Por Enrique Ochoa Antich / Opinión
Más allá de las dos hipótesis
igualmente válidas en la polémica -pues ambas son meras suposiciones-, a saber:
1. El chavismo, totalitario por naturaleza, no traspasaría la presidencia a
ningún opositor, por moderado que fuese; 2. Si se hubiese escogido un candidato
que contase con su _aquiescencia_, y si se hubiese labrado con él un acuerdo de
co-gobierno previo a los comicios, sí lo hubiese hecho; más allá de ellas,
repito, está lo objetivo e históricamente comprobable. Veamos.
*Los hechos tangibles*
La duda se hace más torturante
cuando se verifica lo que sí *no tiene discusión posible* (como me subraya el
amigo Agustín Berríos): que la oposición PUD-EEUU hizo *exactamente lo
contrario* para despejar la cuestión, a saber:
• *Se postuló a quien el chavismo más rechazaba*, inveterada proponente de rebeliones callejeras violentas, golpes militares, sanciones económicas e intervenciones militares extranjeras.
• La candidata de la oposición comenzó
la campaña con esta perla: "Maduro, ven pa'cá, yo lo que quiero es verte
preso": ¿esta “gracia” no basta por sí sola para comprender la reacción
del régimen autoritario?
• Cuando parecía que el gobierno
aceptaba a Rosales, el extremismo opositor destruyó su candidatura con una
campaña infame.
• Luego se dejó saber por todas las
vías que EGU no ejercería la presidencia sino su "titiritera".
• Se mantuvo viva la AN 2015.
• Ni por asomo se consideró la
posibilidad de abolir las recompensas gringas, levantar todas las sanciones y
clausurar los juicios internacionales.
Para mayor redundancia, que parece
confirmar las peores sospechas y que cierra por lo pronto hoy cualquier
posibilidad de apertura y de acuerdo:
• Luego, es decir, _ex post facto_,
una lideresa opositora dijo que les ofrecía a Maduro y cía.
"salvoconductos", o sea, *exilio*.
• Después emite una carta a los
militares pidiéndoles un golpe de Estado.
• Una y otra vez voceros
destacadísimos de la oposición PUD ruegan, de hinojos a las puertas del
Departamento de Estado, una intervención militar extranjera, e incluso planean
invasiones mercenarias.
Todo esto no es hipótesis sino
*hechos tangibles y comprobables* que propician la duda y desbrujulan a la
oposición. Puede discutirse si es creíble o no la disposición chavista a
admitir la alternancia republicana, pero lo que está claro es que *en estas
circunstancias: amenazas de cárcel, recompensas, juicios internacionales,
sanciones, un régimen autoritario de partido-Estado está impelido a hacer
cuanto haya menester (incluido el fraude electoral) para no abandonar el
poder*. En esta perspectiva, *el escamoteo del 28J tuvo una corresponsabilidad
opositora irrebatible*. Al no labrar por anticipado el acuerdo necesario, lo
que debió hacerse con un lustro de anticipación, *el extremismo convirtió en
derrota política lo que era una victoria electoral cantada*.
Esa "meta móvil" que
alguna mano extremista aleja cada vez que la oposición parece acercarse a ella,
esa engañifa para bobos, este espejismo a ras del desierto, el _fata morgana_
del “Hasta el final”, tiene ahora el 10E una prueba de fuego concluyente.
Lástima que sus proponentes no tengan la humildad de reconocer su fallo y
hacerse a un lado una vez que se demuestre por enésima vez su error.
*Los de 30 y 40*
Frente a toda esta estrategia
subversiva de fuerza, un régimen de partido-Estado como éste, lógicamente juega
"cuadro cerrado". Es por lo que este cronista sabía de antemano que
su candidatura al cargo de Defensor del Pueblo tenía tan sólo un valor
testimonial: una invitación al gobierno a la apertura necesaria; y un mensaje
al pueblo opositor: la pelea sigue, hay que *reconstruir la ruta democrática*
(voto *+* acuerdo previo: el uno sin el otro es "cáscara vacía") y
seguir adelante. Pero el gobierno autoritario no puede permitir que en su
ecosistema político se desplace ni un solo electrón libre. _Abroquelarse_ es su
consigna. Confrontarse en formación de _testudo_ romano, infantes cubiertos de
escudos por todas partes, como una tortuga con caparazón de fierro. Así se
creen invulnerables.
Por momentos tengo la sospecha de
que reconstruir de sus cenizas la *ruta democrática*, luego del daño profundo
que le ocasionaron ambos polos el 28J, es ya una tarea para los de 30 y los de
40… y tal vez para los de 50 y 60 si se apresuran… pues forjado entre gobierno
y oposición este laberinto de espejos en que la nación se halla extraviada, se
necesita tener por delante una década o década y media de vida política util
para desmadejar el ovillo de nuestro enmarañado destino.
La sombra de la hegemonía chaviana
se alarga sobre esta simulación de república que somos, sumida en el pantano de
la camorra infecunda. Apaleada, devastada, escarnecida, la nación contempla
cómo sus propios errores, sus votos erráticos, sus estúpidas devociones
caudillescas, y sus patéticas adhesiones emocionales, la condenaron a la
pobreza y la ruina. Hora de sacar cuentas y aprender la lección.
