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02 agosto, 2025

La desconexión de la oposición con la ciudadanía

 

Alí Luna* / Opinión

En entrevista por diversos medios, algunos expertos o analistas coinciden en que la oposición venezolana, aunque en momentos ha contado con amplio respaldo popular, por ejemplo, en el 2015 y hace un año en las elecciones presidenciales del 2024, ha enfrentado grandes dificultades para traducir ese apoyo en una conexión efectiva, sostenida y movilizadora con la gente.

En particular, la represión, la fragmentación interna y hasta las deslealtades y la falta de estrategias con buenas tácticas para lograr los objetivos que interactúen, dialoguen o conecten realmente con las aspiraciones cotidianas de los venezolanos, han erosionado la capacidad de la oposición para movilizar grandes manifestaciones o convertir el descontento en presión política genuina.

Muchas opiniones sugieren que tras varios ciclos de movilización y represión, la motivación ciudadana para participar y defender el voto se ha debilitado, en parte porque la oposición no ofrece una narrativa o propuesta clara que logre ilusionar y organizar a las mayorías. El “desánimo” y la “indiferencia” han venido creciendo, y las victorias simbólicas a menudo no se traducen en cambios reales, lo que alimenta la percepción de distancia y desconexión.

El análisis de la abstención y la baja participación electoral también señala que la oposición no logra representar ni organizar políticamente a quienes están en desacuerdo con el chavismo o madurismo. Sin plan político concreto o propuestas que motiven, recurrir solo a la abstención profundiza la desconexión y debilita la presión social necesaria para una transición.

 Eso de que la culpa es del pueblo solamente, no es 100% cierto, influye el cómo algunos grupos de oposición y sectores extremos vienen haciendo la política opositora.

Un componente histórico central es la dificultad de la oposición para penetrar y conectarse con los sectores populares movilizados por el gobierno, lo que constituye una barrera electoral clave. Se trata de un reto que persiste: la falta de arraigo y de liderazgo renovado capaz de escuchar, organizar y ofrecer esperanza a la ciudadanía.

Seguimos siempre hacia adelante, el pasado que sirva solo de experiencia y no para anclarnos en el. Hagamos de la política un medio para la educación social.

*Ingeniero.