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26 febrero, 2026

Extinguidas hace más de 150 años, 158 tortugas gigantes regresan por fin a Floreana en el mayor hito de restauración ecológica de Galápagos

 

Durante más de siglo y medio, Floreana fue una isla sin sus grandes jardineras naturales; hoy, 158 jóvenes tortugas vuelven a caminar sobre su suelo volcánico en un hito que puede cambiar el futuro del archipiélago.

Por Christian Pérez*

*Redactor especializado en divulgación científica e histórica.

La historia de las islas Galápagos está marcada por la evolución, pero también por la pérdida. Pocas imágenes simbolizan mejor esa tensión que la de una isla que recupera a sus gigantes después de haberlos dado por extinguidos. Eso es exactamente lo que acaba de ocurrir en Floreana, una de las islas más meridionales del archipiélago ecuatoriano, donde 158 tortugas gigantes criadas en cautividad han sido liberadas en un acontecimiento que los conservacionistas califican ya de histórico.

Tal y como ha adelantado la organización Galapagos Conservation Trust (GCT) en un comunicado oficial, la suelta marca un “hito enormemente significativo” dentro del ambicioso Proyecto de Restauración Ecológica de Floreana. No se trata solo de devolver una especie a su antiguo hogar: es el primer paso de un plan que prevé reintroducir hasta 12 especies localmente extinguidas y que se prolongará, al menos, hasta 2030.

Las protagonistas de este regreso son tortugas de entre 8 y 13 años, descendientes de ejemplares con una alta carga genética de la subespecie original de Floreana, Chelonoidis niger niger, considerada extinguida desde mediados del siglo XIX. Miles de individuos de esta tortuga recorrían la isla hasta que la sobreexplotación por parte de marineros y colonos —que las utilizaban como alimento en largas travesías—, junto con la introducción de especies invasoras, acabaron con ellas en las décadas de 1840 y 1850.

Durante más de 150 años, la Isla Floreana vivió sin su especie emblemática. Sin embargo, la ciencia y la paciencia han tejido una segunda oportunidad.

Un hallazgo inesperado en el volcán Wolf cambió el destino de la especie

El punto de inflexión llegó en 2008. En el volcán Wolf, en la isla Isabela, investigadores detectaron tortugas híbridas con un alto porcentaje de ascendencia genética de la tortuga original de Floreana. La explicación más plausible remite al siglo XIX, cuando balleneros y marinos trasladaban tortugas entre islas como provisión viva. Algunas habrían sido liberadas en Isabela, donde su linaje quedó diluido, pero no desapareció.

A partir de ese descubrimiento, comenzó un programa de cría selectiva en la isla de Santa Cruz. Un total de 23 ejemplares con mayor proximidad genética a la subespecie extinta fueron incorporados a un plan de “retrocruza” destinado a recuperar, en la medida de lo posible, el legado genético perdido. Tal y como ha revelado el propio GCT, el programa ha logrado producir más de 600 crías hasta 2025, de las cuales varios centenares ya presentan el tamaño y la robustez necesarios para sobrevivir en libertad.

El proyecto no ha sido improvisado. Está liderado por la Dirección del Parque Nacional Galápagos y la Agencia de Bioseguridad y Cuarentena para Galápagos, en colaboración con entidades como la Charles Darwin FoundationFundación JocotocoIsland Conservation, la Durrell Wildlife Conservation Trust y la Galapagos Conservancy, entre otras organizaciones internacionales.

En este entramado de cooperación, GCT ha desempeñado un papel clave durante dos décadas, apoyando estudios de base sobre disponibilidad de alimento y prevalencia de enfermedades, financiando la restauración de vegetación nativa y fomentando la implicación de la comunidad local, que apenas supera los 160 habitantes.

Ingenieras del ecosistema: por qué su regreso lo cambia todo

Las tortugas gigantes no son un símbolo turístico más. En términos ecológicos, son auténticas arquitectas del paisaje. Los expertos las describen como “ingenieras del ecosistema”: al desplazarse, pastar y revolcarse en zonas húmedas, abren claros en la vegetación, facilitan la germinación de nuevas plantas y dispersan semillas a grandes distancias.

Su ausencia durante más de un siglo alteró profundamente la dinámica natural de Floreana. La isla, una de las primeras habitadas por humanos en Galápagos, sufrió la introducción de cabras, cerdos, burros, gatos ferales y roedores. Estos animales no solo compitieron por recursos, sino que depredaron huevos y crías de especies endémicas, acelerando un colapso silencioso.

No fue hasta finales de 2023 cuando se ejecutó una ambiciosa campaña de erradicación de especies invasoras. Tal y como indica el comunicado de GCT, la eliminación de la mayoría de las ratas y gatos ferales ha tenido efectos casi inmediatos: recuperación de poblaciones de aves como el pinzón terrestre pequeño, aumentos significativos en caracoles y reptiles nativos, e incluso el redescubrimiento de especies que no se observaban desde hacía décadas.

En ese contexto, la reintroducción de las tortugas supone mucho más que una restitución simbólica. Es la pieza que faltaba para reactivar procesos ecológicos interrumpidos desde el siglo XIX.

Un proyecto que mira 20 y 40 años hacia el futuro

El regreso de las tortugas no responde únicamente a una voluntad de reparación histórica, sino a una planificación científica de largo recorrido. La selección de áreas de liberación ha tenido en cuenta la disponibilidad de agua y alimento en escenarios futuros, incluyendo proyecciones climáticas a varias décadas vista.

El objetivo es garantizar que estos animales, que pueden superar los 100 años de vida, encuentren un entorno capaz de sostenerlos a largo plazo. Las tortugas gigantes de Galápagos figuran entre los vertebrados terrestres más longevos del planeta. Algunos individuos históricos alcanzaron edades cercanas a los 170 años, un recordatorio de que las decisiones actuales tendrán consecuencias durante generaciones.

Además, el Proyecto de Restauración Ecológica de Floreana contempla la reintroducción de otras especies desaparecidas localmente, como el sinsonte de Floreana o determinadas serpientes y aves endémicas. Cada paso se apoya en estudios de hábitat, gestión adaptativa y participación comunitaria.

Para la pequeña población humana de la isla, el retorno de las tortugas también abre oportunidades económicas vinculadas a un ecoturismo más sostenible y a la creación de empleo en conservación y seguimiento científico. La restauración ambiental y el desarrollo local ya no se conciben como objetivos contrapuestos, sino como procesos interdependientes.

Un símbolo global de restauración insular

Islas de todo el mundo comparten una vulnerabilidad particular frente a las especies invasoras y la presión humana. Por eso, el caso de Floreana trasciende las fronteras ecuatorianas. Tal y como subraya el comunicado oficial, este momento ofrece esperanza no solo para Galápagos, sino para proyectos de restauración insular a escala global.

La imagen de las primeras 158 tortugas avanzando lentamente sobre el terreno volcánico resume décadas de trabajo silencioso: análisis genéticos, erradicaciones complejas, reforestaciones pacientes y una red de colaboración internacional poco habitual en proyectos de conservación.

A partir de ahora, comienza una nueva fase: seguimiento constante, evaluación del impacto ecológico y futuras liberaciones en etapas sucesivas. Porque, como recuerdan los responsables del proyecto, este no es el final del camino, sino el principio de un compromiso compartido que puede redefinir la relación entre humanidad y naturaleza en uno de los laboratorios evolutivos más célebres del planeta.

Tomado de Muy Interesante. Foto: Marlon del Aguila / iLCP / Jocotoco.