La asunción en Perú del octavo presidente en diez años
reafirma un modelo basado en la inestabilidad
El Congreso, controlado por la derecha y ultraderecha, que
tiene el 90 por ciento de rechazo, marca la agenda de la debacle del país.
Hundido desde hace una década en una profunda crisis de
inestabilidad política, el Perú ha visto esta semana asumir al octavo
presidente en diez años. Esto a menos de dos meses de las elecciones
presidenciales y parlamentarias del 12 de abril. Los cambios recurrentes de
jefes de Estado ya no sorprenden a los peruanos. Tampoco la extendida
corrupción política, expresidentes condenados a prisión –caídos por falta de apoyo
en el Congreso para salvarse-, el descaro de congresistas para dar
leyes para asegurar su impunidad y la de sus jefes políticos, los escándalos al
más alto nivel en el Estado, la degradación de partidos políticos dedicados a
ser gestores de negocios particulares, la mediocridad de la clase política.
Nada de esto sorprende ya, pero sí indigna –una indignación que ha movilizado
protestas respondidas con brutal represión, pero que en estos días es pasiva-,
lo que se refleja en el altísimo descrédito de la clase política. En este
contexto hay un mayoritario desinterés en las elecciones presidenciales.
En esta crisis política, el Congreso, controlado por la derecha y ultraderecha, coalición encabezada por el fujimorismo, que tiene más de 90 por ciento de rechazo, se ha convertido en el mayor poder, marca la agenda de la debacle del país, controla a los presidentes bajo la amenaza de destituirlos. Tiene ese poder porque si tiene dos tercios de los votos puede sacar a un presidente en solo días –incluso en horas si aplica un proceso sumario-, sin un juicio político, sin pruebas de culpabilidad, sin cargos específicos, solamente imputándole “incapacidad moral”, algo que no está definido.
En medio de este sombrío panorama, esta semana asumió como
presidente otro político muy cuestionado, el congresista José María Balcázar,
que carga acusaciones de corrupción y posturas indignantes como su respaldo al
matrimonio infantil y su defensa de que adultos tengan relaciones sexuales con
menores. Su antecesor, José Jerí, también puesto en el cargo por la mayoría
parlamentaria, está acusado de corrupción y violación sexual. Y así sigue la
lista. Balcázar, de 83 años, pertenece al partido Perú Libre (PL), que se
define como marxista, pero que a la vez es un aliado en el Congreso de la
coalición de derecha y ultraderecha.
Consultados por Página/12, el historiador y antropólogo Carlos
Monge, y el sociólogo Alberto Adrianzén señalan que la crisis no solo
expone un sistema de representación política completamente colapsado, sino
también un marco legal permisivo y una economía vulnerable.
Inestabilidad política
“Esta crisis de inestabilidad política comenzó en 2016 cuando Pedro
Pablo Kuczynski fue elegido presidente en segunda vuelta derrotando a Keiko
Fujimori y Keiko, que obtuvo mayoría parlamentaria, no aceptó su derrota y
abusando de esa mayoría se dedicó a socavar al gobierno hasta que cayó. Ambos
coincidían en sus posturas neoliberales, los ataques de Keiko a Kuczynski
fueron por ambición de poder, de controlar el aparato del Estado, por
resentimiento y rabia de no haber ganado las elecciones. Este juego de poder
y control del fujimorismo luego se fue repitiendo. Otras causas de la
crisis son la facilidad con la que se puede destituir un presidente con la
figura de incapacidad moral y el abuso que se ha hecho de eso, y la crisis del
sistema de partidos políticos. Vamos a seguir viviendo un clima de gran inestabilidad,
salvo que alguien gane con mayoría parlamentaria o logre hacer las alianzas
suficientes, pero la posibilidad que una de las dos cosas ocurra es muy baja”,
señala Carlos Monge, investigador principal del Centro de Estudios y Promoción
del Desarrollo (Desco).
Luego de la caída de Kuczynski, vinieron Martín Vizcarra que
se enfrentó a la mayoría parlamentaria fujimorista y fue destituido, Manuel
Merino que duró solo cinco días por las protestas en su contra y Francisco
Sagasti que llevó adelante las elecciones que ganó el izquierdista Pedro
Castillo. “Castillo –indica Monge- era minoría en el Congreso y la mayoría de
los grupos de derecha se dedicó a socavarlo hasta que se lo trajeron abajo.
