Por Carlos C.
García*
En los
últimos días ha vuelto a hablarse de una posible “reactivación” del proceso
político sobre el Sáhara Occidental. La prensa marroquí lo vincula a la
Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU y a supuestos contactos
diplomáticos en preparación. Sin embargo, más de dos meses después de esa
resolución, no hay negociaciones convocadas ni indicios claros de que el
proceso esté realmente en marcha.
En distintas
informaciones se presenta el momento actual como una nueva fase política. Se
habla de reuniones, de contactos discretos y de un posible relanzamiento del
diálogo tras años de bloqueo. Este discurso ha ganado espacio en las últimas
semanas.
Pero, por ahora, no hay hechos que lo respalden. Naciones Unidas no ha convocado ninguna ronda de negociaciones. No existe un calendario, ni una agenda, ni un marco definido. El proceso político, en sentido estricto, sigue paralizado.
La Resolución
2797, aprobada en octubre de 2025, no cambia esta realidad. Se limita a renovar
el mandato de la MINURSO y a reiterar la necesidad de una solución política
justa y duradera. No abre un nuevo proceso ni fija plazos concretos. Tampoco
introduce mecanismos distintos a los ya conocidos.
Uno de los
puntos clave es el plan marroquí de autonomía. Tras la resolución, se anunció
que Marruecos presentaría una versión actualizada y detallada de ese plan. Ese
documento, hoy en día, no ha sido presentado ni a Naciones Unidas ni a sus
principales aliados.
Esta
situación no es nueva. Desde hace años, el plan de autonomía se menciona de
forma recurrente, pero sin desarrollos concretos. La falta de contenido ha
permitido mantener el conflicto en una situación de bloqueo prolongado, sin
avances reales ni compromisos claros.
El contexto
internacional ayuda a entender por qué este discurso reaparece ahora. Estados
Unidos ha tenido un papel destacado en la adopción de la Resolución 2797 y ha
mostrado interés en acelerar el expediente del Sáhara Occidental. Esa
posibilidad introduce incertidumbre y presión política.
Desde el lado
saharaui, la posición sigue siendo clara. El Frente Polisario insiste en que
cualquier negociación debe celebrarse bajo los auspicios de Naciones Unidas y
basarse en el derecho a la autodeterminación. Mientras no exista una
convocatoria formal de la ONU, no puede hablarse de un proceso político activo.
Las
informaciones sobre posibles sedes alternativas o contactos informales
contribuyen a crear la sensación de movimiento. Sin embargo, sin un marco claro
y sin el papel central de Naciones Unidas, estos contactos no constituyen una
negociación real.
En este
contexto, hablar de una “reactivación” del proceso político resulta prematuro.
Sin convocatoria formal, sin agenda y sin propuestas concretas, el conflicto
del Sáhara Occidental sigue en el mismo punto de bloqueo. Diferenciar entre
declaraciones diplomáticas y procesos reales es esencial para comprender la
situación y no generar expectativas que, por ahora, no se sostienen.
*Tomado de NO
TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL.