Desde siempre, los seres humanos han querido alargar su vida.
La evolución está siendo buena, desde luego, porque según la ONU la esperanza
de vida mundial ha aumentado desde los 46,5 años en 1950 a los
71,7 años en 2022, y se espera que para 2050 siga escalando hasta los 77,3.
Pero el científico portugués João Pedro de Magalhães cree que podríamos llegar
a vivir entre 1.000 y 20.000 años.
Suena a locura y es, ciertamente polémico. Pero no lo dice
cualquiera. De Magalhães es graduado en la Facultad de Medicina de
Harvard y catedrático de Biogerontología Molecular en la Universidad
de Birmingham (Reino Unido), donde dirige un laboratorio dedicado a investigar
el envejecimiento y la longevidad. Antes de eso estuvo más de una década
dirigiendo otro laboratorio en la Universidad de Liverpool, centrado
en los mecanismos genéticos, celulares y moleculares que activan este
proceso cuando cumplimos años.
Pregunta. ¿Por qué y cómo envejecemos los seres humanos?
Respuesta. Esa es la gran pregunta que estamos tratando de
resolver, por qué envejecemos. Existen muchas hipótesis y teorías. Algunas
sostienen que lo hacemos debido a la acumulación de daño molecular, como el
deterioro del ADN, de los telómeros, de las mitocondrias y el daño oxidativo.
Mi hipótesis, sin embargo, es que envejecemos debido a procesos determinados
genéticamente que contribuyen a nuestro desarrollo y crecimiento, pero que
luego continúan en el futuro y se vuelven perjudiciales.
P. Sabemos que un estilo de vida saludable no garantiza vivir
más tiempo. ¿Qué peso tienen los genes en este proceso y qué otros factores
intervienen?
R. Los
estudios en gemelos muestran que la longevidad es hereditaria en
aproximadamente un 25% (es decir, genética), lo cual no es mucho. En
comparación, la altura es hereditaria en aproximadamente un 50%. Sin embargo,
el componente genético de la longevidad aumenta con la edad. Lo que esto
significa es que si quieres tener 70 u 80 años de edad saludable, todo depende
principalmente de tu estilo de vida. Pero si quieres ser centenario o
supercentenario, todo depende principalmente de elegir bien a tus padres y
abuelos. En otras palabras, la longevidad humana excepcional tiene un
componente genético más fuerte.
P. En su laboratorio, ¿cómo estudian el envejecimiento y la
longevidad?
R. Estamos haciendo una combinación de métodos computacionales y
experimentales. Más específicamente, aplicamos un gran análisis de datos para
identificar patrones y genes específicos que pueden estar impulsando los
fenotipos del envejecimiento. También empleamos conjuntos de datos humanos para
identificar genes y vías asociadas con la longevidad humana y las enfermedades
relacionadas con la edad. Y luego hacemos experimentos en células y modelos
animales, probando el papel de genes específicos en el envejecimiento. También
realizamos estudios farmacológicos, por ejemplo en gusanos, donde identificamos
nuevos medicamentos que extienden la vida útil de esos animales según nuestro
análisis computacional.
P. ¿Cómo cree que los seres humanos podríamos alargar nuestra
vida?
R. Lamentablemente,
por el momento no hay mucho más que podamos hacer además de seguir el consejo
de nuestra madre. Es decir, estilo de vida saludable, dieta, no fumar, hacer
ejercicio, no beber demasiado, etcétera. Sin embargo, dado que podemos
manipular genética y farmacológicamente el envejecimiento en sistemas modelo,
soy optimista en cuanto a que seremos capaces de desarrollar medicamentos y
terapias para la longevidad que retrasen el proceso de envejecimiento humano.
P. Usted habla de que la esperanza media de vida humana
podría ser de 1.000 años, y que podríamos llegar incluso a los 20.000 años.
¿Cómo hizo esos cálculos y de qué dependen? Porque entre 1.000 y 20.000 hay
mucha diferencia.
R. Este es un cálculo altamente especulativo basado en lo que podría suceder
si curamos el envejecimiento. En otras palabras, si elimináramos todas las
formas de degeneración y enfermedades relacionadas con la edad, y si nuestra
supervivencia/mortalidad se mantuviera al nivel de los individuos jóvenes. En
ese caso nuestra esperanza de vida sería de más de 1.000 años, pero la
longevidad máxima podría ser de 10.000 o incluso 20.000 años. La diferencia es
que 1.000 años se refiere a la esperanza de vida media y 20.000 años se refiere
a la esperanza de vida máxima.
P. ¿Qué calidad de vida tendríamos todos esos años extra? ¿El
objetivo de su trabajo es prolongar la juventud o la vida?
R. Ésta
es una gran pregunta. Nuestro objetivo absoluto es prolongar la juventud y
hacer que las personas estén más sanas durante más tiempo. Y, por supuesto, si
las personas están sanas y no desarrollan enfermedades, vivirán más tiempo, por
lo que el objetivo es convertir a una persona de 70 años en una de 50, algo que
sabemos que es posible hacer en los animales. Queremos que las personas vivan vidas
más largas y saludables.
P. En tu trabajo has estudiado la longevidad de algunos
animales. ¿Qué hemos aprendido de ellos que se pueda aplicar a los humanos y
qué cosas no nos son útiles?
