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03 octubre, 2025

Los Denisovanos, un nuevo linaje humano

 Por Orlando Arciniegas*

Fue en marzo de 2010 cuando científicos alemanes identificaron un nuevo tipo de humano que vivió en Asia hasta hace entre 30.000 y 48.000 años. Pero esta historia, necesariamente, se remonta al 2008, el año en que arqueólogos rusos, trabajando en la cueva Denísova, en el sur de Siberia, Rusia, descubrieron un hueso diminuto: la punta del dedo meñique que atribuyeron a un ser humano (una niña) que vivió, o en todo caso murió allí, decenas de miles de años atrás. El fragmento óseo fue muy apreciado, desde el principio, por lo bien conservado que se veía. Esto daba a sus descubridores la esperanza de que contuviera ADN intacto, como para ser objeto de análisis. Como en efecto ocurrió. 

Un equipo de genetistas dirigido por Johannes Krause, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania) logró extraer 30 miligramos de hueso y de allí suficiente ADN arcaico para su secuenciación genética (de cerca de 20.000 genes). El equipo pudo entonces descifrar el genoma mitocondrial completo, quedando sorprendidos por el hallazgo. El ADN encontrado no coincidía con el de los humanos modernos, homo sapiens, ni con el otro candidato posible, los neandertales. Así que, por simple descarte, pertenecía a un nuevo linaje humano, y había que ponerle un nombre. Denisovanos fueron llamados en honor a la cueva rusa de origen. 

Nueve meses más tarde, el equipo genetista aumentó las sorpresas: el genoma nuclear completo del meñique permitió conocer que los denisovanos eran un grupo hermano de los neandertales, que, como se sabe, vivieron más en Europa que en Asia, por miles de años. A eso le siguió el descubrimiento de una muela identificada como denisovana, inusualmente grande, a diferencia de las de sapiens y neandertales. Y para convencer a escépticos, si aún quedaban, el equipo genetista informó que las personas que viven actualmente en las islas de Nueva Guinea y Bougainville, en el suroeste del océano Pacífico, a unos 8.500 kilómetros de la cueva de Denísova, heredaron entre el 4 % y el 6 % de su ADN de los enigmáticos denisovanos. Como evidencia incontrovertible del cruzamiento genético entre especies de homínidos arcaicos. 

Estudios posteriores, por ejemplo, uno adelantado por la Universidad de Brown ―de la Ivy League―, en Providence, Rhode Island, EE.UU., y publicado en _Science_, se centró en una variante genética, derivada de los denisovanos, que está presente en latinoamericanos modernos con ascendencia indígena americana, y a la que se atribuye un refuerzo de su sistema inmunitario. Igualmente, ha ocurrido con una versión de un gen llamado EPAS1, adquirido de los denisovanos, que podría haber ayudado a los sherpas (grupo étnico que vive entre Nepal y el Tíbet) y otros tibetanos a adaptarse a las grandes altitudes. Todo lo cual nos indicaría que los hallazgos tuvieron continuidad sin que alcanzaran la espectacularidad de su primer momento. 

Los científicos dicen que la frecuencia con la que aparecen tales genes en las poblaciones humanas modernas sugieren que han estado bajo una importante selección natural, permitiendo pensar, a su vez, que han proporcionado igualmente alguna ventaja de supervivencia o de reproducción a quienes son sus portadores. Lo cierto es que, durante más de una década, los denisovanos fueron apenas un nombre en la ya amplia familia genealógica de los humanos. Y a diferencia de sus más conocidos hermanos neandertales, de quienes se han hallado cráneos completos y esqueletos en diversas partes tanto de Europa como de Asia, de ellos apenas se tenía, aunque completa, y, a partir de 2010, su huella genética. Pero la escasez de fósiles, nos había privado por completo de conocer su apariencia y otros detalles. Vacío que se cree empezó a cambiar a partir del hallazgo de un fósil extraordinario, el “cráneo de Harbin”, y uno de los más completos jamás hallados.  

El hallazgo de este cráneo, sorprendentemente completo, que tiene de por sí una historia que contar, fue recuperado en 2021 por científicos chinos, que establecieron su plena condición de fósil humano. La denominación que se le diera entonces fue la de _Homo longi_, y apodado “el hombre dragón”. Ambos nombres se inspiraron en la región del río Long Jiang Dragon, del noreste de China, donde se produjo el hallazgo. Cuya antigüedad, estimada, es de al menos 146.000 años, y que nos revela tanto su morfología como su existencia en el contorno del Asia Oriental, durante el Pleistoceno. Si bien en un principio, el “hombre dragón” llegó a considerarse como una nueva especie humana característica de Asia, los estudios posteriores, del más alto nivel científico, con la presencia del genetista sueco y Nobel de Medicina, Dr. Svante Pääbo, han permitido establecer, tal como fuera anunciado el miércoles 18 de junio de 2025, que se trata de un denisovano.   

Acerca de la calidad del fósil, recogemos aquí las palabras que expresara el profesor Chris Stringer, del Museo Natural de Londres, quien hizo parte del grupo de investigación: *“En términos de fósiles en el último millón de años, este es uno de los más importantes descubiertos hasta ahora” *.

*HISTORIADOR.