Estados Unidos montó una operación para que el Sahara pasara
a Marruecos hace 50 años
Fernando
Rueda* / @fernando_rueda
Mohamed VI está empeñado en anexionarse el Sahara, mismo
empeño que su padre hace ahora exactamente 50 años. Sin lo que pasó
entonces, jamás estaría ocurriendo lo de ahora. Los actores se repiten: el
pueblo saharaui abandonado, Marruecos empeñada en ganar territorio y quedarse
con sus riquezas naturales, España haciendo dejación de las que debían ser
sus funciones y Estados Unidos apoyando a los reyes alauitas de una manera
imprescindible.
Hoy voy a narrar la triste página de la historia que vivimos
hace 50 años, en la que el espionaje jugó un papel decisivo. Bueno, y
también el entonces príncipe Juan Carlos.
En 1975, Estados Unidos mandó
como embajador a España a Wells Stabler, con la misión prioritaria de
controlar la sucesión tras la muerte de Franco y ser el contacto directo con
Juan Carlos. Poco después de su llegada, desde la Casa Blanca decidieron montar
una arriesgada operación: la entrega del Sahara a Marruecos.
Fue una conspiración en toda regla. Su éxito exigía que nadie
descubriera que la partida de ajedrez, jugada con discreción entre las
autoridades marroquíes y españolas, estaba siendo manipulada a distancia por
actores externos cuya identidad y movimientos nunca debían ser conocidos. Por
suerte, el paso de los años y la desclasificación de documentos en Estados
Unidos permiten reconstruir una operación dirigida por la CIA, en la que Juan
Carlos jugó un papel presionado por la necesidad de ganarse apoyos vitales como
el de Estados Unidos.
La conspiración de la CIA
Vernon Walters, subdirector de la CIA, el militar que había
tenido la osadía necesaria para preguntarle a Franco qué pasaría en España tras
su muerte, mantenía buenas relaciones en España, pero aún mejores con el
rey Hassan II. La geoestrategia del momento político que se vivió en 1975 y su
mano manipuladora permitieron cumplir el objetivo.
En agosto de 1974, el gobierno franquista había dado el
primer paso para deshacerse del Sahara. Carecía de sentido seguir ocupando el
territorio. Propusieron lo más lógico en relación con la vieja relación
mantenida con los saharauis: descolonizar el país y celebrar un referéndum
de autodeterminación. La idea no gustó a Hassan, que ansiaba ampliar su
Estado y quedarse con la gran riqueza que ya se intuía en la parte norte del
Sahara: fosfatos, petróleo y gas. Estados Unidos también mostró su
rechazo, en su caso porque si el Sahara se independizaba era carne de cañón
para que Argelia ganara influencia y eso abriera la puerta a la presencia
soviética. Además, Marruecos era un gran aliado de los americanos, fiel hasta
la médula, aunque solo fuera porque era la opción más interesante de
Hassan para mantenerse en el trono y evitar a los rebeldes que habían
maniobrado para acabar con su reinado con golpes de mano y dos intentos de
asesinato.
Estados Unidos estaba ayudando a España de cara a la
Transición y al mismo tiempo abrió otra unión temporal de intereses con
Marruecos para que el Sahara pasara a su dominio. En el diseño inicial de la
operación participaron agentes de la CIA con un gabinete de estudios
estratégicos ubicado en Londres y financiado por Kuwait, cuyos resultados le
entregaron para su aprobación al secretario de Estado, Henry Kissinger.
Tras hacerse pública la voluntad española descolonizadora,
Hassan recurrió a la ONU y el caso de la autodeterminación pasó a la Corte
Internacional de Justicia para que dilucidara los antecedentes históricos.
Marruecos consiguió su objetivo de ganar tiempo: España paró el referéndum.
La dialéctica marroquí fue sumamente agresiva, pero España se
mantuvo en sus trece. El gobierno de Arias no quería que el conflicto
prosperara y siguió con sus planes. Durante los primeros meses de 1975 el
Ejército comenzó a ejecutar la «Operación Golondrina». Poco a poco trajeron de
regreso a las tropas y desmantelaron sus instalaciones. Todo dentro de unos
planes secretos que no tardaron en llegar a oídos de los agentes de la CIA
destacados en España. Según documentos de la agencia estadounidense conocidos
muchos años después, el príncipe filtró a su contacto directo en España,
el embajador Stabler, los planes de Franco con respecto al Sahara. Lo haría
durante meses.
El mensaje en clave de Kissinger
Mientras, la CIA implementaba su confabulación en contacto
permanente con sus socios marroquíes y la interlocución directa entre Walters y
Hassan. Decidieron llevar a cabo una marcha pacífica de cientos de miles
de marroquíes sobre el Sahara que ha pasado a la historia como la «Marcha
Verde».
Solo faltaba el beneplácito oficial del presidente Ford. El
21 de agosto de 1975, Kissinger mandó un telegrama desde la embajada de su país
en Beirut, en el que, utilizando lenguaje en clave, autorizaba el inicio de la
operación, que debía concluir con la entrega del Sahara a Marruecos: «Laissa
podrá andar perfectamente dentro de dos meses. Él la ayudará en todo». «Laissa»
es la Marcha Verde y «Él» es Estados Unidos.
En las siguientes semanas se sumarían acontecimientos que
ayudaron a cimentar el plan, como el lógico apoyo de Francia a su aliado
marroquí, y otros sobrevenidos que lo facilitaron. De nada debía servir la
opinión mayoritaria en el mundo de que los saharauis tenían derecho a gobernar
su propio territorio.
El 12 de octubre Franco enfermó y esta vez los médicos
reconocieron que ya no había salida, podía tardar más o menos, pero no
viviría mucho tiempo más. El 17 de octubre Hassan anunció una «marcha del
pueblo». No mencionó, claro, que la enfermedad del dictador le venía como
anillo al dedo para sus planes: estando moribundo, el gobierno español no iba a
meterse en una guerra.
El 30 de octubre el príncipe asumió la jefatura de Estado en
funciones, que ya no abandonaría. Si ha quedado claro el papel de apoyo no
explícito a Estados Unidos, no lo está tanto su relación durante esos
meses con Hassan. Los dos se llevaban y se llevaron siempre «como hermanos». La
versión más creíble habla de un pacto para que la «Marcha Verde» no acabara en
un desastre que enfrentara abiertamente a los dos países y el consiguiente
acuerdo de paz por el que España les entregaba el Sahara, exactamente lo que
Vernon Walters había planeado.
Juan Carlos tuvo la iniciativa urgente y sorprendente de
viajar el 2 de noviembre a El Aaiún, la capital del Sahara, para reunirse
con los militares allí destinados y subir su moral. Después, el 6 de noviembre,
se produjo la marcha secundada por 350.000 marroquíes y el acuerdo de España
con Marruecos y Mauritania, que concedía la parte rica del Sahara a los
primeros.
*Especialista español en asuntos de espionaje trabaja en
radio, prensa y televisión, y da clases en la Universidad Villanueva.
Tomado de The Objective / España. En la imagen, Juan Carlos de
Borbón, para el momento, Príncipe de España, se despide de las autoridades en
el Aeropuerto Internacional de El Aaiún. | Europa Press