La desigualdad económica no solo se manifiesta en el acceso a
los recursos o en la acumulación de riqueza, sino también en el impacto
ambiental que cada individuo genera. Una persona rica contamina infinitamente
más en un solo día que alguien pobre en todo un año.
Esta afirmación, aunque contundente, refleja una realidad
sustentada en el estilo de vida que la riqueza permite mantener. Los hábitos de
consumo, la movilidad, la alimentación y la vivienda de los sectores más
acomodados implican un gasto energético y una huella
de carbono desproporcionadamente alta.
Por ejemplo, una sola jornada de viajes en avión privado o el
uso constante de automóviles de lujo pueden emitir más dióxido de carbono que
el consumo energético anual de una familia humilde. Las viviendas amplias,
climatizadas y llenas de aparatos electrónicos requieren enormes cantidades de
energía, mientras que los hogares modestos suelen limitarse a cubrir
necesidades básicas.
Así contamina una persona rica
De cara a la conferencia internacional sobre el clima COP30
en Belém (Brasil), y cuando se cumple un año de la DANA*, un nuevo informe
revela que los estilos de vida altos en emisiones de carbono de los superricos
están agotando el presupuesto de carbono restante del mundo, es decir, la
cantidad de CO2 que se puede emitir sin provocar un desastre climático.
El informe, titulado El saqueo climático: cómo unos
pocos poderosos están llevando al mundo al desastre, presenta nuevos datos
y análisis actualizados que revelan que, desde 1990, el 0,1% más rico produce
más contaminación por carbono en un solo día que alguien del 50% más pobre
durante todo un año. Si todo el mundo emitiera como el 0,1% más rico, el presupuesto
de carbono se agotaría en menos de tres semanas.
El informe destaca que el superrico promedio produce 1,9
millones de toneladas de CO2 al año a través de sus inversiones. Son necesarias
casi 10.000 vueltas al mundo en sus jets privados para emitir
semejante cantidad.
En España se repite el mismo patrón: una persona del 0,1% con
mayores ingresos genera una huella de carbono que equivale a 55 veces la
de una persona del 50% con menores ingresos. Para alcanzar niveles sostenibles,
tendría que reducir un 99,4% sus emisiones en 2030.
Hace un año, la DANA dejó un rastro devastador y evidenció
cómo los fenómenos climáticos extremos golpean con más fuerza a quienes menos
tienen. Las personas que más sufrieron sus consecuencias fueron las más
vulnerables: hogares con menos recursos, mujeres, personas mayores y
comunidades migrantes. Son también quienes cuentan con menos apoyo
institucional y los que más tardan en recuperarse de este tipo de impactos en
cualquier parte del mundo, también en España.
Las inundaciones son el desastre climático que mayores daños
genera cada año en España, con un coste de 800 millones de euros anuales. Más
de un millón de viviendas están construidas en zonas de riesgo de inundación
fluvial o marítima, principalmente en el Mediterráneo.
En las áreas urbanas con mayor nivel de riesgo, el 81%
de los hogares tienen una renta media neta por hogar de menos de 40.000 euros.
Las personas con menores ingresos son más vulnerables, viven en barrios con
mayor estrés climático, viviendas más antiguas y con mayor precariedad, lo que
incrementa su vulnerabilidad ante episodios extremos.
“LA DANA fue una muestra de cómo la crisis climática se
entrelaza con la desigualdad. No olvidemos que España está entre los países más
expuestos de Europa. La DANA fue una expresión dramática y una evidencia de
nuestra vulnerabilidad ante los efectos del cambio climático, especialmente
acuciante en la costa mediterránea. Es también una señal clara de la necesidad
de avanzar tanto en la transición energética justa como en planes de
adaptación que no dejen a nadie atrás”, explican en el informe.
Influencia injusta
El poder de las personas y empresas también les permite
ejercer una influencia injusta en la elaboración de políticas y diluir las
negociaciones sobre el clima. En la COP29, se
concedieron acreditaciones a 1.773 lobistas del carbón, el petróleo y el
gas, más que a los 10 países más vulnerables al clima juntos.
