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14 febrero, 2026

Catalina II, Emperatriz de Rusia

 Por Orlando Arciniegas*

La historia la honraría como Catalina la Grande. Nació en Prusia, en Pomerania, parte hoy de Polonia, el 2 de mayo de 1729, en el seno de una familia prusiana, noble, pero sin mayor fortuna. Hija del príncipe Cristián Augusto de Anhalt-Zerbst (1690-1747) y de la princesa Juana Isabel de Holstein-Gottorp (1712-1760). Catalina fue llamada al nacer Sofía Federica Augusta von Anhalt-Zerbst, nombres que dejaría atrás, al entrar en la corte rusa, y a medida que se hacía cada vez más rusa que prusiana. Su matrimonio se concertó con el duque Karl Peter von Holstein-Gottorp (1728-1762), nieto del apodado Pedro el Grande ―Pedro I de Rusia o Pedro I Alekséievich― en agosto de 1745, en la bella ciudad de San Petersburgo, que fundara el grande, occidentalizado y más destacado Pedro de la historia rusa, perteneciente a la dinastía Romanov. 

El 5 de enero de 1762, el prusiano nieto de Pedro el Grande pasaría a ser el emperador Pedro III de Rusia, a sus 34 años, tras la muerte de su sofisticada tía, la hermosa zarina Isabel I de Rusia, o Isabel Petrovna Románova, a sus 52 años, el 25 de diciembre de 1761, según el calendario juliano, que lo había escogido como heredero. Isabel I, la segunda hija de Pedro el Grande, gobernó y defendió las reformas de su padre, con “mano de hierro”, y fue la emperatriz rusa entre 1741 y 1761; siendo además su legado, un enorme y costoso guardarropa, una colección de amantes enriquecidos, una afición por los bailes franceses y un escaso interés por los asuntos públicos.  

Pedro y Catalina eran una pareja desavenida. De caracteres contrapuestos, nunca hubo entre ellos amor, ni comprensión ni interés del uno por el otro. Al contrario, según se dice, hubo sí, una marcada hostilidad. Los separaba la inestabilidad mental de Pedro y su frialdad conyugal. Catalina, mejor educada e inteligente, despreciaba las infantiles aficiones de Pedro de entretenerse a solas con sus soldaditos de plomo, la idolatría por el prusiano Federico II el Grande de Prusia, con quien selló la paz, al ascender al trono en 1762, lo que enfureció a la nobleza rusa y facilitó el golpe de Estado de su esposa Catalina. 

Mientras esto era lo que hacía Pedro III, Catalina llenaba sus intereses con sus aficiones intelectuales, su gusto por las relaciones sociales y su ambición de ser un gran estadista. Un lugar especial en su vida lo ocuparon sus múltiples amantes, de los cuales dispuso para el logro de sus ambiciones y la realización de una sexualidad desembozada, que fue un escándalo en su medio y para la época. 

Este matrimonio disfuncional, cuya duración fue de 17 años, terminó con la conspiración que depuso a Pedro III en junio de 1762. Este, en medio de la guerra con Prusia ―la guerra de los Siete Años―, firmó la paz con Prusia, anulando las ganancias rusas, mientras dejaba ver sus planes de guerra contra Dinamarca, lo que indignó al ejército. Sus actitudes extravagantes y sus deseos de cambiar la religión del Estado, fomentaron la conspiración, pues puso en su contra al clero ortodoxo. Catalina misma asumió el complot. Pedro sería arrestado y, luego, obligado a firmar su abdicación en favor de Catalina.

El golpe de Estado contra Pedro III de Rusia ocurrió el 28 de junio de 1762, con el apoyo de la Guardia Imperial y la nobleza. El 12 de julio, se produjo la abdicación. Moriría poco después en cautiverio. Su muerte oficial fue por almorranas, pero la investigación posterior se inclina por el crimen. Estos acontecimientos allanaron el camino para que Catalina se convirtiera por mucho tiempo en el único gobernante de Rusia. Un papel estelar en todo este cambio de poder correspondió, en aquel momento, al príncipe Grigory Orlov (1734-1783), jefe militar y principal amante de Catalina.  

Catalina fue coronada formalmente como emperatriz regente el 22 de septiembre de 1762 en la catedral de la Asunción de Moscú con el nombre oficial de Catalina II de Rusia. Para su coronación se confeccionó la Corona Imperial Rusa, que se convirtió, desde entonces, en la lujosa corona de los soberanos rusos. Después de la caída de la monarquía en 1917, la Corona pasó a formar parte de los tesoros nacionales de Rusia; en la actualidad, se la exhibe en el Museo del Kremlin, en Moscú, como un orgullo también de los famosos orfebres de la época. 

Fue Catalina la emperatriz reinante de Rusia durante 34 años y 142 días, desde el 28 de junio de 1762 hasta su muerte, a los 67 años. Su fallecimiento ocurrió el 17 de noviembre de 1796, en San Petersburgo, durante el Imperio ruso. Sucedió en el poder a su marido. Durante su largo reinado se inspiró en las ideas de la Ilustración. Rusia experimentó un renacimiento de la cultura y las ciencias, que condujo a la fundación de muchas nuevas ciudades, universidades y teatros, que, junto con una inmigración a gran escala desde el resto de Europa, elevó a Rusia, desde el siglo XVIII, como una de las grandes potencias de Europa.

Historiador. Profesor (J) de la Universidad de Carabobo.