Francisco Sánchez@FcoSanchezL / Opinión
El pasado
12 de agosto escribí en esta columna que esperaba equivocarme, pero que las cosas no cambiarían en Venezuela y que el gobierno
autoritario de Nicolás Maduro se aferraría al poder, a pesar de todos
los indicios de fraude en las elecciones del 28 de julio, o mejor dicho,
gracias a ello. Por esta razón, creo que es importante plantear los análisis
asumiendo que Maduro y su coalición dominante pretenderán mantener la
imagen de normalidad democrática y dotar de un halo de legitimidad al
gobierno a partir de la toma de posesión del próximo 10 de enero.
Debo reconocer que, a pesar del pesimismo del artículo, me quedé corto al dimensionar la represión del gobierno a la población civil y a sus opositores: desapariciones forzosas, muertes en custodia del Estado o por acción de sus agentes y miles de detenidos en cárceles con condiciones infrahumanas, como denunció, en carta manuscrita, la dirigente social y política del Estado de Miranda Mayra Castro, que está presa desde hace más de 150 días con cargos de "terrorismo e instigación al odio".
En este
escenario, y asumiendo que el fraude electoral se ha consumado, queda claro que
conseguir la libertad de los miles de presos políticos debería ser
una de las prioridades. Si bien el gobierno ha ido excarcelando a distintos
grupos coincidiendo con las largas navidades que arrancaron, vía decreto, el
primero de octubre, la cuestión es cómo conseguir interlocución en este asunto.
La búsqueda de nuevos canales es necesaria ya que los habituales parecen
desgastados.
Lo ideal
sería que mediasen países o actores internacionales que tienen una buena
relación o mantienen una vía abierta con el gobierno venezolano. Sin embargo,
es muy difícil que China Rusia o Cuba, socios estratégicos de Maduro, puedan
cumplir este rol, pues ellos mismos mantienen presos políticos y reprimen a la
población. Por ello hay que pensar en países como México, por ejemplo, que
podría actuar como facilitador ya que la presidenta Claudia Sheinbaum ha
mostrado voluntad de conservar esa vía abierta con el presidente Maduro al
anunciar que enviará una delegación a su toma de posesión.
Además, con
esta acción, el gobierno mexicano puede mandar una clara señal de liderazgo
regional que refuerce su posición internacional en un momento en el que sufrirá
las embestidas del gobierno de Donald Trump que aprovechará
cualquiera de los puntos de la amplia agenda bilateral que mantienen los países
para presionar a México.
El rol de
mediador en contextos represivos ha sido desempeñado en otros momentos por la
Iglesia Católica. Pero las críticas al presidente por parte de la Conferencia
Episcopal Venezolana hace que sea vista como un actor de parte. En este
sentido, tienen más posibilidades de abogar por la liberación de los presos
políticos las iglesias evangélicas, claras aliadas de Maduro. El perdón, como
superlativización del amor al prójimo, puede contribuir a construir una
narrativa que permita al gobierno hacer liberaciones sin que esto implique
mostrarse ante el país como un gobierno débil.
También es
conocida la cercanía del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero,
quien otras veces ha intermediado en varios asuntos, incluido el de liberar
presos. No obstante, parece otra vía agotada a la luz del poco éxito obtenido
para mejorar las condiciones carcelarias de la experta en seguridad hispano
venezolana Rocío San Miguel –acusada de "traición a la patria"–, cuya
enfermedad necesita un tratamiento que en la cárcel del Helicoide no le pueden
dar.
Como
anticipé, la presión internacional tampoco ha surtido efecto no sólo porque
tiene fuertes socios internacionales, como China y Rusia, sino porque el
gobierno de Venezuela no reconoce como interlocutores válidos a los gobiernos y
organismos internacionales que lo critican. De ahí que las reprobaciones de
gobiernos de distintas posiciones ideológicas y regiones o las muestras de
apoyo a la oposición y su candidato, como la que hizo el
Congreso de los Diputados al reconocerle como triunfador de las elecciones,
se han quedado en simples victorias morales sin efecto práctico alguno.
