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17 noviembre, 2025

“Venezuela será otro capítulo infeliz en la historia de las injerencias de Estados Unidos”: Tim Weiner

 EOM

El premio Pulitzer, especialista en la historia de la CIA, cree que el mayor peligro para la seguridad de Estados Unidos es Trump.

Por Blas Moreno

Solo es cuestión de tiempo que Estados Unidos sufra un desastre de inteligencia. No será un nuevo 11S, probablemente no se parecerá a nada que hayamos visto antes. Pero quizá esté ocurriendo ya. Y si ocurre, Donald Trump intentará aprovecharlo para avanzar con su agenda autoritaria. Esta es la sombría premisa que defiende Tim Weiner (Nueva York, 1956), veterano periodista de The New York Times y premio Pulitzer por su trabajo sobre los servicios de inteligencia estadounidenses.

Weiner acaba de publicar La misión (Editorial Debate), su crónica sobre la historia de la CIA en los últimos veinticinco años. Sirve de continuación del ya clásico Legado de cenizas (2007, misma editorial), que repasa las luces y sombras de la agencia desde su fundación en 1947 hasta el fin de la Guerra Fría. El nuevo libro es un detallado repaso sobre los muchos fracasos, y algunos éxitos fulgurantes, de una CIA que entró en el siglo XXI sufriendo su mayor golpe, el 11S, y quedó desacreditada tras afirmar, sin pruebas, que el Irak de Sadam Huseín tenía armas de destrucción masiva. 

El mensaje de fondo es una advertencia sobre los peligros de poner la ideología por delante de una información de inteligencia rigurosa. Fue lo que llevó a la guerra de Irak, lo que impidió acabar antes con Osama Bin Laden y lo que está llevando a Trump a una escalada bélica con Venezuela.

Pero la CIA sigue siendo uno de los mayores instrumentos de poder de Estados Unidos, y está sufriendo como pocas instituciones el asalto de Trump. ¿Qué papel juega la CIA en la política exterior trumpista? ¿Puede resistirse a su deriva autoritaria? ¿Sobrevivirá a un presidente que odia la agencia e intenta destruirla? Entrevistamos a Weiner a finales de octubre en las oficinas del Instituto Aspen en Madrid, durante su visita a España para la promoción de su libro.

PREGUNTA – Afirma usted que la mayor amenaza actual a la seguridad nacional de Estados Unidos es Donald Trump. Si el peligro más grave para el país es su propio presidente, ¿está la CIA pasando por su momento más delicado en lo que va de siglo?

RESPUESTA – Hemos pasado diez años preguntándonos cuál es la naturaleza del extraño romance de Trump con Vladímir Putin. ¿Es un agente de la Federación Rusa?, ¿es un tonto útil? Creo que ahora tenemos la respuesta: no es un agente ruso. Es un aliado de Rusia. Trump está tratando de imponer a Ucrania un acuerdo basado en los términos rusos. No ha autorizado el envío de ni una sola bala para Ucrania: las armas que Estados Unidos ha entregado estos últimos meses fueron autorizadas por Joe Biden. Está recortando la asistencia militar a los socios de la OTAN justo cuando necesitan unirse para ayudar a Ucrania.

La Casa Blanca se ha unido al eje autoritario. Los sistemas que Estados Unidos y sus aliados crearon después de la Segunda Guerra Mundial están siendo derribados por Trump. Es una novedad profundamente desestabilizadora y provocará un caos peligroso para todo el mundo. Trump también está destruyendo deliberadamente las capacidades de inteligencia del Gobierno estadounidense, lo que aumenta el riesgo de que el país sufra un ataque o una crisis catastrófica.

—¿Por qué quiere Trump destruir a la CIA, cuando podría usarla para consolidar su giro autoritario?

—Quiere destruir la CIA porque la odia y le tiene miedo. La CIA, junto con el FBI, encontró pruebas irrefutables de que Vladímir Putin interfirió en las elecciones de 2016 para que Trump fuera elegido. Desde entonces, Trump ha estado en guerra contra la CIA, el FBI y otras agencias de inteligencia que señalaron la colaboración entre el Kremlin y el equipo de campaña de Trump. No creo que el presidente sea un agente reclutado por Rusia. Pero si lo fuera, ¿actuaría de manera muy diferente?

“El director de la CIA está ahí para implementar la venganza de Trump contra la agencia”

Claro que el problema con la política exterior de Trump no es solo su connivencia con Rusia. Su errática agenda incluye castigar a los aliados de Estados Unidos, cortejar a líderes autoritarios —incluidos de países hostiles a Washington— y forzar acuerdos apresurados a través de la presión económica y el chantaje. Si puede, además, intenta beneficiar sus propios intereses personales. ¿Qué papel juega la CIA en todo esto?

