Desentrañamos las claves históricas
del espectáculo del descanso de la Super Bowl 60, de la mano de una
especialista en cultura visual.
El espectáculo de medio tiempo de
la Super Bowl LX convirtió el estadio en algo más que un
escenario musical. Durante quince minutos, Bad
Bunny desplegó una narrativa visual y sonora que recorrió la
historia, las tensiones coloniales y los desafíos contemporáneos de Puerto Rico.
Entre platanales, banderas, ritmos afrocaribeños y referencias a la migración o
la gentrificación, el artista utilizó el mayor escaparate de la cultura
pop estadounidense para situar la identidad boricua en
el centro del relato global.
Para comprender el alcance simbólico
de esta propuesta conversamos con Bárbara Barreiro, historiadora
del arte y especialista en cultura visual, identidades y estudios
latinoamericanos. Profesora en la Universidad de Aberdeen, su investigación
analiza cómo la cultura popular construye memoria y comunidad. A partir de esa
mirada, en Historia National Geographic desentrañamos las claves históricas y
políticas que atraviesan la actuación.
Pregunta: El espectáculo estuvo atravesado por símbolos que remiten a la historia colonial de Puerto Rico, como las plantaciones de caña y plátano. ¿Qué relevancia histórica tiene esta escenografía?
Respuesta: Desde que se anunció su
participación, estaba claro que en el espectáculo iba a hacer una
representación explícita de la identidad puertorriqueña. El uso del paisaje de
plantación marca desde el inicio que estamos hablando de otra realidad,
diferente a la que normalmente se asocia a este tipo de espectáculos en Estados
Unidos.
Al día siguiente, muchas personas
reconocían en redes sociales que no tenían ni idea de la historia de Puerto
Rico ni de su situación colonial actual. Y en ese sentido, el show funcionó
también como una forma de educar y de despertar el interés por conocer una
historia que no siempre se explica.
P: Puerto Rico fue colonia española
durante siglos y hoy es un Estado Libre Asociado a Estados Unidos. ¿Cómo se
explica que el español funcione como elemento de resistencia frente al poder
estadounidense?
R: Es una cuestión compleja. Yo soy muy
crítica con el pasado colonial español en Latinoamérica y no lo idealizo en
absoluto. Pero, tras cuatro siglos de colonización española, mucho del lenguaje
indígena de la isla se perdió, lo que dificulta su recuperación.
Cuando España cede Puerto Rico a
Estados Unidos, desde el primer momento se intenta imponer el inglés y hubo
muchísimo rechazo. En ese contexto, el español funciona hoy como resistencia
frente al nuevo colono, el estadounidense. Aunque también, por supuesto, el
lenguaje evoluciona y se mezcla, y eso forma parte de su riqueza.
P: En el espectáculo convivieron
bomba, plena, reguetón, salsa... ¿Qué nos dice esa mezcla sobre la historia
cultural de Puerto Rico?
R: Habla de la historia y de la
diversidad cultural de la isla. La música puertorriqueña no es estática, es el
resultado de distintas capas históricas que han dialogado entre sí. La bomba,
por ejemplo, está vinculada a territorios marcados por la llegada de
poblaciones africanas esclavizadas. La plena, por su parte, tiene una función
social y está asociada a la tradición oral. El reguetón, que muchas veces se
rechaza desde posturas clasistas o coloniales, también surge de las mezclas
afrocaribeñas que tuvieron lugar en Panamá.
Esa convivencia entre tradición,
historia y modernidad configura una identidad que no renuncia al pasado. Es una
forma de resistencia porque no quiere ser supeditada a ningún otro género y
celebra su propia genealogía. Y eso es algo que Bad Bunny ha reivindicado
siempre, incluso antes de DeBí TIRaR MáS FOTos (2025): su objetivo
siempre ha sido llevar su bandera por todo el mundo para que la gente sepa
dónde está Puerto Rico, qué pasa allí y cuál es su historia.
P: El espectáculo ha llegado, además,
en un contexto sociopolítico muy concreto a nivel nacional. ¿Existen
precedentes históricos en los que la cultura popular haya influido en procesos
políticos o sociales?
R: Un ejemplo claro es la Revolución
Naranja en Ucrania, entre 2003 y 2004. Fue un momento muy convulso y tuvo un
gran componente cultural, con conciertos que desempeñaron un papel importante
en la movilización.
Al año siguiente, en 2005, los
representantes de Ucrania en Eurovisión estaban vinculados musicalmente a ese
contexto político. Son ejemplos de cómo la cultura popular puede tener un
impacto en situaciones históricas concretas.
P: Como historiadora de la cultura
visual, ¿qué papel desempeña la cultura popular en la construcción y
preservación de la memoria histórica?
R: La cultura popular mueve más que un
cuadro en un museo. No todo el mundo va a la ópera o visita exposiciones, pero
sí encendemos la televisión todos los días o consumimos medios digitales.
Por eso, creo que la cultura popular
es la que realmente cuenta la historia de un país: nos da las herramientas para
descodificar símbolos y entender nuestra identidad. Y, en este caso, ha
permitido que millones de personas se pregunten por la historia y la situación
de Puerto Rico.
Tomado de Historia National
Geographic. En la imagen, Bárbara Barreiro, profesora en la Universidad de
Aberdeen en Estudios Españoles y Latinoamericanos, y en Cine y Cultura
Visual.