Lo que busca el gobierno de Trump es desestabilizar a los
países del Caribe y la zona andina, considera
Artífice del juicio penal contra el ex presidente Uribe y
negociador de los acuerdos de paz, el puntero del proceso electoral de 2026
propone un gran diálogo nacional para abordar los problemas de su país
Blanche Petrich
El candidato a la presidencia de Colombia por el Pacto
Histórico (PH), Iván Cepeda Castro, puntero en estas etapas iniciales del
proceso electoral que culmina el 31 de mayo de 2026, apuesta por la continuidad
del proyecto que inició Gustavo Petro, pero también por “su radicalización en
algunos casos y por la corrección y enderezamiento de cosas que se han hecho
mal”.
Cepeda es senador por el partido Polo Democrático
Alternativo, parte de la coalición del PH. Fue quien emprendió el juicio penal
contra el poderoso ex presidente Álvaro Uribe, acusado por compra ilegal de
testigos para el encubrimiento del paramilitarismo y declarado culpable, aunque
en una segunda instancia lo absolvió un tribunal superior.
–En ese pulso que se echó con Uribe, ¿ganó?
–El pulso no ha terminado. Vamos a seguir. Esto tiene varios
episodios todavía.
Y agrega, a partir de su experiencia como víctima, defensor
de víctimas y político opositor enfrentado al paramilitarismo: “Lo que he
aprendido es que, al final, David le gana a Goliat”.
La guerra del fracaso eterno
Durante su paso por México, formuló en entrevista con La
Jornada uno de los problemas que considera primordiales para su país, para
la región y para estos tiempos: “¿Vamos a seguir en la guerra contra las
drogas, que es la guerra del eterno fracaso? ¿Vamos a seguir en esa ficción
estéril que nos ha llevado a sacrificar la vida de miles de personas? ¿O vamos
a buscar soluciones fundamentales por medio de un diálogo de gran alcance?”
Lo dice mientras, como telón de fondo en la región, el
gobierno de Donald Trump ha ordenado el despliegue del portaviones más grande
del mundo, el Gerald Ford, preparado para una operación bélica de
dimensiones inciertas en el Caribe.
–Estamos asistiendo a la aparición de una estrategia
internacional en la que hay acciones recíprocas entre las derechas nacionales y
la derecha en Estados Unidos para consolidar nuevos poderes extremistas. El
gobierno de Trump es eso, un gobierno de derecha extrema, fascista, que busca
beneficiar a derechas pares de otros países. En Argentina, El Salvador y en
Colombia, por supuesto.
“Ahí podemos ver la vieja relación de Álvaro Uribe con la
extrema derecha de Miami y con el secretario de Estado Marco Rubio, que hemos
documentado desde largo tiempo. Lo que menos les importa es el narcotráfico. Es
una estrategia intervencionista, de desestabilización y eventualmente de
intervención militar.
Derrotar con liderazgo
“Uno no trae a escena un aparato como el portaviones Gerald
Ford, que es la máquina de guerra más grande que tiene Estados Unidos,
simplemente para mostrarla. Es una señal de fuerza contra nuestra soberanía.
Desestabiliza a Brasil, Colombia, desde luego a Venezuela, pero también la zona
andina y todos los países del Caribe. ¿Qué país puede tener la certeza de que
el día de mañana no será el siguiente en la lista del golpe quirúrgico?”,
plantea Cepeda.
–Usted suele decir que una de las lecciones que le
dejó la experiencia como facilitador de las negociaciones de paz de Colombia es
la convicción de que aun entre las fuerzas más antagónicas existe la
posibilidad de un entendimiento. Pero visto lo visto con un Donald Trump, un
Nayib Bukele, un Javier Milei… figuras de esta tendencia global extrema. ¿Con
ellos es posible dialogar?