Weiner recuerda que la agencia “es la ejecutora de la política exterior estadounidense. Suele hacer exactamente lo que el presidente le pide”. Pero, dadas las circunstancias, la agencia tratará de resistir “órdenes insensatas o contraproducentes”. “La CIA tiene muchas maneras de decir que no. Rara vez se opone frontalmente al presidente. Pero es un aparato burocrático como cualquier otro. Si recibe una orden inviable o incómoda, puede marear la perdiz: tener muchas reuniones, demorarse en sus análisis y al final no hacer nada”, comenta.

Sin embargo, la capacidad de la CIA para resistirse se está reduciendo a medida que el Gobierno transforma la agencia desde dentro. Trump ha nombrado para los más altos cargos de la estructura de seguridad e inteligencia del país a personas más conocidas por su lealtad a él que por su capacidad para el puesto. Pete Hegseth, el secretario de Defensa —o de Guerra, como pretenden renombrar al Departamento—, es un antiguo presentador de la cadena Fox. Aunque no tiene experiencia en la Administración, dirige el Pentágono, uno de los organismos públicos más grandes del mundo. Tulsi Gabbard, la directora nacional de inteligencia, supervisora de todas las agencias de espionaje del país, es una teórica de la conspiración simpatizante del Kremlin y la Siria de Bashar al Asad.

Para dirigir la CIA, el presidente escogió a John Ratcliffe, un congresista republicano de Texas sin relación previa con el mundo de la inteligencia. Durante sus años en el Congreso, Ratcliffe destacó por ser uno de los legisladores más conservadores y cercanos a Trump. El nuevo director de la CIA ha impuesto exámenes de lealtad ideológica a los nuevos reclutas en los que se les pregunta si son votantes de Trump, si creen que Biden robó las elecciones de 2020 o cuál es su opinión sobre el asalto al Capitolio. Además, han sido despedidos un número indeterminado de agentes, incluida la analista senior para Rusia que supervisó el informe que demostraba la injerencia rusa en las elecciones de 2016. 

Ratcliffe también ha suprimido la política de diversidad de la CIA, que obligaba a la agencia a reclutar a agentes afroamericanos o de origen árabe o asiático, por considerarla woke. Pero esta práctica no trataba sólo de abrir oportunidades laborales a las minorías étnicas. Como dice Weiner en su libro, “enviar a un grupo de blancos a espiar en lugares como Somalia, Pakistán o China no es muy profesional […]. La CIA necesita desesperadamente espías capaces de mezclarse con la población local en tierras extranjeras” y que tengan “un buen dominio de las lenguas y culturas de los países a los que han sido destinados”. Según un agente de la CIA retirado que Weiner cita en el libro, “la diversidad es la principal fuerza de la agencia. Es nuestra mejor carta. Es la razón de que no nos pillen”.

“Solo es cuestión de tiempo que Estados Unidos sufra otro desastre de inteligencia”

—¿Cómo impacta todo esto en el trabajo de la CIA?

—La crisis en la CIA hoy es una crisis de liderazgo. John Ratcliffe no tiene apoyo interno. No es sólo porque promulgue políticas terribles. Cuando eres el director de la CIA, pides a tus agentes que hagan cosas inmorales —mentir, engañar y robar— al servicio de su país. Para tener la autoridad moral necesaria para pedirles esas cosas, debes ser intachable. Pero todo el mundo en la agencia que no sea un acólito MAGA sabe para qué está Ratcliffe ahí: es el encargado de implementar la venganza de Trump contra la CIA. 

El resultado de esta purga ideológica es la destrucción de las carreras de los agentes más experimentados. Es un estúpido despilfarro de capital humano; se están perdiendo miles de años de experiencia y conocimientos. Lo que ha sucedido en la CIA en los últimos nueve meses, los que Trump lleva en el poder, es equivalente a lo que sucedió en los nueve años posteriores al colapso de la Unión Soviética. Entonces también abandonaron la agencia montones de agentes curtidos porque al acabar la Guerra Fría se dijo: “¡misión cumplida!”. La CIA perdió un cuarto de su capital humano, las personas más experimentadas.

