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08 febrero, 2026

HISTORIA. Juana «la Loca», ¿a juro?

 Por Orlando Arciniegas*

       Juana I de Castilla, llamada «la Loca» (Toledo, 6 de nov. de 1479 ─ Tordesillas, 12 de abr. de 1555), de la dinastía de los Trastámara, era la tercera hija de los Reyes Católicos. Reina de Castilla de 1504 a 1555 y de Aragón y de Navarra, desde 1516 hasta 1555; si bien desde 1506 no tuvo ningún poder efectivo y, desde 1509, tras alegarse su locura, fue encerrada de por vida en un antiguo palacio real, en Tordesillas. Primero por instrucciones de su padre, Fernando «el Católico» y, luego, por órdenes de su hijo, el rey Carlos I. Allí, con las comodidades de su clase y las atenciones de su regia condición, vivió 46 de sus 75 años de vida. Juana de Castilla le dio a España un rey y, al Sacro Imperio Romano Germánico, dos emperadores, Carlos V y Fernando I. 

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       La Casa de los Trastámara fue la dinastía reinante en Castilla (de 1369 a 1504), en Aragón (de 1412 a 1516) y en Nápoles (de 1458 a 1501). Su reinado en Castilla, en general, se caracterizó por un refuerzo de la autoridad monárquica, el fomento del desarrollo económico de corte burgués y el ingreso de Castilla en la diplomacia europea de la época. Fundamentos que forjarían la modernización de la antigua monarquía española y, que harían del reino de Castilla, una potencia económica y militar, capaz de imponer su hegemonía en la península Ibérica. Una orientación política que aportarán los Reyes Católicos y, en particular, el rey Fernando II de Aragón, considerado, por su gestión, como un príncipe renacentista. ¿Fue Fernando el “príncipe” de Maquiavelo? 

       Juana de Castilla, como se dijo, fue la tercera hija de Fernando II de Aragón y de Isabel I de Castilla —los Reyes Católicos— quienes procrearon cinco hijos: Isabel, Juan, Juana, María y Catalina, cuatro hembras y un varón. Las cuatro fueron reinas: dos se casaron con el rey Manuel I de Portugal (Isabel y María), Catalina fue reina de Inglaterra —la primera esposa de Enrique VIII Tudor— y Juana lo fue de Castilla, de la que nos ocuparemos. Juan, el único varón, y la última esperanza de los Trastámara, murió seis meses después de su matrimonio con la hermosa Margarita de Austria —hermana de Felipe «el Hermoso»—, a causa, según la leyenda, de sus debilidades y excesos sexuales con la fogosa Margarita. 

       Juana, por nacimiento, era infanta de Castilla y de Aragón. Desde niña recibió la educación de una improbable heredera al trono, basada en la obediencia y el aquilatamiento de virtudes femeninas, más que en las enseñanzas del gobierno y de la exposición pública, exigidas, claro está, en la preparación del príncipe heredero. Juana estudió urbanidad, comportamiento cortesano y religioso, sin dejar de lado la danza y la música, en lo que se le atribuyó talento, amén de los idiomas latín y francés. Era la hija más bella de los Reyes Católicos —“rubia, esbelta, de talle fino y buena proporción”—, con un gran parecido a la abuela paterna, doña Juana Enríquez, quien con ahínco procurara el matrimonio furtivo de Fernando con Isabel. A Juana se le consideraba un primor para cualquier corte europea. Por cuanto el encanto femenino, antes que otra cosa, era el componente primordial de los engranajes y alianzas políticas. 

       En agosto de 1496 Juana partió de Cantabria rumbo a Flandes, el hogar de Felipe de Habsburgo, su futuro esposo, a quien no conocía. Felipe, apodado «el Hermoso» (Brujas, 22 de jul. de 1478—Burgos, 25 de sept. de 1506), era archiduque de Austria, duque de Borgoña y conde de Flandes, y primo tercero de Juana. Se cuenta que el apodo se lo dio el rey Luis XII de Francia (1462-1515), en 1501, cuando al conocerlo lo llamó “hermoso príncipe”. Felipe era el primogénito de Maximiliano I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y de la duquesa María de Borgoña (1457-1482). Al morir su madre, por una caída de un caballo, heredó todas sus posesiones. Felipe era hermano de la nombrada Margarita de Austria. Con el matrimonio pactado de Felipe «el Hermoso» con la infanta Juana de Castilla se introduce en la monarquía española el linaje de la poderosa Casa de los Habsburgo o de los Austrias. Los Habsburgo, cabe recordar, ocuparon el trono del Sacro Imperio Romano Germánico desde 1438 hasta 1740.   

