Emily Anthes
Desde finales del mes
pasado, la gobernadora de Dakota del Sur, Kristi Noem, ha sido objeto de
feroces ataques bipartidistas por su decisión de disparar y matar a la perra de
su familia, una braco alemán de pelo duro de 14 meses llamada
Cricket. Noem ha defendido sus acciones reiteradamente, y estas se detallan en
sus próximas memorias, en las que afirma que la perra era
“agresiva”, “imposible de entrenar” y “un peligro para cualquiera con
quien entrara en contacto”.
El domingo, Noem sugirió que el
presidente Joe Biden debería haber considerado matar a su propio perro,
Commander, un pastor alemán que fue expulsado de la Casa Blanca el año
pasado tras morder repetidamente a agentes del Servicio Secreto.
“El perro de Joe Biden ha atacado a 24 personas del Servicio Secreto”, declaró
Noem, republicana, en una entrevista en el programa “Face the Nation” de CBS.
“Entonces, ¿cuántas personas deben ser atacadas y heridas peligrosamente
antes de tomar una decisión sobre un perro?”.
Los expertos afirmaron que existen
algunas circunstancias en las que los perros son tan agresivos que
deberían ser sacrificados. Pero la eutanasia debería ser una opción de
último recurso, señalaron, utilizada solo cuando un perro representa un peligro
grave y se han descartado otras posibles soluciones. En los casos tanto de
Cricket como de Commander, había muchas estrategias razonables y no letales
disponibles.
“Tenemos muchas herramientas a la mano —medicamentos, así como muchas intervenciones
conductuales diferentes— antes de llegar al paso en el que dices: ‘No puedo
controlar a este perro’”, dijo Erica Feuerbacher, experta en comportamiento y
aprendizaje canino en Virginia Tech. “Eso es lo que me gustaría, que realmente
valoren la vida de su perro y le den la mejor oportunidad de tener una vida
larga y plena”.
The Guardian fue el primero en reportar los fragmentos de las memorias de Noem,
que se publicarán el martes. En ellas, Noem supuestamente culpa a Cricket de
arruinar una caza de faisán, matar a las gallinas de otra familia y morderla, o
intentar morderla.
Aunque puede ser indeseable para las personas, cierto nivel de agresión
—gruñir, mostrar los dientes e incluso morder— es normal en los perros,
que descienden de los lobos y comparten parte de su instinto depredador,
explicó Clive Wynne, experto en comportamiento canino de la Universidad Estatal
de Arizona que está trabajando en un libro sobre la historia de los perros.
Ese instinto depredador, mencionó
Wynne, muy probablemente explica por qué Cricket atacó a las
gallinas. Pero un perro que mata gallinas no necesariamente representa un
riesgo para las personas, afirmó. “Eso realmente no tiene ningún valor
predictivo como manera de evaluar si ese perro puede ser peligroso para ti”,
dijo. “Porque no pareces una presa, no suenas como una presa, y los perros
forman fuertes vínculos emocionales con miembros de su familia humana”.
Wynne explicó que lo más
frecuente es que los perros muerdan a los humanos porque están estresados o
asustados. “Principalmente en un hogar humano, un perro muerde porque sus
otros intentos de comunicar que se siente incómodo o temeroso han fallado”,
dijo.
Aun así, incluso un perro que
muerde a la defensiva puede representar peligros y debe recibir una evaluación
profesional de un veterinario, indicaron los expertos. Los perros que están
enfermos o con dolor pueden tener más probabilidades de atacar; en un estudio
de 2021 de casi 1000 perros que exhibían un comportamiento agresivo, los
investigadores encontraron que el 15 por ciento tenía una condición médica
subyacente que podría haber contribuido al mal comportamiento.
“Nos apresuramos a afirmar que nuestro perro es agresivo en lugar de dar un
paso atrás y preguntarnos: ‘¿Por qué mi perro está respondiendo de esta
manera?’”, aseveró Vivian Zottola, autora del estudio y especialista en
modificación del comportamiento canino en Boston. (También es investigadora
asociada en el Centro de Estudios del Comportamiento Canino, una organización
sin fines de lucro).
Los perros a los que se les
determina buena salud pueden beneficiarse de trabajar con un especialista
certificado en comportamiento animal o un adiestrador de perros. Estos
profesionales también pueden ayudar a los dueños a identificar si existen
desencadenantes particulares que hagan reaccionar a sus perros. “A menudo
pasamos por alto el estrés de nuestros perros, y las señales de estrés que
muestran pueden ser muy sutiles”, dijo Zottola.
A menudo, los dueños pueden
eliminar los comportamientos agresivos simplemente estando atentos a estos
desencadenantes y manteniendo a sus perros fuera de situaciones que puedan
detonar agresión, lo que Feuerbacher describió como “simplemente tomar buenas
decisiones en nombre de tu perro”.
Los perros que parecen nerviosos o reactivos con extraños, por ejemplo, no son
buenos candidatos para ir a un mercado, y también podrían no estar capacitados
para vivir en la Casa Blanca. “Claramente, ese no era el entorno adecuado si el
perro muerde varias veces”, comentó Zottola.
En los casos en los que los
factores estresantes no se pueden eliminar del entorno familiar, es posible que
sea necesario encontrarle un nuevo hogar al perro.
Los medicamentos, como los
ansiolíticos, también pueden ayudar a calmar a algunos caninos.
Si nada de eso funciona, hay circunstancias en las que el propietario puede
considerar lo que los expertos llaman eutanasia conductual. En estos
casos, la agresión del perro es tan impredecible que no se puede controlar o su
mordida es tan fuerte que causa daños físicos graves, explicó Feuerbacher.
En algunos casos, la eutanasia
también podría ser lo mejor para el perro; un animal que ataca con tanta
frecuencia que no puede estar cerca de las personas probablemente no tenga una
gran calidad de vida, afirmó.
Pero según la información que se ha
hecho pública, Noem todavía tenía varias opciones que valía la pena aplicar
antes de recurrir a la eutanasia, dijo Feuerbacher. “Creo que se saltó algunos
pasos”, opinó.
Wynne estuvo de acuerdo. “Ese caso
es muy atroz”, concluyó.
En la imagen, Commander, el perro del presidente Joe Biden,
observa a Biden regresar a la Casa Blanca de un viaje a Japón, el 1.º de mayo
de 2023. (Doug Mills/The New York Times)
Tomado de The
New York Times