Castillo les facilitó su destitución con su absurdo intento de golpe de Estado”.
Después de Castillo entró Dina Boluarte en diciembre de 2022, que se
alió a la derecha y duró hasta que se volvió un peso muy grande para seguir
siendo sostenida por las denuncias de corrupción y de violaciones a los
derechos humanos que marcaron su gobierno, luego José Jerí en octubre pasado y
ahora Balcázar. Desde Boluarte gobierna la derecha parlamentaria.
Alberto Adrianzén coincide con el origen de la crisis y
afirma que “detrás de esta inestabilidad política está la ausencia de
partidos políticos”. En su opinión, la crisis continuará después de las
elecciones. “Hay una crisis profunda, sin solución en el corto ni mediano
plazo. Lo que viene es más crisis. Las elecciones no van a solucionar nada.
Ningún candidato llega al 15 por ciento. No hay nadie que destaque. No hay
actores políticos de peso. Al 70 por ciento no le interesan las elecciones.
Para terminar con esta inestabilidad política habría que tener un presidente
con peso político, respetable, con capacidad de convocatoria y diálogo. No veo
a ningún candidato con esas características”.
Sobre el impacto de la crisis política en la economía,
Adrianzén señala: “Hay un mito que la economía peruana va bien y la crisis
política no la afecta. Eso dice el ministro de Economía de Argentina. Pero es
una economía con graves problemas de empleo, un 80 por ciento de
informalidad, alta pobreza. Y la crisis política ya ha comenzado a afectar la
economía, y la va afectar más”.
Balcázar, que se dice de izquierda, ha sido puesto en la
presidencia con votos de la derecha parlamentaria, de la que hace buen tiempo
es un aliado.
“Es mentira que Balcázar sea de izquierda, es un oportunista,
rodeado de oportunistas, con problemas con la justicia.”, lo define Adrianzén.
“Su elección como presidente por el Congreso –agrega- fue una sorpresa. No es
consecuencia de la política, sino de los negocios. Han votado por él congresistas
que quieren hacer negocios con el Estado y han pactado eso con Balcázar. Y su
rival, la congresista de derecha Maricarmen Alva, era una pésima
candidata, con muchos anticuerpos por su racismo y prepotencia. Su gobierno
será más de lo mismo. Inició su gestión reuniéndose con el embajador
norteamericano, que ha tenido un comportamiento intervencionista deplorable”.
Impacto
Se especula que luego de la caída de Jerí la elección de
Balcázar podría haber sido una jugada del fujimorismo, amparado en el voto
secreto en el Congreso, para colocar en la presidencia antes de las elecciones
a alguien que pertenece a un partido que se dice de izquierda y así culpar de
todos los problemas, y de los cuestionamientos éticos que tiene Balcázar, a la
izquierda en su conjunto, y volver a levantar el fantasma del comunismo.
“Un pacto así me parece complicado, pero puede haber habido
una decisión de Keiko en ese sentido, es lo suficientemente maquiavélica para
eso”, comenta Monge. Coincide con Adrianzén en que la mala relación con otros
legisladores, especialmente provincianos, por su racismo y prepotencia, de la
congresista Alva que compitió contra Balcázar, y negociaciones bajo la mesa,
son otras dos razones que explican la victoria de Balcázar.
Acerca del impacto en las elecciones de tener a Balcázar en
la presidencia y la narrativa de la derecha de identificarlo con la izquierda,
Monge señala: “Balcázar, que es tan lamentable como Jerí, y su partido PL se
llaman de izquierda, citan a Marx y Lenin, pero su práctica política concreta
de los últimos años ha sido ser socios minoritarios, fieles, un perrito
faldero, de la dictadura congresal de derecha, corrupta, mafiosa, conservadora,
encabezada por Keiko Fujimori. Pero a pesar de esa relación con la derecha, la
población sigue percibiendo a PL como un partido de izquierda. De eso se
encargan los medios”. Y advierte: “En estas elecciones se viene una
campaña muy fuerte de la derecha y los medios para identificar al gobierno de
Balcázar con la idea que no solucionó nada y asociar eso con toda la izquierda”.
Tomado de Página 12 / Argentina. Imagen: HANDOUT/AFP.