Alí Luna* / Opinión
En entrevista por diversos medios, algunos expertos o
analistas coinciden en que la oposición venezolana, aunque en momentos ha
contado con amplio respaldo popular, por ejemplo, en el 2015 y hace un año en
las elecciones presidenciales del 2024, ha enfrentado grandes dificultades para
traducir ese apoyo en una conexión efectiva, sostenida y movilizadora con la
gente.
En particular, la represión, la fragmentación interna y hasta
las deslealtades y la falta de estrategias con buenas tácticas para lograr los
objetivos que interactúen, dialoguen o conecten realmente con las aspiraciones
cotidianas de los venezolanos, han erosionado la capacidad de la oposición para
movilizar grandes manifestaciones o convertir el descontento en presión
política genuina.
Muchas opiniones sugieren que tras varios ciclos de movilización y represión, la motivación ciudadana para participar y defender el voto se ha debilitado, en parte porque la oposición no ofrece una narrativa o propuesta clara que logre ilusionar y organizar a las mayorías. El “desánimo” y la “indiferencia” han venido creciendo, y las victorias simbólicas a menudo no se traducen en cambios reales, lo que alimenta la percepción de distancia y desconexión.
El análisis de la abstención y la baja participación
electoral también señala que la oposición no logra representar ni organizar
políticamente a quienes están en desacuerdo con el chavismo o madurismo. Sin
plan político concreto o propuestas que motiven, recurrir solo a la abstención
profundiza la desconexión y debilita la presión social necesaria para una
transición.
Eso de que la culpa es
del pueblo solamente, no es 100% cierto, influye el cómo algunos grupos de
oposición y sectores extremos vienen haciendo la política opositora.
Un componente histórico central es la dificultad de la
oposición para penetrar y conectarse con los sectores populares movilizados por
el gobierno, lo que constituye una barrera electoral clave. Se trata de un reto
que persiste: la falta de arraigo y de liderazgo renovado capaz de escuchar,
organizar y ofrecer esperanza a la ciudadanía.
Seguimos siempre hacia adelante, el pasado que sirva solo de
experiencia y no para anclarnos en el. Hagamos de la política un medio para la
educación social.
*Ingeniero.