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16 noviembre, 2024

Thomas Hobbes

 

Por Orlando Arciniegas*

El longevo Thomas Hobbes [1588-1679] fue un filósofo inglés del siglo XVII, quizá más conocido por su libro _Leviatán_ de 1651, aunque no fue el único de su cosecha intelectual. En él expuso una formulación muy acreditada de la «teoría del contrato social»; y por lo cual, en mayor medida, se le registra entre los fundadores de la filosofía política moderna. Por puro prejuicio ―opinión previa de lo que se conoce mal―, Hobbes creía que la vida en un mundo sin gobierno era «solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta». Despreciable, pues. 

Y esto es debido a la _condición natural_ del hombre. Un hipotético estado en el que regido solo por el _derecho natural_ cada hombre utilizaría su libertad para usar su propio poder, según le plazca, en función de preservar su propia vida, y, en consecuencia, hacer cuanto conciba como idóneo para alcanzar dicho fin. En este hipotético estado, la gente pugnaría por razones que Hobbes señala en este orden: la competición para obtener los bienes; la desconfianza a la hora de procurarse seguridad, y la gloria para la reputación. 

Así las cosas, los hombres vivirían en un estado de anarquía y continua guerra civil, por lo que para poder vivir se impone, racionalmente, la necesidad de un pacto social, al que Hobbes ―pensando por los demás― concibe como una entrega de la soberanía individual a un Soberano [permítase la mayúscula] con la capacidad de poner orden y dar seguridad. Ese Soberano tendría la voluntad, la única libre, para dictar leyes y poner orden y dar seguridad. Era el Estado, al que nuestro filósofo imaginaba tan poderoso como un _Leviatán_, esa figura monstruosa del Antiguo Testamento, que debía defender al débil pero conflictivo hombre natural. En lógica impecable, dentro del marco hobbesiano, el hombre natural sin el Estado, estaría condenado a la infeliz e insegura vida del desorden político y de la guerra inacabable. 

Hobbes, sin rebozo alguno, se confiesa partidario de un Estado fuerte y autoritario, y fue el gran teórico de las monarquías absolutistas de su época, el siglo XVII. Además, esa forma de gobierno era, según él, el poder capaz de asegurar la manera de obtener bienes y preservar su posesión. Además, si no nos olvidamos del contexto histórico de estas cavilaciones, entenderemos esta preocupación de Hobbes por concebir un poder que, cual sistema lógico-matemático, diera respuesta a la búsqueda de una relojería que centralizara el poder político, muy turbado en la Inglaterra de su tiempo. Hobbes, sin tapujos, prefiere como soberano al Rey único que a la Asamblea, pues cualquier división, dice, pone en debilidad al Estado. 

Hobbes hubo de escribir su obra capital durante la Guerra Civil Inglesa (1642-1651), una guerra entre el rey Carlos I [y su sucesor Carlos II] y el Parlamento, que golpeó a los tres reinos en poder de la casa de Estuardo: Inglaterra, Escocia e Irlanda. En la que se produjo la degollación del rey Carlos I en enero de 1649, y la victoria del Parlamento en 1651, provocando la huida a Francia del heredero Carlos II; y, con él, las esperanzas de la monarquía británica. Este regicidio, el único ocurrido en la historia de Inglaterra, fue mal recibido por una Europa, que, para entonces, creía en el derecho divino de los reyes y, en el gobierno monárquico, como fuente de legítima soberanía. 

Hobbes, además, a su regreso a Inglaterra desde Francia, donde permaneció entre 1629 y 1637, fue testigo de los crecientes conflictos entre Carlos I y su Parlamento, los que tomaron un cariz de brutalidad y destrucción durante la Guerra Civil, y que debieron influir en su defensa del gobierno por un soberano absoluto en Leviatán, como salida, según el filósofo, al eterno conflicto humano [el del egoísmo] y al riesgo del colapso social. Aparte del Leviatán, se suele señalar al igual  como obras de gran significación las siguientes: la trilogía _De Cive_ [1642], _De Corpore_ [1655] y _De Homine_ [1658]); y hay los que agregan la obra póstuma _Behemoth_ [1681].

_El Leviatán de Hobbes_, _el Segundo tratado sobre el gobierno civil_ de Locke [1689] y _El contrato social_ [1762] de Rosseau suelen estar entre las primeras lecturas asignadas a los noveles estudiantes de teoría política.

*Historiador. Profesor titular (J) de la Universidad de Carabobo.