Varios países ricos y con altas emisiones, como Estados
Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania, acaban frenando las leyes climáticas
tras recibir grandes donaciones de los lobistas contrarios al clima.
“Debemos denunciar estas prácticas y el poder descomunal de
los superricos gravando su riqueza extrema, regulando su participación y
defendiendo a las personas más afectadas por la crisis climática”, afirma
Benavides.
Las emisiones del 1% más rico son suficientes para causar
aproximadamente 1,3 millones de muertes relacionadas con el calor a
finales de siglo, así como 44 billones de dólares de daños económicos a
los países de ingresos bajos y medios-bajos para 2050.
Los efectos de estos daños climáticos afectarán de manera
desproporcionada a quienes menos han contribuido a la crisis climática, en
particular a las personas que viven en el Sur Global, con mayor impacto en las mujeres,
las niñas y los grupos indígenas.
La COP30 marca diez años desde el Acuerdo de París de 2015. Durante este periodo, el 1%
más rico del mundo ha consumido más del doble del presupuesto de carbono que
la mitad más pobre de la humanidad en su conjunto.
¿Qué soluciones se pueden aportar?
Entidades sociales piden a los gobiernos que reduzcan las
emisiones y desmantelen el poder político y económico de los superricos
mediante:
1.
Reducir
drásticamente las emisiones de los superricos y hacer que los
contaminadores más ricos paguen, mediante impuestos sobre la riqueza extrema,
impuestos sobre los beneficios excesivos de las empresas de combustibles
fósiles y el apoyo a la Convención de las Naciones Unidas sobre Cooperación
Internacional en materia Fiscal. Un impuesto del 60% sobre los ingresos totales
del 1% más rico a nivel mundial podría reducir las emisiones de carbono
equivalentes al total de las emisiones del Reino Unido y generar alrededor de
6,4 billones de dólares.
2.
Frenar
la influencia económica y política de los más ricos prohibiendo a las
empresas de combustibles fósiles participar en negociaciones climáticas como la
COP, aplicando normativas de sostenibilidad a las empresas y las instituciones
financieras, y rechazando acuerdos comerciales y de inversión como el ISDS, que
priorizan los intereses de los superricos por encima del bien público.
3.
Reforzar
la participación de la sociedad civil y los grupos indígenas en las
negociaciones sobre el clima y abordar los efectos desiguales del cambio
climático.
4.
Adoptar
un enfoque de reparto equitativo del presupuesto climático restante,
comprometiéndose con las NDC que reflejen la responsabilidad histórica y la
capacidad de actuar, y garantizando que los países ricos proporcionen una
financiación climática ambiciosa.
5.
Construir
un sistema económico equitativo que anteponga a las personas y al planeta,
rechazando la economía neoliberal dominante y avanzando hacia una economía
basada en la sostenibilidad y la igualdad.
Por el contrario, las personas pobres, muchas veces por
necesidad, desarrollan hábitos de consumo más sostenibles: reutilizan,
reparan, cultivan sus propios alimentos o se desplazan caminando o en
transporte público. Sin embargo, son también quienes más sufren las consecuencias de
la crisis climática provocada por el exceso de unos pocos: sequías,
inundaciones, pérdida de cosechas o desplazamientos forzados.
El problema, por tanto, no radica únicamente en la cantidad
total de contaminación, sino en su distribución desigual. Para
combatir la emergencia climática, no basta con exigir sacrificios a la mayoría;
es imprescindible que quienes más contribuyen al daño ambiental asuman su
responsabilidad.
Fuente: ECOticias.com
*Las inundaciones de la
DANA de 2024 en España fue una catástrofe
natural causada por una gota fría o
depresión aislada en niveles altos (DANA) que comenzó el 29 de octubre de 2024
en el este de ese país, afectando en distinta medida a zonas de las comunidades autónomas de Aragón, Castilla-La Mancha, Andalucía, Cataluña y,
muy especialmente, la Comunidad Valenciana.