El gobierno asiático rechaza la injerencia de Estados Unidos
en asuntos internos y acusa a los republicanos de tener "una mentalidad de
Guerra Fría". El lobby del almirante Holsey. Las amenazas a Lula da Silva
y Nicolás Maduro.
Por Sebastián Cazón - Desde
Beijing
El 2009 fue un año bisagra en América Latina. Mientras Wall Street sufría los temblores de la crisis de Lehman Brothers, China pisaba fuerte en la región y desplazaba por primera vez a Estados Unidos como principal socio comercial de Brasil. Un año después haría lo mismo en Chile y al siguiente en Perú. Transcurrida una década y media, y con el regreso de Donald Trump a la Casa Rosada, Washington intenta ahora recuperar la hegemonía perdida. A contramano del desinterés manifestado por el republicano, su administración apuesta a la beligerancia en suelo latinoamericano: envía al jefe del Comando Sur, Alvin Holsey, a realizar lobby contra las inversiones chinas, se enfrenta con el brasileño Lula da Silva por la condena a prisión de su antecesor, Jair Bolsonaro, y arma un ampuloso despliegue militar en la costa de Venezuela para amenazar al régimen de Nicolás Maduro. Desde Beijing, en cambio, avanzan en sentido contrario: rechazan la injerencia extranjera en asuntos internos, prometen inyectar fondos multimillonarios en el mediano plazo, trabajan en exenciones de visados y acusan a Washington de tener una mentalidad de “Guerra Fría”. En este esquema de dos polos, la batalla por el liderazgo global también se libra en América Latina.
La gira que realizó en agosto el almirante Holsey por la
región no pasó desapercibida en Zhongnanhai. El funcionario norteamericano
recorrió miles de kilómetros –visitó Argentina, Chile, Paraguay, República
Dominicana y Panamá– para hablar sobre la “amenaza china”. Bajo ese concepto,
planteó que el Partido Comunista busca “exportar un modelo autoritario, extraer
recursos valiosos y establecer infraestructura de posible uso dual, desde
puertos hasta el espacio”. Desde el gobierno de Xi Jinping remarcaron que
Estados Unidos “siempre interviene" en los intercambios de China con los
gobiernos latinoamericanos y que esa actitud está relacionada a “su ideología
radical y pensamiento de Guerra Fría”. “Esperamos que reconozca la historia de
amistad que existe entre ambas regiones y que no intervenga ni busque imponer
una hegemonía”, expresó a Página/12 el embajador chino para Asuntos
Latinoamericanos, Qiu Xiaoqi, durante una conferencia en Beijing.
La incomodidad de Estados Unidos recae en que el vínculo
entre China y América Latina se profundizó exponencialmente en las últimas
décadas. Pasó de ser una llana relación diplomática a convertirse en un socio
clave, no solo en lo comercial –con un intercambio récord de 500 mil millones
de dólares en 2024– sino también desde lo financiero y con inversiones
estratégicas en infraestructura y energía como los proyectos de Power China en
Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador y México, entre otros. Mientras que
en el 2000 el flujo de inversión directa que llegaba desde el gigante asiático
era de 10 mil millones de dólares en todo el continente, el año pasado ascendió
a 14.710 millones y Xi Jinping prometió en la cumbre de la Celac que aumentarán
en el corto plazo. De ahí que el diplomático estadounidense Peter Lamelas,
aspirante a embajador en la Argentina, haya vinculado a las inversiones chinas
con la corrupción y prometido recorrer el país para bloquearlas.
El mismo argumento utilizó el Departamento de Estado a
principio de mes para restringir las visas a ciudadanos centroamericanos que
tengan algún tipo de vínculo con China. A través de un comunicado, el gobierno
de Trump justificó la medida planteando que pretende “contrarrestar la
influencia corrupta de China en Centroamérica”. “Las acusaciones incendiarias
contra los intercambios y la cooperación de los países centroamericanos con
China carecen totalmente de fundamento y demuestran la total falta de respeto
de Estados Unidos hacia los países centroamericanos”, respondió la semana
pasada Lin Jian, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino.
Además, advirtió que usa las visas como “armas” y que está acostumbrado a
“intimidar a ‘países pequeños’”.
Buques norteamericanos y paraguas chinos
“Creo que llegó la hora de la guerra revolucionaria contra un
enemigo poderoso”, lanzó el jueves Maduro ante la amenaza de invasión de Trump.
La costa de Venezuela es el punto de disputa regional más caliente en este
momento. Mientras los buques estadounidenses se instalan en el Caribe, bajo el
supuesto de operar contra el narcotráfico internacional, el gobierno de Xi
Jinping condena la ofensiva y defiende el principio de no intervención en
asuntos interiores. “China se opone siempre a las fuerzas externas para
intervenir en los asuntos internos. Algunos países utilizan armas y su fuerza
militar para amenazar a otros países”, explicó Qiu Xiaoqi. Se trata de un
mensaje de respaldo que le da cierto oxígeno al venezolano en un clima de
máxima tensión.
Maduro sabe que el rechazo de China a la estrategia de
Washington funciona –parcialmente– como un paraguas protector. El mes pasado se
mostró con el embajador chino Lan Hu e incluso presumió de su vínculo con
Xi Jinping, al exhibir orgulloso un teléfono Huawei que le habría regalado
su par asiático para que mantengan contacto permanente. “Este no te lo pueden
intervenir los gringos”, se ufanó. Ambos mandatarios se vieron cara a cara en
septiembre de 2023 en Beijing y en mayo pasado se encontraron en Rusia.
La pulseada con Lula
En la extensa lista de focos de conflicto regional también
aparece Brasil. "Estados Unidos necesita saber que no está tratando con
una republiqueta bananera", lanzó Lula furioso. Fue en respuesta a las
presiones de Trump por la condena a 27 años de prisión para su aliado Jair
Bolsonaro y la amenaza de estar dispuestos a “usar medios militares” para
“proteger la libertad de expresión en el mundo”. La ofensiva
norteamericana recibió el repudio de China. "Nos oponemos al
unilateralismo y a la injerencia en los asuntos internos de cualquier otro
país", insistió el embajador Qiu Xiaoqi. Para que no queden dudas, remarcó
que China y Brasil no solo son importantes socios comerciales, sino que “firmes
partidarios y amigos del multilateralismo”.
La disputa geopolítica está abierta y no esquiva a América
Latina. "No los necesitamos. Ellos nos necesitan a nosotros", se
jactó Trump sobre la región a comienzo de año. Fue una declaración de
principios sobre su agresiva política exterior, que tiene como ejes centrales
la guerra arancelaria y la lucha contra el globalismo. Desde el otro lado del
Pacífico, China aprovecha la beligerancia republicana y avanza sobre puentes
dinamitados para construir un nuevo multilateralismo. Así, la advertencia de Xi
Jinping en la Celac continúa vigente: "La intimidación y la coerción solo
conducen al aislamiento”. Evidentemente, el mensaje no interpeló a la Casa
Blanca.
Tomado de Página 12 / Argentina. Imagen: AFP.