Es más, el
aislamiento de Venezuela puede aumentar con el nuevo gobierno de Trump, que
tendrá a Marco Rubio como secretario de Estado, una persona que avala
con entusiasmo la política de su país respecto a Cuba, a pesar de que lleva 66
años mostrando su fracaso. Como la beligerancia viene de ambos lados, es muy
difícil que se abra un atisbo de liberalización del régimen como el que se dio
en Barbados y en Doha.
Maduro lo
ha dicho claramente en
una entrevista hagiográfica realizada el 1 de enero de 2025 por
Ignacio Ramonet para Le Monde Diplomatique en español y
Telesur, al señalar que no volverá a caer en la "diplomacia del
engaño" que explica de la siguiente forma: "Lo practican mucho los
imperios y el imperio estadounidense en el mundo, con sus distintas modalidades,
la diplomacia del engaño con falsa atracción, falsas ofertas, para tratar de
ellos, luego de ganar espacio, clavarte el puñal por la espalda; o también
aplican en otros momentos la diplomacia del engaño en base al chantaje, a la
amenaza de invasión, de guerras económicas. Nosotros conocemos todas esas
formas de actuar del imperio estadounidense y sus aliados. Ellos creyeron que
el 2024 era el año definitivo y aplicaron la diplomacia del engaño, a partir de
negociaciones que desarrollamos con el gobierno saliente Joe Biden, que
ellos incumplieron plenamente".
El panorama
es desalentador y las circunstancias obligan a la oposición a cambiar la
estrategia. Para decidir cuál debería ser ésta, sin duda, urge entrar en un
proceso de reflexión que permita buscar un nuevo rumbo, tomando nota de
los errores y aciertos. Además, si queremos que la dictadura venezolana no sea
tan longeva como la cubana, es necesario aprender de ese proceso histórico.
Algo
sencillo para comenzar es dejar de considerar al gobierno de Venezuela
únicamente como un autoritarismo tropical y corrupto más y ver qué versión se
cuentan de ellos mismos como parte de su construcción y legitimación. Se
anunció ya una reforma que, según dice el presidente, refundará la democracia
y, de lo que se sabe, se trata de un sistema de democracia plebiscitaria que
le permitirá dar la apariencia de democracia a un régimen que no permite el
cambio de gobierno.
No se puede
dejar de intentar que la democracia y el pluralismo retornen a Venezuela, para
que así, los millones de personas que tuvieron que dejar el país, vuelvan a
tener patria
Pero la
narración sobre sí mismos es más compleja y por eso vale la pena prestar
atención al resumen que hace Ramonet en la entrevista antes citada, como
preámbulo de pregunta en el que adelanta en chavismo y por la izquierda al
propio Maduro: "La campaña mediática contra Venezuela dura desde hace 25
años y esta campaña hemos visto cómo se intensificó a partir de la victoria
electoral suya el 28 de julio pasado. En particular los medios conservadores
internacionales han modificado sin ningún pudor el relato de lo que pasó al día
siguiente de las elecciones, lo que ocurrió el 29 de julio. O sea, cuando
grupos armados organizados atacaron una serie de instituciones oficiales y
provocaron una treintena de muertos. La versión que se ha dado en los medios
internacionales, que han difundido las redes sociales, es que esas víctimas han
sido causadas por las autoridades. Entonces, un poco el mundo al revés, como
decía Eduardo Galeano. Usted ha reaccionado contra esas mentiras y ha
lanzado, no sólo ha relanzado el movimiento revolucionario, en particular con
el bloque histórico, sino también con una gran ofensiva antifascista. Usted ha
organizado, se ha organizado en Caracas una serie de congresos antifascistas,
de movimientos antifascistas. El antifascismo internacional se ha dado cita
ahora en Caracas, en apoyo de la Revolución Bolivariana".
Lo único
que me queda claro en este complejo escenario es que no se puede dejar de
intentar que la democracia y el pluralismo regresen a Venezuela, para que así,
los millones de personas que tuvieron que dejar el país, vuelvan a tener
patria.
*Francisco Sánchez es director
de Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca.
Texto tomado de El Independiente /
España. Imagen referencial.
