al
mismo tiempo, indica que la estructura final depende no solo del plástico, sino
de una composición que busca la rigidez con arena y la conformación con el
polímero fundido.
También hay un elemento de diseño concebido teniendo en
cuenta el clima: los ladrillos están diseñados con una ranura y un agujero en
el medio, para dificultar la entrada de calor.
No se trata sólo de estética, se trata de un intento de
conseguir el confort térmico, especialmente relevante en una ciudad calurosa,
donde el material de construcción influye directamente en la temperatura
interior de las casas.
¿Cuánto cuesta y qué significa resistencia en la práctica?
En el debate sobre la construcción, el precio suele definirlo
casi todo, y aquí la promesa es clara: una casa construida con ladrillos de
plástico reciclado sería un tercio más barata que las alternativas
tradicionales. Esta reducción de costos se presenta como una forma de ampliar
el acceso a la vivienda para las personas de bajos ingresos.
Al mismo tiempo, la aceptación pública se describe por dos
razones recurrentes: más barato y duradero, con menciones a su longevidad y resistencia.
La propuesta intenta posicionar los ladrillos de plástico
reciclado como una solución práctica, pero el desafío es traducir esa
percepción en una escala de producción y entrega consistente.
El impacto ambiental y el papel del cemento en las emisiones.
La iniciativa también se basa en una comparación
medioambiental directa: los ladrillos de plástico reciclado serían más
"ecológicos" que la ruta del cemento, porque la producción de cemento
emite altas cantidades de gases de efecto invernadero.
Al sustituir parte del material de construcción por una
mezcla con residuos plásticos y arena, la idea es reducir la dependencia del
cemento y, en consecuencia, disminuir la huella de carbono del sector.
Además, hay un beneficio inmediato y visible: cada ladrillo
representa menos desperdicio.
Reconocimiento internacional y diálogo con el gobierno
La iniciativa obtuvo reconocimiento internacional, con una
invitación a una exposición mundial de reciclaje de plástico en Alemania.
Este tipo de escaparates suelen atraer socios, compradores y
atención institucional, pero también aumentan la presión por resultados
concretos en el territorio donde el problema es más urgente: Accra y sus
barrios circundantes.
Dentro del país, el plástico reciclado se perfila como
tendencia, y hay menciones de que el tema está llegando al gobierno como algo
ventajoso por ser mejor y más barato, además de contribuir al desarrollo
sostenible.
Sin embargo, entre reconocer una tecnología y transformarla
en política de vivienda urbana hay un camino difícil, compuesto de
regulaciones, inversión productiva y capacidad de ejecución.
La historia de Accra reúne lo que rara vez ocurre: La
basura como punto de partida y la vivienda como objetivo final.
Con nota firmada por María Heloísa Barbosa Borges,
tomada de GPG.