El comercio de crías de grandes simios está en auge, para
usarlas como mascotas, en espectáculos e incluso exhibirlos en redes sociales
La Vanguardia
/ España.
Zeytin (Olivo, en turco) fue descubierto encerrado en una
pequeña caja de madera en la bodega de un avión que viajaba de Nigeria a
Tailandia, al hacer escala en el aeropuerto de Estambul. Su rostro aterrorizado
fue noticia el pasado diciembre, cuando apenas tenía cinco meses. Ahora el
pequeño gorila prepara su vuelta a casa.
Zeytin es un gorila occidental de llanura (gorilla gorilla
gorilla) una especie en peligro de extinción que habita en las selvas
tropicales de África Central. Su población ha disminuido en las últimas décadas
debido a la deforestación, la caza furtiva y las enfermedades.
Tras haber estado alojado en un zoológico de Estambul durante casi nueve meses, se espera que Zeytin regrese pronto al país del que venía, Nigeria, en virtud de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), aunque su subespecie no es originaria de ese país.
“Era la primera vez que un gorila era interceptado en el
aeropuerto de Estambul”, explica Fahrettin Ulu, director regional de la
Dirección de Conservación de la Naturaleza y Parques Nacionales de Estambul a
France Press. “Estaba aterrorizado, se le notaba en los ojos”, afirma.
En un espacio abierto del Zoológico Polonezköy de Estambul,
entre dos pepinos o naranjas, Zeytin —a quien también le encantan las fresas—
corre por el césped como un niño, se columpia en las ramas de los árboles y
juega al escondite y al pilla-pilla con su cuidador.
El bebé gorila fue “criado con cariño maternal” y recibió
“cuidados meticulosos”, según Ulu.
Zeytin, que pesaba 9,4 kilos al llegar al Zoológico de
Estambul, ahora pesa 16 kilos. Mide 80 centímetros, en comparación con los 62,5
centímetros que medía entonces. “Se ha convertido en un jovencito”, añade, y su
fase de readaptación ha finalizado.
Según Traffic, una ONG británica especializada en la
protección de la fauna silvestre, el tráfico de crías de grandes simios está en
auge, con cada vez más compradores que buscan tenerlas como mascotas o usarlas
en zoológicos, circos, espectáculos o en redes sociales.
“Las crías de gorilas pueden ser objeto de tráfico fácilmente
porque son muy maniobrables y fáciles de transportar”, señala Denis Mahonghol,
director de Traffic para África Central, quien afirma que su tráfico está “cada
vez más vinculado al crimen organizado”. Según las últimas cifras del Programa
de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), de 2013, más de 3000
grandes simios son objeto de tráfico ilegal cada año en África Occidental y
Central, sin incluir a los que pasan desapercibidos.
Denis Mahonghol confirma que las autoridades turcas y
nigerianas están en contacto para preparar el viaje de Zeytin y sugiere que, ya
en su país, una vez finalizada la cuarentena, se le realizará una prueba de ADN
al gorila “para determinar su origen y, una vez confirmado, se le libere”. Sin
embargo, Zeytin tendrá que esperar un poco más antes de poder deambular
libremente en un santuario.
Liza Gadsby, directora de la Fundación Pandrillus en Nigeria,
afirmó que se estaba preparando para la llegada de Zeytin, que podrá disfrutar
de la compañía de otro gorila joven de su misma subespecie. “Tenemos una hembra
de tres años llamada Bili, que fue confiscada por la aduana en Lagos hace dos
años. Las pruebas de ADN demostraron que es una gorila occidental de llanura”,
explicó, añadiendo que era “muy probable” que las pruebas arrojaran la misma
conclusión para Zeytin.
“Cuando supimos de la existencia de Zeytin, pospusimos
nuestro plan de trasladar a Bili a un santuario de hábitat rural para que
pudiera reunirse con ella durante su cuarentena”, dijo. “Ambos se beneficiarán
enormemente de reunirse antes de su próxima transición”, añade, subrayando que
subrayando que “estos dos pequeños huérfanos ya han sufrido mucho en sus
jóvenes vidas”.
Imagen: OZAN KOSE / AFP.