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07 diciembre, 2024

Antonio Diéguez, filósofo: "Detrás del transhumanismo hay mucha fantasía y menos ciencia de la que se dice"

Nacho Martín@NachoMartin_Descripción: Comentarios

El transhumanismo defiende que los seres humanos podemos mejorar físicamente, psicológicamente e intelectualmente integrando la tecnología para mejorar nuestras capacidades. Algunos de los que apoyan este pensamiento hablan incluso de que en el futuro podríamos convertirnos en cíborgs, que por definición son organismos compuestos de una parte biológica y otra cibernética. Algo que nos llevaría, argumentan, a aumentar nuestras posibilidades de manera exponencial en todos los sentidos.

Sin embargo, Antonio Diéguez, Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Málaga, rebaja las expectativas. Admitiendo que la biotecnología podría darnos -y ya nos da- grandes beneficios, considera que en este tema siempre ha habido mucha hipérbole, acrecentada con la llegada de la inteligencia artificial. En los libros que ha escrito (el último de ellos, llamado Pensar la tecnología, vio la luz hace un par de meses) ha reflexionado ampliamente sobre estas cuestiones para intentar separar el grano de la paja.

Pregunta. ¿En qué punto está el transhumanismo como movimiento?

Respuesta. Se ha convertido en una ideología, supuestamente basada en la ciencia pero que carece de una base científica real en la mayoría de los casos. Estamos viendo que las interfaces cerebro-máquinas siguen avanzando, y que tenemos prótesis biomédicas. Pero desde luego nada que ver a las promesas que hacen los transhumanistas. La idea de introducirnos un chip en el cerebro para aprender idiomas o artes marciales es cosa de las películas de ficción. Y la pretensión de volcar la mente humana en las máquinas es completamente ilusoria en mi opinión, sencillamente imposible.

En lo que sí se está avanzando es en la biotecnología. Por ejemplo, en los estudios sobre el envejecimiento humano se han conseguido rejuvenecer ratones, y se han hecho algunos ensayos clínicos con personas. Aun así, nada parecido a las promesas de inmortalidad que se han hecho. Sucede lo mismo con la medicina, hay avances pero no se pueden prometer verdaderos milagros de aquí a 20 años. La ciencia no dice eso.

P. Entendiendo entonces que es algo más teórico, ¿apostar por el transhumanismo daría lugar a un mundo mejor? ¿O a seres humanos mejores?

R. Como decía Ortega y Gasset, el ser humano es lo que es gracias a la tecnología. No podríamos vivir sin ella, nos acompaña desde el origen mismo de nuestra especie, primero en forma de técnica y desde el siglo XX en forma de tecnología, que sería la técnica apoyada en la ciencia. Y obviamente la cantidad de miles de millones de habitantes que hay hoy en el planeta no podrían vivir ya sin el apoyo de la tecnología.

Dicho esto, tenemos a nuestra disposición tecnologías cada vez más potentes desde la Segunda Guerra Mundial. Y con algunas, como la IA, podríamos llegar a autodestruirnos. Por eso nuestro destino como especie pasa por una gobernanza exitosa de la tecnología que nos lleve a un futuro feliz y no a la autodestrucción. Yo critico el discurso de que la tecnología no puede ser controlada, es algo muy negativo y no lo podemos aceptar.

P. ¿De qué manera podríamos autodestruirnos con la tecnología?

R. La forma más obvia es una guerra nuclear que nos lleve a un estado pre-civilizatorio de nuevo. Luego se habla siempre de la posibilidad de que desarrollemos una Superinteligencia artificial que acaba intentando autodestruirnos, pero es algo cuestionable. Primero porque no está nada claro que podamos crear algo así, y segundo porque, en caso de que seamos capaces de hacerlo, tampoco está claro que nos vaya a destruir. Aún así, ese es un escenario que ahora está muy de moda. Aunque creo que es simplemente una cortina de humo para ocultar los desafíos reales de la IA, que son otros.

P. Lo que señalan cada vez más expertos es que la tecnología nos ayudará a vivir cada vez más años. ¿Es una noticia positiva?

