"Era lo que más pedían los venezolanos para vencer el
escepticismo sobre la posibilidad que el país pudiese dar una señal inequívoca
para recorrer un camino que nos lleve a la convivencia democrática.
Este proyecto de ley da esa señal. Debemos dejar atrás la
confrontación existencial que nos ha dejado exhaustos y heridos y nos ha
debilitado como sociedad. El costo ha sido demasiado alto para todo el
país.
El proyecto de ley puede que no satisfaga a todos, pero en lo personal me parece lo suficientemente buena pero mejorable y, si es buena para Venezuela, especialmente en una coyuntura tan delicada como la nuestra, entonces podría ser también buena para todos; particularmente si se logra abrir acuerdos más amplios, que permitan revisar más adelante distintas reformas institucionales que el país necesita.
El reto ahora es que la Asamblea Nacional, manteniendo el
espíritu de la exposición de motivos de la amnistía -que fue cuidadosamente
trabajada con apertura y dedicación personal por la Presidencia Encargada-, con
el apoyo del programa de convivencia y paz; utilice el espacio parlamentario
para enriquecer la ley a través de consultas y, si es necesario, la haga en su
articulado más eficaz, más inclusiva, con más garantías e, incluso, más
flexible para poder incluir aquellos casos individuales difíciles de calzar
dentro de cada uno de los acontecimientos enumerados.
En mi opinión personal, creo que la ley también podría
incluir algunas medidas restaurativas para apoyar a los beneficiarios y sus
familiares en su proceso de recuperación del dolor y su reincorporación a la
vida ciudadana. Las universidades, el sector privado, las iglesias y las
organizaciones sin fines de lucro son fundamentales para contribuir con ese
proceso.
Ahora lo importante es que ocurran todas las liberaciones y
que se aplique la amnistía de la forma más inclusiva y rápida para todos los
beneficiados y sus familiares. Hasta ahora todas las autoridades han mostrado
disposición a que eso ocurra. El proceso de discusión que he presenciado
alrededor de esta iniciativa de amnistía ha sido constructiva.
La exposición de motivos hay que leerla con detenimiento. Ahí
se refleja la voluntad política para impulsarla y, en una amnistía como esta,
esa voluntad es tan importante como la misma arquitectura legal que la
acompaña.
Una amnistía que en su título de proyecto de ley combina dos
palabras tan importantes como ‘convivencia democrática’, no es un detalle
irrelevante, y dice mucho tanto de la voluntad política como en el cambio de
palabras. Estoy convencido que este es el mejor camino que tenemos disponible
para reinstitucionalizar el país. Yo diría que es el único así sea imperfecto. ¿Alguien
se imaginaba que esto era posible hace un mes atrás? Yo en lo personal lo creía
casi imposible.
En esa misma exposición se asume el Artículo 2 de la
Constitución como el pilar de todo el proceso de amnistía cuando dice: “el
proyecto… reafirma los principios del funcionamiento de un Estado Democrático y
Social de Derecho y de Justicia, que establece valores rectores como la vida,
la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la
responsabilidad social y, en general, la preeminencia de los derechos humanos,
la ética y el pluralismo político”. El Artículo 3 del proyecto de ley convierte
esos valores en los principios rectores de la ley.
Tampoco perdamos de vista que es una amnistía que mira 26
años hacia atrás. Es un reconocimiento de la profundidad histórica del
conflicto venezolano. No me parece un gesto menor; lo encuentro importante y
hay que reconocerlo y quiero hacerlo. Esta decisión fue mucho más allá de lo yo
mismo esperaba. Lo mismo se hizo la semana pasada con un símbolo como el
helicoide: lo rechaza y cambia su uso. Considero que igual debemos entre todos
resimbolizar ese espacio en consenso. Nos ayudará a sanar más rápido sí."