Aquel exceso de confianza, la ceguera estratégica de los años noventa, llevó a los atentados del 11S de 2001 y el desastre posterior. La CIA no estaba preparada para el mundo posterior a la Guerra Fría. La agencia llegó a advertir hasta 36 veces al entonces presidente George W. Bush de que Al Qaeda preparaba un ataque contra Estados Unidos. Pero los agentes no fueron capaces de concretar el cuándo, cómo y dónde, y de todas formas Bush no hizo caso. Desde que llegó a la Casa Blanca en enero de ese año había estado obsesionado por otra idea: derrocar al dictador de Irak, Sadam Huseín.

Bush forzó al entonces director de la CIA, George Tenet, a que buscara indicios de que Huseín tenía armas de destrucción masiva, que nunca encontraron porque no existían. No importó: Estados Unidos invadió Irak en 2003 y se empantanó en una guerra que manchó su imagen internacional, desestabilizó Oriente Próximo y dio alas al yihadismo. Centrada en perseguir a Sadam, la Administración Bush desechó varias oportunidades de acabar con el líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, al que más tarde se perdió la pista. Bin Laden se escondió entre Afganistán y Pakistán y no fue eliminado hasta 2011, ya durante la presidencia de Barack Obama. Tenet diría después que, en septiembre de 2001, estaban “lejísimo de entender a Al Qaeda”. 

Por el camino, la CIA se transformó: pasó de ser una agencia de espionaje clásico a una fuerza paramilitar antiterrorista. La CIA nunca había detenido e interrogado a prisioneros: su labor era recopilar información. Pero la “guerra contra el terror” lo justificó todo: crear cárceles secretas por medio mundo, de Polonia a Tailandia, torturar prisioneros o lanzar una campaña de asesinatos selectivos con drones por todo Oriente Próximo. Estos métodos brutales, lejos de ayudar a Washington a combatir el yihadismo, contribuyeron a propagar sus ideas. Según Weiner, Bush “despilfarró la autoridad moral” de Estados Unidos. Años más tarde, un diplomático estadounidense destinado en Irak durante la ocupación reconocería que “no sabíamos contra quién luchábamos”. 

Weiner cree que la erosión actual de la CIA puede provocar otro terrible fracaso como el del 11S: “El estado de ánimo en la agencia es bajo. Las personas que conozco dentro piensan que sólo es cuestión de tiempo que Estados Unidos sufra otro desastre de inteligencia”. ¿Cuál es el escenario que la CIA más teme? “Lo que los agentes de la CIA más temen, tanto los que siguen en servicio como los retirados, es volver a una situación como la del verano de 2001: saber que algo terrible va a pasar y no poder identificarlo a tiempo. Cuando la inteligencia tiene éxito —y a veces lo tiene—, puede salvar vidas. El verano pasado, en agosto de 2024, la CIA desarticuló un complot de un grupo afiliado a Dáesh para atacar un concierto de Taylor Swift en Viena. Si el ataque hubiera tenido éxito habrían muerto miles de personas”.

No es el único éxito de la CIA en lo que va de siglo. Diez años después del 11S, la agencia logró encontrar y asesinar a Osama Bin Laden en Pakistán. Para ello, abandonó la contrainsurgencia de los años de Bush y volvió a su misión clásica: el espionaje. Para finales de los años 2000, dice Weiner en su libro, “la CIA había empezado a conocer a su enemigo. […] Pero no habían sido las torturas ni los drones los que habían dado un giro total a la situación”. Para encontrar a Bin Laden, la CIA llevaba reclutando agentes de Al Qaeda en Pakistán desde 2006. 

Pero el mayor logro reciente de la CIA ha sido penetrar en las más altas esferas del poder en Rusia, descubrir la intención de Putin de invadir Ucrania en febrero de 2022 y anunciarlo al mundo. Infiltrarse en el Kremlin había sido el mayor objetivo de la agencia desde su creación en 1947, en los albores de la Guerra Fría. La decisión de la Administración Biden de difundir públicamente esta información de alto secreto desde semanas antes de la invasión no frenó el ataque ruso. Pero sí ayudó a los ucranianos a prepararse, fomentó la unión de los aliados de la OTAN y desmontó las falsas narrativas rusas sobre la guerra.

“Las consecuencias de esta autoinmolación estratégica se sentirán durante años”

¿Podría la CIA en los tiempos de Trump prevenir un ataque como el 11S? Weiner es claro: “su capacidad para hacerlo se está desmoronando.” Sea como sea, el próximo golpe no se parecerá a los anteriores. Podría, incluso, “estar ocurriendo ahora mismo”. Rusia, dice Weiner, “está en guerra con las democracias de toda Europa, una guerra híbrida de asesinato, subversión, sabotaje, espionaje y soborno para promover a la ultraderecha en Europa”. Un ejemplo es la Agrupación Nacional de Marine Le Pen en Francia, que comparte con Trump el ser “racista y nacionalista cristiana”, y además ha recibido dinero de Moscú. Lo mismo ocurre con La Liga en Italia o la extrema derecha británica. “Mucho depende de lo que suceda en Ucrania. Trump cree que a Putin se le debe permitir quedarse con lo que ha conquistado. Si eso sucede, ¿crees que Putin se detendrá allí? No”. 