R. Se están produciendo mejoras, y quizás en algún momento se permita la edición genética de seres humanos. Pero lo más obvio para aumentar la longevidad son los nuevos medicamentos que se están investigando. Hay varias empresas con mucho dinero trabajando en ello, como Altos Labs, fundada por Jeff Bezos en 2021. Es muy posible que esta compañía, o cualquier otra similar, consiga medicamentos para alargar la vida, pero está por ver cuántos y si será de forma segura.

De entrada esto podría provocar problemas de desigualdad, porque esos medicamentos serían caros y solo podrían pagarlos algunas personas. Así que las clases sociales se podrían convertir en clases biológicas. Y en cualquier caso, si conseguimos vivir dos o tres décadas más se generarán bastantes problemas sociales en cuanto a pensiones, jubilaciones, relaciones familiares, mercado laboral... Supongo que si esto ocurre sería mejor que fuera algo gradual para poder ir buscando soluciones.

P. Lo que parece claro es que, aunque siempre hemos usado la tecnología, ahora dependemos más que nunca de ella. ¿Esta dependencia nos acerca al riesgo de sufrir un colapso?

R. Es un riesgo posible, pero yo soy más optimista. Creo más bien que la tecnología bien usada nos puede ayudar a evitar el colapso, sobre todo en temas medioambientales y de cambio climático. Ya nos ha salvado en situaciones cercanas a eso, como en la Revolución verde, así que parece que es el único asidero que tenemos. Dicho esto, es verdad que sin la tecnología no habríamos podido causar el daño que le hemos hecho al planeta. Se le puede responsabilizar de eso. ¿Pero habríamos renunciado al desarrollo, al nivel de vida y al bienestar que tenemos hoy ante el peligro de que dentro de 50 años pueda haber una situación problemática para nuestros descendientes? Probablemente no.

P. Hace poco escuché al escritor israelí Yuval Noaḥ Harari, autor de Sapiens, decir que Israel e Irán ya están creando regímenes totalitarios gracias a la IA. ¿Usted lo ve también así?

R. Harari no es una buena autoridad para este tipo de análisis. Hay autores que conocen mejor el impacto de las nuevas tecnologías y de la IA en el futuro de las democracias, como Mark Coeckelbergh. Pero es verdad que uno de los mayores desafíos que tenemos es el deterioro que pueden sufrir las democracias de todo el mundo.

Primero, porque es cierto que hay regímenes autoritarios que la están utilizando para controlar más a la población, así que será mucho más difícil que esos países puedan llegar a ser alguna vez sistemas democráticos. Pero a la vez las democracias lo están sufriendo ya también con todas las noticias y vídeos falsos que se está creando. Se está generando un clima de presión, polarización y deterioro del debate público que me temo que en algunos casos pueda conducir incluso a la violencia. Hay que encontrar soluciones rápidamente, y no vale el cliché de que no se le pueden poner puertas al campo. La Unión Europea, por ejemplo, está tratando de hacerlo con su nueva normativa.

P. Sabemos que es algo polémico, ¿pero qué cree que pasaría si alcanzáramos la IA general?

R. En una buena pregunta, pero nadie lo sabe. Yo creo que sería un sistema de inteligencia artificial mucho más potente de lo que tenemos hoy en día, con capacidad para resolver una enorme diversidad de problemas, y por lo tanto en eso sería similar a la inteligencia humana. Pero no tengo claro que esa IA general desarrolle autoconciencia, emociones, voluntad. Y sin eso será algo muy distinto de la inteligencia humana, y desde luego no parece que pueda tomar iniciativas como la de destruir a la humanidad.

P. ¿En qué pueden ayudarnos los chips cerebrales y qué peligros tienen?

R. Permiten que algunos pacientes de algunas enfermedades puedan mejorar bastante sus síntomas, por ejemplo con el Parkinson. Ayer mismo vi una noticia de un parapléjico que ha vuelto a andar en Holanda porque le han conectado directamente el cerebro con la médula a través de un chip colocado en el cerebro, con lo que puede puentear la lesión y mover las piernas. Este tipo de prótesis no son nuevas, es una línea de investigación que algunas universidades llevan tiempo trabajando, y han conseguido resultados buenos.

Tomado de El INDEPENDIENTE / España.