Por Víctor Baptista / Opinión
Los venezolanos hemos estados sumergidos en esa vorágine
llamada polarización y que nos bambolea en esta atormentada crisis política.
Unos, el gobierno después del fraude cometido impunemente violando la
Constitución, se ha dedicado a reprimir, encarcelar luchadores sociales y
políticos, a desafiar a la sociedad con violencia, a someter a los ciudadanos a
sueldos miserable, a una inflación demencial, a unos servicios públicos
denigrantes, y en cuanto a salud y educación ni se diga, vivimos en un país devastado,
donde pensar distinto es un delito, y eso se refleja en el asedio a medios de
comunicación, y sobre todo en imponer la autocensura al estilo propio del
autoritarismo.
Del otro lado, un sector opositor que sigue vendiendo humo, que apoya sanciones, y exige intervención militar sin importar las consecuencias fatales de estas exigencias. Esa oposición se ha rendido ante los desafueros de Donald Trump, ese mismo que hoy persigue a los venezolanos en USA, que les ha quitado el TPS, y el beneficio del exilio.
Casi 4 meses tenemos
frente a nuestras costas todo un arsenal bélico, amedrentando con una
intervención militar, en medio de rechazos no solo de la sociedad norteamericana,
también mundial y sobre este hecho, se esgrime como argumento la lucha contra
los carteles de las drogas, para justificar un hecho político. Ante esta
situación la pregunta que me hago es: ¿Qué harán luego de que no pase nada? Es
hora de pensar en el país, de deponer actitudes individuales y procurar tender
entendimientos que nos permitan actuar más como agentes unificadores para buscar
el espacio de las negociaciones donde diversos factores puedan allanar el
camino a una transición ganar ganar.
Las guerras solo dejan destrucción, muertes de inocentes y un
futuro negro de largo alcance. Todavía estamos a tiempo, para mañana es
tarde.
