El presente es un texto muy bello. Inspirador. Pertenece, en
gran parte a Ignacio Novo (1962), madrileño, escritor y periodista. Lo he
retocado para dar a conocer un poco más al Dr. Ronald E. McNair, físico y
astronauta, pero también saxofonista y apasionado del jazz. Murió junto a toda
la tripulación de siete personas, en el desastre del Challenger, ocurrido el 28
de enero de 1986. Había ensayado para grabar en el viaje espacial un solo de
saxo. Tenía 35 años y muchos sueños.
*****
En el verano de 1959, en Lake City, un pequeño pueblo de
Carolina del Sur, la bibliotecaria de turno sintió que debía llamar a la
policía. No había violencia. Nadie pegaba gritos. Solo que un niño negro de
nueve años se resistía a salir. Quería leer. La biblioteca era segregada. “Solo
para blancos”. Así estaba escrito. El aviso decía también cómo funcionaba
entonces el mundo. Aquel mundo. También llamaron a la madre, y no por algún
berrinche. El niño solo esperaba. No levantaba la voz, ni alegaba. Cuando el
agente llegó pudo haber hecho lo de siempre. Repetir cual era la norma. Y
sacarlo de allí. Enseñarle prontamente cuál era su lugar. Pero miró al niño.
Miró también a la bibliotecaria. Y dijo:
―¿Por qué no le da los libros?
Ella al comienzo dudó. Pero a regañadientes obedeció. El niño
tomó los libros con sumo cuidado, como si sostuviera algo frágil y sagrado. Dio
las gracias. Y se marchó. De seguro, que el pequeño incidente nada cambió. Pero
ese gesto, mínimo, alegró al niño que no lo olvidó. Fue una decisión sin ruido,
que vista en la distancia pudo haber cambiado un mundo. El de Ronald. Y que,
además, nos dejó ver que hay niños que, solo por quedarse, se abren caminos
hasta las estrellas. Hoy el edificio que albergaba la bibilioteca que una vez
lo rechazó lleva su nombre: Ronald Erwin McNair.
Años después se graduaría con honores en Física. Llegaría a
ser científico, doctor, astronauta. El segundo afroamericano en viajar al
espacio. Un niño al que quisieron expulsar de una biblioteca… terminó saliendo
de la atmósfera terrestre. Murió el 28 enero de 1986, en el desastre del
transbordador Challenger, en el que la nave se desintegró a los 73 segundos de
vuelo causando la muerte de sus siete tripulantes. Estaba a 46 000 pies sobre
el Océano Atlántico, frente a la costa de Cabo Cañaveral, Florida.
Ronald nació en el seno de una familia negra de bajos
ingresos. Su padre, Carl McNair trabajó como chapista en talleres de autos. Su
madre, Pearl McNair, era profesora de secundaria. La casa de su infancia no
tenía agua corriente ni electricidad. Hogar que mejoró un tanto a la muerte del
abuelo McNair. Su hermano mayor, en una biografía póstuma sobre McNair,
describió cómo la familia "cubría el suelo y los muebles con ollas y
sartenes para recoger el agua que goteaba del techo", siempre que llovía.
*****
McNair asistió a la escuela primaria Lake City y a la escuela
secundaria Carver, donde se graduó como mejor alumno en 1967. En 1971, recibió
una licenciatura magna cum laude en Ciencias, en Física, de la Universidad
Estatal Agrícola y Técnica de Carolina de Norte en Greensboro, Carolina del
Norte. Allí estudió con el profesor Donald Edwards, quien había establecido el
plan de estudios de Física.
En 1976, McNair obtuvo un doctorado en Física en el Instituto
Tecnológico de Massachusetts (MIT), bajo la tutela de Michael Feld, y obtuvo
reconocimiento nacional por su trabajo en el campo de la Física láser.
Inmediatamente se incorporó a los Laboratorios de Investigación Hughes (HRL) en
Malibú, California. Allí trabajó como investigador físico especializado en
láseres químicos y separación de isótopos, antes de ser seleccionado por la
NASA en 1978.
*Historiador. Profesor (J) de la Universidad de Carabobo.