R. Hemos realizado varios estudios de animales, incluidos algunos que tienen
vidas cortas, pero más interesantes, o vidas largas y son resistentes a las
enfermedades, como la rata topo desnuda y la ballena de Groenlandia. Las
ballenas viven más que los humanos y son resistentes al cáncer, por lo que mi
tesis es que aprendiendo los trucos que utilizan las especies para evitar el
envejecimiento y las enfermedades podríamos aplicarlos a los seres humanos.
Lamentablemente, por el momento no disponemos de ninguna terapia que se pueda
aplicar en humanos. Necesitamos más financiación y participación de la
industria para desarrollar terapias humanas.
P. Ha hablado mucho sobre la posibilidad de detener el
envejecimiento y desarrollar defensas contra el cáncer, pero ¿qué pasa con
todas las demás enfermedades que amenazan la vida?
R. Nos
centramos en el envejecimiento y también en el cáncer. En parte esto se debe a
motivos personales porque mi esposa murió de cáncer. Pero, por supuesto,
existen muchas otras enfermedades relacionadas con la edad. El argumento
crucial es que si podemos retrasar el envejecimiento humano, esto tendría un
impacto en múltiples enfermedades relacionadas con la edad. Si pudiéramos
retrasar el envejecimiento humano ocho años, esto reduciría a la mitad la
incidencia de todas las enfermedades relacionadas en cada edad. Si vuelves a
rejuvenecer tu cerebro, ya no desarrollarás la enfermedad de Alzheimer, por
ejemplo. Por lo tanto, el impacto de retrasar el envejecimiento sería enorme y
se traduciría en enormes beneficios médicos y de salud.
P. ¿En qué etapa de desarrollo se encuentran y cómo podrían
funcionar los
medicamentos que para alargar la vida?
R. Conocemos muchos medicamentos para la longevidad, es decir, medicamentos
que prolongan la esperanza de vida de los animales. Funcionan de diferentes
maneras, pero la cuestión es que ahora contamos con medicamentos ya aprobados
para uso clínico humano que, al menos en animales, prolongan la vida útil. Por
lo tanto, es un área de investigación muy interesante porque significa que en
un futuro cercano podremos utilizar enfoques farmacológicos para prevenir el
envejecimiento en toda la población, una especie de medida preventiva.
P. Los humanos siempre han buscado la inmortalidad. ¿Pero
cree que realmente seríamos más felices si viviéramos más?
R. Sí,
por supuesto. No veo ninguna felicidad proveniente de la enfermedad de
Alzheimer o del cáncer o de las enfermedades cardiovasculares. ¡Dudo que
alguien lo haga! Todo lo contrario, éstas son las mayores causas de dolor,
sufrimiento y discapacidad en las sociedades modernas. Entonces, si pudiéramos
prevenir las enfermedades del envejecimiento no sólo haríamos a las personas
más saludables, sino también más felices.
P. El mundo está cada vez más poblado, y aunque en teoría
debería haber recursos para todos, sabemos que en la práctica no es así. Y esta
es sólo una de las muchas preguntas éticas que podemos plantearnos sobre la
extensión de la longevidad. ¿Cuál es tu posición al respecto?
R. Por supuesto, la superpoblación es un problema. De hecho, ya lo es. Pero
es importante tener en cuenta que se debe principalmente a las tasas de
natalidad, no a la esperanza de vida. En otras palabras, la cantidad de bebés
que una persona tiene contribuye mucho más a la superpoblación que el tiempo
que vive la gente. E incluso si la esperanza de vida tiene un pequeño impacto
en la superpoblación y el agotamiento de los recursos naturales, dejar que la
gente sufra y muera a causa de enfermedades para controlar la población no es
de ninguna manera un enfoque ético. El objetivo de la medicina es hacer que las
personas estén lo más sanas posible durante el mayor tiempo posible.
P. Muchas de las cosas que relata suenan, al menos hoy, muy
lejanas. Y eso, sumado al hecho de que usted se desempeña como consultor de
varias empresas de biotecnología enfocadas en llevar al mercado terapias de
longevidad, puede hacer que la gente desconfíe de su discurso. ¿Por qué
deberían creerle?
R. En primer lugar, creo que es muy importante que nosotros, los académicos,
trabajemos con las empresas para traducir los hallazgos en beneficios para los
pacientes. Por supuesto, la investigación básica es importante, pero también
debemos traducirla a aplicaciones del mundo real. Las vacunas de ARN contra la
COVID-19, que fueron un gran éxito y salvaron millones de vidas, son un gran
ejemplo de colaboración entre el mundo académico y la industria. Así que no veo
ningún problema en colaborar con empresas, todo lo contrario, creo que es muy
importante para avanzar en la investigación y beneficiar a la atención
sanitaria y a los pacientes.
Nadie sabe si en el corto plazo aparecerán terapias para el
envejecimiento. Así que no estoy diciendo que lo que funciona en animales
funcionará en seres humanos, porque hasta que no tengamos estudios clínicos
adecuados, no lo sabremos. Lo que yo diría es que tenemos que investigar y
tratar de trasladar las terapias de longevidad a seres humanos mediante ensayos
clínicos adecuados, y ese es mi enfoque.
Fuente: El Independiente / España.