       La boda de Juana y Felipe se celebró el 20 de octubre de 1496, en la pequeña Lier, una ciudad medieval de Flandes, hoy Bélgica. La corte borgoñona le resultó a Juana muy festiva y opulenta, en contraste con la sobria, y muy familiar de Fernando e Isabel. Al comienzo los esposos lucían muy enamorados. Pronto vinieron los hijos, los celos patológicos y la obsesión de Juana hacia un Felipe cada vez más ausente e infiel. En el segundo parto nació Carlos en Gante, el 24 de febrero de 1500. Este sería Carlos I de España y Carlos V de Alemania. Juana, tras la muerte de sus hermanos, Juan e Isabel, así como del hijo de esta, el príncipe portugués Miguel da Paz, pasó a ser la heredera de las coronas de Castilla y Aragón, así como «señora de Vizcaya», título asociado a la corona de Castilla que Juana heredaría de su madre, la reina Isabel. 

       El 26 de enero de 1502, Felipe y Juana, sin sus hijos, emprendieron camino a Castilla por tierra desde Bruselas. Seis meses tardaron hasta arribar a la ciudad de Toledo donde se juramentaron como herederos ante las cortes castellanas, el 22 de mayo de 1502. Felipe apuró su viaje de regreso a casa: el 19 de diciembre del mismo año abandonó la corte de los Reyes Católicos. Juana, entonces embarazada, debió permanecer en España.   

       Fernando y Maximiliano habían pactado en su tiempo estas alianzas matrimoniales en el amplio cuadro de la llamada Liga Santa (1495), en la que se encontraban, la monarquía española formada por Castilla, Aragón y Nápoles; Portugal; Inglaterra; Flandes, Austria y el Sacro Imperio Romano Germánico. Y, en el marco más reducido, por el acuerdo de carácter dinástico hispano-austríaco que resultó ser una alianza política y militar de larga duración. Hecha posible a lo largo de los siglos XV y XVII, gracias a la vinculación dinástica —agnación— entre los Austrias de Viena y los Austrias de Madrid. Alianza en la que fueron frecuentes los constantes intercambios personales entre ambas ramas de la misma casa regia, hasta alcanzar su concentración en un complejo y vasto espacio territorial bajo la autoridad del emperador Carlos V. 

       La reina Isabel entraría en conflictos con su hija Juana. Todo a causa de sus extravagancias. Pronto, la ira, los frecuentes ayunos y las repetidas noches en vela convencieron a los Reyes Católicos de que su niña se había trastornado en Flandes. Frente al comportamiento de su hija, la reina Isabel debió acordarse de su madre, Isabel de Portugal (¿1428?-1496), segunda esposa de Juan II de Castilla, a quien, según la versión oficializada, se le atribuía su desequilibrio por las largas ausencias de su marido. Y, si no como causa, sí como un efectivo detonante. A Juana, la lejanía de sus hijos y de su marido la sumían en una gran tristeza. El 10 de marzo de 1503, Juana dio a luz a su cuarto hijo, Fernando, en Alcalá de Henares. Tras el parto quiso regresar a Flandes, pero la reina se opuso. La guerra con Francia llenaba el camino de peligros. Pero Juana no cejó y poco a poco aumentó su acritud en cuanto a su solicitud.  

       Ante la obstinación de Juana, la reina ordenó su reclusión en el castillo de la Mota, en la villa de Medina del Campo. Pero de nada valió. Juana partió y llegó a Flandes en junio de 1504. Isabel muere el 26 de noviembre de ese año, y se abre el problema de la sucesión en Castilla. La reina, en su testamento, deshereda a Juana, pero Fernando la proclama reina. Sin embargo, al estar ausente, fue él quien permaneció en el trono. El archiduque Felipe, por su parte, no estaba dispuesto a que lo dejaran por fuera. Se convino entonces un acuerdo de gobierno conjunto para regir a Castilla: Felipe y Juana, que seguían en la corte en Bruselas, junto a Fernando «el Católico». Esto se conoce como la Concordia de Salamanca, firmada el 24 de noviembre de 1505, entre Fernando de Aragón y el plenipotenciario de Felipe de Habsburgo y Juana de Castilla, el señor Philibert de Veyré. Juana daría a luz su quinto hijo el 15 de septiembre de 1505. Una niña que se llamó María en honor a María de Borgoña, su abuela paterna, quien muriera infaustamente a la temprana edad de 28 años.  

       A finales de 1505, Felipe prepara su viaje a la Península. Lo anima el deseo de ser declarado rey, ante la animosidad que ya sentía por Fernando, su suegro. El 10 de enero de 1506 ordena a la flota zarpar. Viajan 40 barcos. Solo la impaciencia de Felipe explica el temerario acto de navegar en aquel invierno. En el canal de la Mancha, una fuerte tormenta hundió varios navíos y otros se dispersaron. La armada hubo de permanecer en Inglaterra durante tres meses. Juana tuvo tiempo de visitar en Londres a su hermana Catalina de Aragón, viuda entonces y de 21 años, a quien no veía desde hacía diez años. De Catalina se dice que era hermosa y muy parecida a su madre. En abril de ese mismo año, levaron de nuevo, pero en vez de dirigirse a Laredo, en Cantabria, donde se les esperaba, tomaron rumbo a La Coruña, en Galicia, donde se reunieron con nobles castellanos detractores del rey Fernando. 