—La cercanía de Trump con Rusia y su politización de la inteligencia estadounidense no sólo están dañando a la CIA por dentro. También está erosionando su legitimidad exterior. ¿Está la CIA teniendo problemas para trabajar con agencias de inteligencia de países aliados?

—Absolutamente. Hace sólo unos días, Países Bajos anunció que va a dejar de compartir inteligencia con la gente de Trump. Los neerlandeses tienen uno de los mejores servicios de inteligencia del mundo: fueron los primeros en descubrir que los rusos estaban hackeando el sistema político estadounidense en 2016. No quieren compartir su inteligencia con Estados Unidos porque se ha roto la confianza. Y si Países Bajos lo ha anunciado públicamente, sospecho que otros aliados europeos lo estarán haciendo en privado.

Las purgas internas, la desmoralización, la falta de estrategia a largo plazo, la erosión de las relaciones con agencias de países aliados… Los enemigos de Estados Unidos deben estar viendo la crisis de la CIA como un regalo caído del cielo, y aprovechándolo. Sin embargo, Weiner cree que no todas las consecuencias de lo que llama una “autoinmolación estratégica” se apreciarán enseguida. Podrían tardar años en afectarnos. 

—¿Cómo ve China esta crisis? Lleva décadas preparándose, infiltrándose y recopilando información de inteligencia para usarla contra Estados Unidos. 

—Los estadounidenses llamaron al siglo XX el siglo estadounidense. Estoy seguro de que los chinos piensan que el siglo XXI será chino. Tanto los rusos como los chinos pueden señalar lo que está sucediendo en Estados Unidos y decirle al resto del mundo: “¿Veis?, la democracia no funciona. Se necesita un hombre fuerte para liderar un país”. El resto del mundo podría acabar convenciéndose de que tienen razón.

La democracia es frágil. Nos enfrentamos a una muerte lenta de la democracia liberal y el surgimiento de una tecnocracia autocrática. Multimillonarios de derecha controlan la información que recibes y tienen a sueldo a senadores y congresistas. Para decirlo en términos anticuados, controlan los medios de producción, y el producto es la información. No quiero vivir en un mundo dirigido por tecnobros multimillonarios.

—La CIA sirve al presidente. Pero Trump rechaza los análisis de inteligencia que no le convienen. En junio, cuando Estados Unidos bombardeó tres instalaciones del programa nuclear de Irán, Trump anunció que había destruido el proyecto iraní de la bomba. Poco después Jeffery Kruse, el director de la DIA, la agencia de inteligencia militar del Pentágono, le contradijo: todos los indicios apuntan a que el programa nuclear iraní no ha sido destruido, solo dañado, y puede que tarde solo meses en recuperarse. Kruse fue despedido

—Richard Helms, director de la CIA de 1966 a 1973, dijo una vez: «si no se nos cree, no tenemos propósito».

—Otro de los conflictos en los que Trump no se cree lo que le dicen sus espías es Venezuela. Un informe en abril desmentía que Nicolás Maduro, el dictador venezolano, tenga contactos con el Tren de Aragua, una organización criminal. También es falso que Venezuela sea el origen de la droga que llega a Estados Unidos o que esta circule por el Caribe: la cocaína viene de Colombia, Ecuador o Bolivia, el fentanilo sale de México, y se envían sobre todo a través del Pacífico. Pero Trump ha usado estos pretextos para escalar la tensión con Venezuela en las últimas semanas.

—Los jesuitas decían que hay dos tipos de ignorancia. Está la ignorancia invencible: aquellas cosas que nunca sabrás porque los caminos de Dios son inescrutables. Y luego está la ignorancia vencible: las cosas que puedes saber, que incluso necesitarías saber, pero no quieres conocer porque resulta demasiado difícil. Cosas que decides voluntariamente ignorar.

La ignorancia vencible ayuda mucho a explicar las guerras de Vietnam e Irak y esta escalada en el Caribe. El presidente está desechando la inteligencia que dice que Venezuela no está en guerra con Estados Unidos, porque no quiere saber la verdad. Las acciones encubiertas sin buena inteligencia son una receta para el desastre.

