Para que no sean un "arma arrojadiza" de la diatriba política
subalterna
La memoria de la masacre de 1989 es ocasión para comprender que el perdón
es la base de la sanación de una sociedad y de la reconciliación
Entre Todos D.
Enrique
Ochoa Antich fue fundador del Comité de Familiares de las Víctimas durante los
sucesos del 27F de 1989. Hoy, 37 años después, recuerda algunos de los
episodios más destacados de su participación en la denuncia y búsqueda de
justicia frente a la masacre.
-Yo
vi los cadáveres desnudos apilados a las puertas de la morgue porque ya no
cabían en su interior, nos dice.
Según
su criterio, la principal contribución de quienes participaron en aquellas
jornadas fue la de poner sobre la mesa que los ddhh no se violaban sólo por
causas políticas (como solía decirse en los 60) sino que también a los comunes
se les violaba de modo masivo y sistemático el derecho a la vida, a la
integridad física, al debido proceso, etc.
-Tal vez una de las experiencias más conmovedoras fue la exhumación de las fosas comunes de La Peste en el Cementerio General del Sur, evoca Ochoa Antich.
Allí
lograron ubicar los restos de algunos desaparecidos.
A
su modo de ver, la memoria histórica de aquellos eventos y la reflexión sobre
sus causas, contrastadas con la realidad presente, sirven de acicate para
subrayar la necesidad de perdón como único instrumento espiritual válido
para sanar las heridas de una sociedad fracturada.
-Mientras
los diversos sectores políticos y sociales no comprendan que el perdón debe
ser de todos y para todos, de unos con otros y de otros con unos, será
difícil la reconciliación nacional que Venezuela necesita a gritos.
Para
concluir, Ochoa Antich destaca algunas de sus propuestas para un Pacto de
Estado en DDHH que fuera remitido a las diversas instancias del Estado hace
tiempo atrás:
Comienza
señalando que el tema de los ddhh en una sociedad políticamente polarizada como
la nuestra reclama de una atención especial.
-Se
requiere procurar excluir el tema de los ddhh del debate político subalterno,
dice.
Aquí
algunas de sus ideas:
1.
Creación de un espacio permanente de consulta entre el Estado y las
organizaciones de ddhh. La Defensoría del Pueblo debe jugar un papel
fundamental a ese respecto.
2.
Conformación de una Comisión independiente para la revisión uno por uno de
los casos de los presos políticos (al día de hoy, los que no hayan sido
beneficiados de modo directo con la Ley de Amnistía), de modo de emitir
recomendaciones al Ejecutivo.
3. Renovación
del Poder Ciudadano (como ya se está diligenciando con las renuncias del Fiscal
y del Defensor), que cumpla con los parámetros de independencia y
autonomía que dispone la Constitución. El Ejecutivo es el primer
interesado en que una *Contraloría* y una Defensoría autónomas enciendan
las alarmas frente a hechos de corrupción o de violación a los ddhh que el
gobierno debe atacar a tiempo.
4.
Considerar la conformación de una Comisión de la Verdad y la Reconciliación
que permita establecer criterios compartidos de verdad respecto de los eventos
relacionados con los ddhh sucedidos en los últimos 30 o 40 años y objetivos
claros y viables en materia de reconciliación, justicia, memoria histórica,
reparación y reconocimiento (la Comisión de Convivencia y Paz designada
por la Presidenta puede cumplir este rol).
5.
Designación de una *Comisión presidencial que revise los protocolos militares y
policiales en materia de seguridad interna*, tanto en la conservación del orden
público como en la punción de los delitos que en esta materia se cometan (en
particular las condiciones de prisión de los indiciados).
Con
nota de prensa.