–Yo creo tanto en el diálogo como en la derrota política de
la democracia y de la rebeldía no violenta por el enfrentamiento. He sido
mediador, pero también soy sobreviviente de un genocidio que ha enfrentado las
peores mafias en las circunstancias más adversas. Estoy preparado para uno u
otro escenario. Y a sectores de derecha que no entienden que el diálogo es
necesario para construir alternativas hay que derrotarlos políticamente,
intelectualmente, con liderazgo moral y con la gente, con las multitudes.
–Cuando en 2022 ganó la izquierda se apostó por una paz
total. El objetivo se ha ido complicando, con grupos que siguen en armas y no
se avienen a un acuerdo de paz; con el encono y la virulencia de las derechas…
–…y con la globalización del narcotráfico –acota el senador y
candidato presidencial que llegó a la política por medio de la defensa de
derechos humanos en los tiempos del conflicto armado.
“Hoy la economía del narcotráfico está mundializada, con
formas de enlazamiento con otras economías ilícitas que las hacen mucho más
potentes. Eso ha complejizado todo”, señala.
Dignidad moral
–¿Cómo se ve usted frente al proceso electoral en el
que está en juego la continuidad, o no, de una experiencia progresista?
–La característica de las luchas que he dado, y que ha dado
la gente en Colombia, es que han sucedido en las peores condiciones de
adversidad. En 2004 vimos llegar a los paramilitares al Congreso en medio de
vítores en Bogotá. En ese momento nadie daba un peso por nosotros. Los
derrotamos poco a poco porque a partir de esa tarde fue más nuestra dignidad
moral que esa inmensa máquina.
“El pulso contra Álvaro Uribe no ha terminado todavía. Y no
ha terminado porque el ex presidente no ha querido entender que en un acto de
grandeza política y humana, podría reconocer su responsabilidad. Pero su
arrogancia no se lo ha permitido. Entonces vamos a seguir.
“Cree que porque en una segunda instancia fue absuelto ya
todo terminó. No, no. Ahí están las madres de tantos hijos que bajo el gobierno
de Uribe fueron convertidos en terroristas. O en desaparecidos. Uribe cree que
eso se puede borrar. No se puede porque es la fuerza de las víctimas, el poder
de la verdad, el poder del amor.
–¿Y qué pasa en momentos de extrema polarización
política?
–Contrario al vaticinio que hicieron de nosotros, el
presidente Petro ha sido profundamente respetuoso de la Constitución y la
democracia. No que no hayan ocurrido hechos muy lamentables últimamente, como
el asesinato de un senador (Miguel Uribe Turbay, que se perfilaba como
candidato del conservadurismo a la presidencia). Pero la oposición no puede
decir que le han negado sus derechos políticos.
Estrategia bien formulada pero mal aplicada
–En cuanto a sus propósitos, usted fue parte del proceso de
negociaciones para los acuerdos de paz, que por una parte fueron ejemplares
porque lograron poner fin a la guerra interna más larga e intensa del
continente, pero también ha sido muy frustrante porque la violencia ha
continuado por otras vías.
–Ajá, esa es la pregunta que se trató de responder con la
estrategia de la paz total, bien formulada pero mal aplicada. Evidentemente,
ahí hay una gran pregunta. ¿Podemos seguir así, un día intentando una solución
con un grupo en una negociación tortuosa, y al día siguiente con otra mientras
otros vuelven a las armas? Es que estamos planteando el problema, que puede dar
algunas respuestas satisfactorias, pero no estamos resolviendo el fondo del
problema. Entonces mi propuesta es el diálogo nacional.
–¿Cómo?
–Un gran diálogo entre todos. Más y más diálogo. Hay que
profundizar, hay que hacer más. Si salgo triunfador de la elección, al día
siguiente voy a convocar a todas las fuerzas políticas y económicas a que
hagamos un diálogo. ¿Y cómo? Como en cualquier negociación: se crea una mesa,
una agenda, un cronograma, se llegan a unos acuerdos y se implementan. Aquí ya
no es discutir con un grupo armado sobre cuál es su visión de país. Aquí es
discutir cuál es el problema del país. Una gran mesa donde puedan estar todos.
Tomado de La Jornada / México. Foto: Jorge Ángel Pablo
García.
