El presidente
brasileño sostuvo que los bombardeos de Estados Unidos en Venezuela y la
captura de Nicolás Maduro marcan un quiebre en el orden internacional
“Sólo un
proceso político inclusivo, liderado por los propios venezolanos, conducirá a
un futuro democrático y sostenible”, escribió.
BRASILIA.– En
un artículo publicado este domingo en el diario norteamericano The New
York Times, el
presidente Luiz Inacio Lula da Silva afirmó que los bombardeos
realizados por Estados Unidos sobre territorio venezolano y la captura del
presidente venezolano Nicolás Maduro el 3 de enero representan “otro
capítulo lamentable en la continua erosión del derecho internacional y
el orden multilateral establecido después de la Segunda Guerra Mundial”.
El mandatario
afirmó que la
región no se “someterá a proyectos hegemónicos” y defendió
la construcción de una América Latina “próspera, pacífica y plural” como
única doctrina compatible con sus intereses.
En el artículo, Lula reconoce que los jefes de Estado o de gobierno de cualquier país pueden ser considerados responsables de acciones que socaven la democracia y los derechos fundamentales.
Sin embargo,
enfatiza que “no es legítimo que otro Estado se arrogue el derecho de
administrar justicia”.
Según el
presidente, las acciones unilaterales “amenazan la estabilidad en todo el
mundo, perturban el comercio y la inversión, aumentan el flujo de refugiados y
debilitan aún más la capacidad de los Estados para enfrentar el crimen
organizado y otros desafíos transnacionales”.
Lula afirma
en el texto que es particularmente preocupante que este tipo de prácticas se
apliquen en América Latina y el Caribe.
Según él,
estas acciones generan violencia e inestabilidad en una región que busca
la paz mediante la igualdad soberana entre las naciones, el rechazo al uso
de la fuerza y la defensa de la autodeterminación de los pueblos.
Lula observa
que, en más de 200 años de historia independiente, “esta es la primera vez
que Sudamérica sufre un ataque militar directo de Estados Unidos”, aunque
fuerzas estadounidenses ya han intervenido en la región.
Al abordar la
postura regional, Lula recordó que América Latina y el Caribe comprende más de
660 millones de personas y tiene “sus propios intereses y sueños que
defender”.
En un mundo
multipolar, escribió, “ningún país debería ver cuestionadas sus relaciones
exteriores por buscar la universalidad”.
Al abordar la
situación en Venezuela, el presidente afirmó que el futuro del país, como el de
cualquier otro, “debe estar en manos de su pueblo”.
Añadió que
esta es una condición esencial para que millones de venezolanos, muchos de
los cuales se encuentran temporalmente refugiados en Brasil, puedan regresar
sanos y salvos a su país. Lula enfatizó que Brasil seguirá trabajando con el
gobierno y el pueblo venezolanos para proteger los más de 2100
kilómetros de frontera común y profundizar la cooperación.
“Sólo un
proceso político inclusivo, liderado por los propios venezolanos, conducirá a
un futuro democrático y sostenible”, escribió.
Lula enfatizó
que, en este espíritu, su gobierno mantiene un diálogo constructivo con Estados
Unidos.
Según él,
Brasil y Estados Unidos son las dos democracias más pobladas de
América, y aunar esfuerzos en torno a planes concretos de inversión,
comercio y combate al crimen organizado es el camino a seguir.
“Sólo juntos
podremos afrontar los desafíos que aquejan a un hemisferio que nos pertenece a
todos”, concluye.
En el
artículo, Lula argumenta que los países de la región deben impulsar una
agenda positiva capaz de superar las diferencias ideológicas en favor de
resultados pragmáticos.
Entre las
prioridades, cita atraer inversiones en infraestructura física y
digital, promover empleos de calidad, generar ingresos y expandir
el comercio dentro de la región y con países de fuera de ella.
Para el
presidente, la cooperación es fundamental para movilizar los recursos
necesarios para combatir el hambre, la pobreza, el narcotráfico y el
cambio climático.
Lula
argumenta que, año tras año, las grandes potencias han intensificado sus
ataques a la autoridad de las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad.
Según él,
cuando el uso de la fuerza para resolver disputas deja de ser la excepción y se
convierte en la regla, “la paz, la seguridad y la estabilidad mundiales se
ven amenazadas”.
El presidente
afirma además que la aplicación selectiva de las normas
internacionales crea un escenario de anomia que debilita no solo a los Estados
individuales, sino al sistema internacional en su conjunto.
“Sin normas
acordadas colectivamente, es imposible construir sociedades libres, inclusivas
y democráticas”, escribió.
El presidente
brasileño también criticó la división del mundo en zonas de influencia y
las incursiones neocoloniales en busca de recursos estratégicos,
calificando estas prácticas de “obsoletas y perjudiciales”.
Según él, es
crucial que los líderes de las grandes potencias comprendan que “un mundo
de hostilidad permanente no es viable” y que, por muy fuertes que sean, no
pueden basarse únicamente en el miedo y la coerción.
O
Globo/GDA – Tomado de La Nación / Argentina.
