Sus canciones son pura filosofía que
condensa aceptación de la vulnerabilidad, ironía ante el sufrimiento y una
espiritualidad sin dogmas.
Hay artistas que escriben canciones y
hay artistas que escriben literatura con música de fondo. Leonard Cohen pertenece
sin discusión al segundo grupo. Poeta antes que estrella, novelista
antes que icono de culto, su obra convirtió la melancolía en un territorio
habitable y la ironía en una forma de resistencia.
"Un pesimista es alguien que
espera a que llueva, y yo me siento completamente empapado hasta los
huesos". La frase no es solo una boutade brillante: resume
su mirada lúcida sobre el dolor, la fe, el amor y la fragilidad
humana. Cohen no temía la oscuridad; la exploraba.
De poeta en Montreal a voz universal
Nacido en 1934 en Montreal, Cohen publicó primero poesía y narrativa antes de lanzarse a la música a finales de los años sesenta. Su debut discográfico, Songs of Leonard Cohen (1967), marcó un punto de inflexión en la canción de autor norteamericana: minimalismo instrumental, letras introspectivas y una voz grave que parecía susurrar confesiones privadas.
A lo largo de cinco décadas construyó
un repertorio que trascendió géneros y generaciones. Fue incluido en el
Rock and Roll Hall of Fame en 2008 y recibió el Premio Príncipe de
Asturias de las Letras en 2011, un reconocimiento que subrayaba lo que muchos
ya sabían: su obra iba más allá del formato canción.
La estética de la melancolía
Cohen hizo del escepticismo una forma
de honestidad. Sus letras mezclan referencias bíblicas, erotismo,
espiritualidad y desencanto político. No hay sentimentalismo fácil. Hay
contradicción, deseo, culpa, redención.
En su universo no existe la pureza
sin fisuras. La belleza convive con la imperfección. Como escribió en una de
sus composiciones más célebres, siempre hay una grieta por la que entra la luz.
Canciones como Suzanne, Bird
on the Wire o Famous Blue Raincoat consolidaron su
figura como narrador de relaciones complejas y derrotas íntimas. Más
tarde, Hallelujah —convertida en himno universal tras
múltiples versiones— demostró su capacidad para fundir misticismo y deseo en
una misma pieza.
Su último álbum, You Want It
Darker, publicado semanas antes de su muerte, fue una despedida consciente:
sobrio, espiritual y sereno.
Las frases más icónicas de Leonard
Cohen
Cohen fue, ante todo, un orfebre del
lenguaje. Estas son algunas de sus citas más recordadas:
- "Hay una grieta en todo. Así es como entra la
luz".
- "El amor no tiene cura, pero es la única medicina
para todos los males".
- "Actúa como si nunca estuvieras seguro".
- "La poesía es simplemente la evidencia de la vida.
Si tu vida arde bien, la poesía es solo la ceniza".
- "Un pesimista es alguien que espera a que llueva, y
yo me siento completamente empapado hasta los huesos".
Cada una condensa su filosofía: aceptación
de la vulnerabilidad, ironía ante el sufrimiento y una espiritualidad sin
dogmas.
Más que un músico
Reducir a Cohen a la etiqueta de
cantautor sería simplificar su legado. Su obra dialoga con la tradición
literaria europea, con la mística judía y con la cultura popular
norteamericana. Fue un creador que convirtió la fragilidad en fuerza
expresiva.
En un tiempo dominado por la
inmediatez, su figura representa lo contrario: lentitud, profundidad y silencio
entre palabras. Y quizá por eso su voz —grave, casi hablada en sus últimos
años— sigue resonando como una confidencia compartida al oído.
Cohen no esperaba a que dejara de
llover. Aprendió a caminar bajo la tormenta.
Fuente: Huffpost.