—Sobre todo cuando tu presidente autoriza a la CIA a hacer operaciones encubiertas, y lo anuncia públicamente… ¿Qué pretende hacer Trump en Venezuela?

—En principio, derrocar a Maduro.

—Pero la CIA no tiene medios para hacerlo por sí sola, ¿no? Sería necesario recurrir a los militares…

—Podrían intentarlo. Maduro no está en una posición de poder. Robó las últimas elecciones, todo el mundo lo sabe. Su economía está en crisis. La líder de la oposición, María Corina Machado, acaba de ganar el Premio Nobel de la Paz e inmediatamente pidió a Trump que invadiera su país, lo cual es una posición inusual para alguien que acaba de recibir un Nobel de la Paz...

Si Estados Unidos invade Venezuela puede derrocar a Maduro en cuestión de días o unas pocas semanas. Pero el costo será la vida de cientos de civiles inocentes y la instalación de un nuevo Gobierno por la fuerza. Será otro capítulo infeliz en la historia de los cambios de régimen instigados por Washington.

—Está aplicando en el Caribe la misma lógica de la guerra contra el terror.

—La invasión de Panamá de 1989 es el ejemplo que más se acerca. Pero sí, tienes razón al señalar esa conexión. Trump está usando el lenguaje de la guerra contra el terror no solo contra presuntos «narcotraficantes» en el Caribe, sino también contra la oposición dentro de Estados Unidos. Afirma que los estadounidenses que se oponen a él son terroristas antifa o marxistas lunáticos. No, no lo son. Son personas normales como tu abuela. 

Cuando Estados Unidos lanzó su guerra contra el terror, terminó en guerra consigo mismo. Los departamentos de policía y la Guardia Nacional de todo el país recibieron excedentes de equipamiento militar —tanques, vehículos blindados, lanzamisiles—, y ahora patrullan las ciudades estadounidenses como si estuvieran en Faluya. Si llamas terrorista a todo el que no te gusta, la palabra pierde su significado.

—Ya que mencionaba antes la ignorancia vencible, ¿fue eso lo que le pasó a Israel con el ataque de Hamas del 7 de octubre? ¿El Mosad no lo supo ver venir?

—Creo que pasarán años antes de que comprendamos todo el trasfondo de aquello. Pero la evidencia que conocemos hasta ahora apunta a que Benjamin Netanyahu ignoró las advertencias. Y lo hizo por motivos políticos: ha lanzado esta guerra y perpetrado este genocidio con el único propósito de permanecer en el cargo y frenar su juicio por cargos de corrupción, por los que merece ser condenado.

¿Qué haría Trump si el país sufre un gran fallo de inteligencia? Weiner cierra su libro planteando ese escenario sombrío: “Imaginémonos lo que podría ocurrir si un nuevo ataque terrorista golpease los Estados Unidos. ¿Qué impediría al presidente declarar la ley marcial o cancelar las elecciones?” No es el único autor en advertir sobre esa posibilidad. La politóloga Barbara Walter, autora de Cómo empieza una guerra civil y cómo evitar que ocurra (Ediciones Península, 2025), cree que Trump podría usar el pretexto de una guerra como la de Venezuela o una crisis interna para imponer la ley marcial y cancelar las elecciones de medio mandato de 2026.

¿Está Trump erosionando deliberadamente a las agencias de inteligencia para provocar este fallo de seguridad? Weiner cree que no, “no es tan inteligente, no es un pensador estratégico. Trump no juega al ajedrez tridimensional”. Pero, sin duda, está erosionando la democracia en Estados Unidos. Weiner cree que el fin de la democracia representativa en Estados Unidos es una fuerte posibilidad. Y si sobrevive, “reparar el daño que Trump ha hecho llevará muchos años”.

—¿Qué pasaría si el presidente le pide a la CIA que haga algo ilegal o en contra de su propósito como, por ejemplo, asesinar a un oponente político o atacar al Gobierno de un país aliado de Estados Unidos en Europa? ¿Haría la agencia eso?

—Espero que dijeran no a un asesinato. Sin embargo, la respuesta honesta es esta: alguien le preguntó una vez a Zhou Enlai qué pensaba de la Revolución francesa. Zhou dijo: «Es demasiado pronto para saberlo».

—¿Sobrevivirá la CIA a Trump?

—Sí, sobrevivirá, de la misma manera que el Coliseo sobrevivió a la caída del Imperio romano. Seguirá ahí, pero en parte estará en ruinas.

Tomado de EOM (El Orden Mundial).