       Felipe, con gran habilidad, consiguió el apoyo de la mayoría de la nobleza castellana, lo que de hecho obligó a Fernando a firmar la Concordia de Villafáfila el 27 de junio de 1506, que al día siguiente firmaría en Benavente, Castilla, el querellante Felipe. En este tratado se reconocía el desequilibrio mental y la incapacidad de Juana para reinar, aunque no se le retiraba su título real, y Felipe quedaba como rey de Castilla de jure uxoris —“por el derecho de (su) mujer”—, como Felipe I de Castilla, primer Habsburgo en ser rey de Castilla. Fernando «el Católico», que venía gobernando Castilla en virtud de lo señalado en el testamento de Isabel (12 octubre de 1504), y de lo acordado antes en la Concordia de Salamanca, con algunas recompensas de por medio, debió retirarse a sus reinos de Aragón. Empero, la vigencia del acuerdo fue muy breve, toda vez que Felipe I falleció el 25 de septiembre de 1506. 

       ¿De qué murió Felipe «el Hermoso»? Según la versión oficial, unas fiebres acabaron con él, pero tenía tantos enemigos que alguno pudo haberlo envenenado. Incluso el rey Fernando, su suegro. Se cuenta que tras un partido de pelota bebió un vaso de agua fría que, en horas lo descompuso, y de ahí, en ocho días ya estaba muerto. El estado que presentó, se ha dicho, que se asemejaba al de una neumonía. En todo caso, fue el detonante definitivo de la locura de Juana. Entonces, sí, que no hubo nada que lo detuviese.  

       Una vez certificada su muerte, fue arreglado conforme a las instrucciones de su esposa. Embalsamaron el cuerpo y el corazón fue enviado a Bruselas, a la corte de Flandes. En un primer momento, el rey Felipe fue enterrado en la Cartuja de Miraflores en Burgos. Pero al inicio de las navidades de 1506 fue desenterrado por decisión de Juana, obligando a los cortesanos a pasar una ronda de reconocimiento. A punto de terminar el año 1506, comenzó el viaje de Juana con el cuerpo embalsamado de su esposo por toda Castilla. Una macabra gira solo explicable por su dolor e insania mental. En Torquemada, la reina Juana parió el 14 de enero de 1507 a la infanta Catalina, futura reina de Portugal. Tres meses después, retomó su deambular hasta 1509, cuando su padre la forzó a recluirse en el monasterio de Santa Clara en la villa de Tordesillas. Juana siempre cargó con ella los restos de su amado Felipe.

       Tras la muerte de Felipe I (1506), el gobierno de Castilla lo ejerció en breve regencia el Cardenal Cisneros —Francisco Jiménez de Cisneros—, estadista tenaz e incorruptible, inquisidor general de Castilla y fundador de la Universidad de Alcalá de Henares (1500). El rey Fernando volvería en agosto de 1507 a asumir dicho gobierno como regente. En 1512 sería rey de Navarra por conquista. En Castilla gobernaría hasta su final, el 23 de enero de 1516, cuando muere en Madrigalejo, Cáceres, dejando a Cisneros nuevamente como regente. 

       Antes de morir se entera de la mayoridad adelantada al príncipe Carlos, el día 5 de enero de 1515, por la presión de los Estados Generales de los Países Bajos, lo cual lo habilitaba para asumir el gobierno de los territorios de la Casa de Borgoña. Con la muerte del rey Fernando, Carlos que tenía 16 años hereda las coronas aragonesa y castellana. Entraría a la Península el 17 de septiembre de 1517, como Carlos I, sin dejar de visitar a su madre en Tordesillas, pero sin alterar su reclusión, ni cambiar su destino. 

       Gobernó, jurídicamente, junto con su madre Juana I hasta su muerte en 1555; y él solo hasta 1558. En 1519 pasó a ser también, como Carlos V, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. España podía ahora seguir su camino, el que entonces señalaran Fernando e Isabel. Pocas veces la muerte natural de un rey y la regencia de un cardenal estadista habían tenido tantas consecuencias para un Estado. Así como las tuvo el fértil vientre de Juana I de Castilla, que le dio a España un rey y al Sacro Imperio Romano Germánico dos emperadores: con sus hijos Carlos V y Fernando I.

*Historiador. Profesor (J) de la Universidad de Carabobo.