- Autor:
Fernando Díez Ruiz
- Título del autor, The
Conversation*
¿Qué tienen
en común la observación de moluscos y una teoría revolucionaria sobre la mente
infantil?
La vida y
obra de Jean Piaget ofrecen una respuesta fascinante a esta pregunta. Desde su
formación como biólogo hasta convertirse en uno de los psicólogos más
influyentes del siglo XX, Piaget transformó nuestra comprensión de cómo los
niños piensan y aprenden.
Su
"Psicología del niño", escrito con su colaboradora Bärbel Inhelder,
sigue siendo un pilar importante en la educación moderna y en la psicología del
desarrollo. En este artículo, comprenderemos cómo un biólogo suizo llegó a
cambiar el panorama educativo para siempre.
Un
investigador precoz
Jean Piaget
nació el 9 de agosto de 1896 en Neuchâtel, Suiza. A los 11 años, Piaget ya
había publicado su primer artículo científico sobre un gorrión albino que
observó en un parque cercano.
La historia
es más que una anécdota curiosa; refleja el temprano interés de Piaget
por la observación detallada de la naturaleza, algo que marcaría su enfoque en
la investigación a lo largo de su vida.
En la adolescencia, continuó publicando trabajos sobre moluscos, lo que lo llevó a obtener un doctorado en Ciencias Naturales a la edad de 21 años.
Sin embargo,
a medida que profundizaba en la biología, Piaget comenzó a interesarse por
preguntas más amplias sobre el conocimiento y la mente humana.
Este interés
le llevó a cambiar de rumbo, orientándose hacia la psicología y la
epistemología, disciplinas en las que se convertiría en una de las figuras más
influyentes.
De la
biología a la psicología infantil
En
París, Piaget trabajó con Théodore Simon, colaborador de Alfred Binet,
el creador de las pruebas de inteligencia.
Durante este
tiempo, Piaget realizó un importante descubrimiento: las respuestas incorrectas
de los niños en las pruebas de inteligencia eran más reveladoras que las
correctas.
A partir de
estos errores, Piaget comenzó a formular la idea de que los niños no
piensan de la misma manera que los adultos, sino que pasan por una serie de
etapas cualitativamente distintas a lo largo de su desarrollo.
Para Piaget,
el niño no es simplemente un adulto en miniatura: piensa de una manera completamente
distinta. Su convicción lo llevó a abrir la puerta a la creación de su
influyente teoría del desarrollo cognitivo.
Las 4 etapas
del desarrollo cognitivo
Piaget
describió el desarrollo cognitivo de los niños a través de cuatro etapas
principales:
- Etapa sensoriomotora (0-2 años). Los niños experimentan el mundo principalmente a través de sus
sentidos y acciones físicas. En esta fase desarrollan la “permanencia del
objeto”, es decir, la comprensión de que los objetos siguen existiendo,
aunque no se vean.
- Etapa preoperacional (2-7 años). Durante esta etapa, los niños
comienzan a utilizar el lenguaje y los símbolos, pero su pensamiento sigue
siendo egocéntrico. Un ejemplo curioso que ilustra este egocentrismo es la
famosa anécdota en la que Piaget observó a su hija pequeña hablando por
teléfono y asumiendo que su interlocutor podía ver lo que ella veía,
mostrando cómo el niño en esta fase aún no comprende completamente las
perspectivas ajenas.
- Etapa de las operaciones
concretas (7-11 años). Los niños comienzan a pensar de manera lógica sobre situaciones
concretas. Aquí, Piaget realizó unos de sus experimentos más conocidos,
donde los niños tenían que juzgar si la cantidad de líquido que contenían
dos vasos de formas diferentes era la misma. Descubrió que, en esta etapa,
los niños entienden que, aunque la forma cambie, la cantidad de líquido
sigue siendo la misma.
- Etapa de las operaciones
formales (12 años en adelante). En esta última etapa, los adolescentes desarrollan la capacidad de
pensar de manera abstracta y lógica, un paso fundamental para el
razonamiento científico y matemático.
El método
clínico y la observación directa
Una de las
grandes innnovaciones de Piaget fue su uso del método clínico, que consistía en
observar y cuestionar a los niños de manera abierta, sin imponerles respuestas
o direcciones.
Este enfoque
le permitió descubrir cómo los niños construyen activamente su conocimiento a
través de la interacción con el mundo que les rodea.
Para Piaget, el
conocimiento no es simplemente una acumulación pasiva de hechos, sino que es el
resultado de la interacción constante entre el niño y su entorno.
Esta
construcción del conocimiento tiene lugar a través de dos procesos clave: la
asimilación, a través de la que el niño incorpora nueva información a sus
esquemas existentes, y la acomodación, que le permite ajustar estos esquemas
para adaptarse a nuevas experiencias.
Impacto en la
educación
El trabajo de
Piaget ha tenido un impacto profundo en la pedagogía. Sus teorías sugieren que
el aprendizaje no es lineal ni homogéneo para todos los niños, sino que debe
adaptarse a las etapas del desarrollo cognitivo de cada uno.
Piaget
defendía que la enseñanza debería centrarse en proporcionar experiencias ricas
y variadas que permitieran a los estudiantes explorar y
descubrir por sí mismos.
Para Piaget,
los educadores tienen un papel esencial como guías que ayudan a los niños a
construir su propio conocimiento. Destacó la importancia de la libertad
en el aprendizaje. Y consideraba que el principal objetivo de la
educación es formar personas que sean capaces de hacer cosas nuevas, no
simplemente repetir lo que otras generaciones han hecho.
En otras palabras,
el aprendizaje debe ser un proceso activo que fomente la creatividad y el
pensamiento crítico, en lugar de una mera memorización de hechos. Como él mismo
resumió: "Todo lo que se le enseña a un niño, se le impide inventarlo o
descubrirlo".
Legado y
relevancia actual
Aunque
algunas partes de su teoría han sido revisadas con los avances en la
neurociencia y la psicología moderna, el legado de Piaget se mantiene
pertinente.
Sus ideas
sobre el desarrollo infantil y la importancia de adaptar la enseñanza a las
necesidades cognitivas del niño continúan influyendo en las prácticas
pedagógicas en todo el mundo.
Su enfoque
desde la experimentación y la observación detallada le permitió observar de
cerca cómo los niños construyen activamente su conocimiento.
Demostró que,
al igual que en el caso de los moluscos que estudió en sus primeras
observaciones biológicas, el desarrollo intelectual de los niños es un proceso
orgánico y progresivo.
Cada etapa es
un paso en la construcción de un conocimiento más profundo y más complejo, un proceso
que define quiénes somos y cómo entendemos el mundo que nos rodea.
* Fernando
Díez Ruiz es profesor e investigador en la facultad de educación y deporte de
la Universidad de Deusto. España. Este artículo apareció en The Conversation.
Puedes leer la versión original aquí.
Tomado de BBC
NEWS – Mundo. Imagen: Getty.