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27 febrero, 2026

Un empresario africano crea casas hechas de ladrillos de plástico reciclado mezclados con arena

 ETD

Emplea a más de 300 personas para recoger residuos, produce 25 bloques por hora y vende casas un tercio más baratas en Accra, Ghana

Entre Todos D.

Con la llegada de decenas de miles de personas cada año, Accra  enfrenta  una escasez de viviendas y el crecimiento de los barrios marginales. Un empresario cambió su fábrica de bolsos por ladrillos de arena y plástico reciclado, prensados ​​en caliente. La empresa paga por peso, emplea a más de 300 personas y promete viviendas un tercio más baratas.

Accra experimenta una presión urbana constante y la búsqueda de vivienda se ha convertido en una lucha diaria. Ante esta situación, una iniciativa basada en plástico reciclado Intenta abordar simultáneamente dos cuestiones delicadas: la montaña de residuos plásticos y el coste de la construcción de viviendas.

La propuesta llama la atención por su aparente sencillez: lo que parece un ladrillo común es, en la práctica, una mezcla de arena con residuos plásticos transformados en bloques mediante calor y prensado. La promesa de precios más bajos y mayor confort térmico choca con la realidad de barrios con falta de saneamiento, recolección de basura y un exceso de basura.

Accra está creciendo y la vivienda se está quedando atrás

Cuando la ciudad no puede absorber la demanda habitacional de los que en ella se establecen, se produce la expansión de zonas precarias, donde las familias se hacinan en espacios improvisados ​​e inseguros.

En Nima, el barrio marginal más grande de Accra, la falta de infraestructura básica empeora todo: No hay baños ni recolección regular de basura las calles acumulan suciedad y escombros. Para quienes viven allí, la contaminación deja de ser un problema lejano y se convierte en parte de la vida cotidiana, el lugar donde se sientan, conversan e incluso comen.

El cambio de rumbo del empresario y los engranajes de la cobranza.

El empresario Nelson Butzen provenía del sector de bolsas plásticas, pero decidió cambiar su modelo de negocio al darse cuenta de la magnitud del problema de los residuos.

La lógica cambió: en lugar de simplemente producir y poner más plástico en circulación, el enfoque se centró en utilizar materiales descartados como materias primas y conectar esto con la falta de vivienda.

Para alimentar esta cadena, la empresa emplea a más de 300 personas en la recogida de residuos, con equipos que separan las bolsas de envases y otros plásticos.

Dependiendo del tipo de plástico, existe un pago por kilogramo de residuo, equivalente a unos 15 céntimos de euro, creando un incentivo económico directo para retirar el material de las calles y canales.

¿Cómo se fabrican ladrillos a partir de arena y plástico reciclados?

El proceso es industrial, pero con una lógica muy objetiva: hay un dispositivo de limpieza y una máquina que descompone y funde el plástico.

A altas temperaturas, el plástico reciclado se mezcla con arena formando una pasta que luego se prensa en moldes hasta convertirse en un ladrillo.

Las máquinas pueden producir 25 ladrillos por hora, y cada bloque contiene un tercio de plástico reciclado. Este detalle es importante porque define la cantidad de residuos que se utilizan en cada unidad y, al mismo tiempo, indica que la estructura final depende no solo del plástico, sino de una composición que busca la rigidez con arena y la conformación con el polímero fundido.

También hay un elemento de diseño concebido teniendo en cuenta el clima: los ladrillos están diseñados con una ranura y un agujero en el medio, para dificultar la entrada de calor.

No se trata sólo de estética, se trata de un intento de conseguir el confort térmico, especialmente relevante en una ciudad calurosa, donde el material de construcción influye directamente en la temperatura interior de las casas.

¿Cuánto cuesta y qué significa resistencia en la práctica?

En el debate sobre la construcción, el precio suele definirlo casi todo, y aquí la promesa es clara: una casa construida con ladrillos de plástico reciclado sería un tercio más barata que las alternativas tradicionales. Esta reducción de costos se presenta como una forma de ampliar el acceso a la vivienda para las personas de bajos ingresos.

Al mismo tiempo, la aceptación pública se describe por dos razones recurrentes: más barato y duradero, con menciones a su longevidad y resistencia.

La propuesta intenta posicionar los ladrillos de plástico reciclado como una solución práctica, pero el desafío es traducir esa percepción en una escala de producción y entrega consistente.

El impacto ambiental y el papel del cemento en las emisiones.

La iniciativa también se basa en una comparación medioambiental directa: los ladrillos de plástico reciclado serían más "ecológicos" que la ruta del cemento, porque la producción de cemento emite altas cantidades de gases de efecto invernadero.

Al sustituir parte del material de construcción por una mezcla con residuos plásticos y arena, la idea es reducir la dependencia del cemento y, en consecuencia, disminuir la huella de carbono del sector.

Además, hay un beneficio inmediato y visible: cada ladrillo representa menos desperdicio.

Reconocimiento internacional y diálogo con el gobierno

La iniciativa obtuvo reconocimiento internacional, con una invitación a una exposición mundial de reciclaje de plástico en Alemania.

Este tipo de escaparates suelen atraer socios, compradores y atención institucional, pero también aumentan la presión por resultados concretos en el territorio donde el problema es más urgente: Accra y sus barrios circundantes.

Dentro del país, el plástico reciclado se perfila como tendencia, y hay menciones de que el tema está llegando al gobierno como algo ventajoso por ser mejor y más barato, además de contribuir al desarrollo sostenible.

Sin embargo, entre reconocer una tecnología y transformarla en política de vivienda urbana hay un camino difícil, compuesto de regulaciones, inversión productiva y capacidad de ejecución.

La historia de Accra reúne lo que rara vez ocurre: La basura como punto de partida y la vivienda como objetivo final.

Con nota firmada por María Heloísa Barbosa Borges, tomada de GPG.