Por Luis Fuenmayor Toro:
Hay algunas personas que defiende la gestión gubernamental del “comandante eterno” sobre la base de las simpatías que sigue teniendo en una porción de la población venezolana, pese a haber pasado ya diez años de su muerte. Les parece que esto es una prueba irrefutable de lo bien que lo hizo como Presidente de Venezuela en sus 15 años de gobierno, lo cual es falso, pues las apreciaciones de la gente son generadas por infinidad de factores y no son el resultado de un estudio serio de las ejecutorias de los gobernantes, ni de los resultados de las mismas. Chávez, como Pérez en su momento, y como muchos otros, fue un líder de gran carisma, entusiasta, que transmitía una sensación de seguridad en la población, además de tener un discurso reivindicativo de los pobres, en favor de los más necesitados. Muchos se sintieron tomados en cuenta por primera vez, condición ya suficiente para identificarse con su liderazgo.
Además, Chávez se dedicó a repartir la renta petrolera entre
pobres y ricos, lo que necesariamente mejoró las condiciones de vida de la
gente y reforzó los lazos establecidos en el discurso. Los beneficiarios de sus
acciones, sobre todo los pobres, no necesariamente estaban al tanto de las
decisiones económicas de su gobierno, ni de los efectos a largo plazo que las
mismas producirían. Estas medidas, sin embargo, fueron la génesis de una crisis
gigantesca, que para bien del prestigio de Chávez se desata después de su
inesperada enfermedad y muerte, por lo que no tuvo que lidiar con las
consecuencias de sus erradas acciones, ni fue visto como el causante de las
mismas. Maduro heredó ese legado, el cual él también había contribuido a
construir, y fue visto como único responsable del desastre. He aquí las tres
causas fundamentales de la valoración positiva que algunos tienen del
comandante presidente.
Sin pretender hacer un análisis exhaustivo de los errores de
Chávez, podemos señalar como en 2003, luego de 14 años de desaparecido el
régimen de control de cambios adecocopeyano (RECADI), Chávez impone nuevamente
un control de cambios y crea de nuevo un régimen de cambio diferencial llamado
CADIVI, el cual reprodujo la fuga inmensa de divisas y la centrífuga de compra
venta de dólares “preferenciales”, que alimentó los bolsillos de funcionarios y
de amigos y familiares del régimen durante varios años. También impulsó una
política importadora desatada, con sobre facturación e importaciones ficticias,
además de crear un desestimulo importante de la producción nacional, es decir,
todas fallas, perversiones y corruptela del anterior régimen cambiario.
En 2002, 2005 y 2009, Chávez impulsó modificaciones
inconstitucionales de la Ley del BCV, con la complicidad de la Asamblea
Nacional, las cuales acabaron con la autonomía del mismo, que pasó entonces a
ser un instrumento del Ejecutivo Nacional. Sus utilidades fiscales dejaron de
ingresar al Fisco, para ser dispuestas por la Tesorería Nacional. Se permitió
el financiamiento por parte del BCV de presupuestos deficitarios y de
productores y de empresas e institutos públicos, así como el traslado de lo que
llamaron eufemísticamente “reservas excedentarias”, a un fondo creado y
administrado sin control por el Ejecutivo. Se eliminó la obligación
constitucional del BCV de administrar las reservas internacionales y PDVSA dejo
de vender todas sus divisas al BCV, con excepción de las necesarias para sus
operaciones. Se creó de esta manera un fondo, FONDEN, administrado fuera del
Presupuesto Nacional, que llegó a manejar más de 250 mil millones de dólares
provenientes de las reservas internacionales y de PDVSA.
A lo anterior, debemos añadir las expropiaciones indebidas
efectuadas por el Presidente, sin respaldo ninguno, ni en función del interés
nacional, sino para crear la imagen de gobernante fuerte y con poder casi
absoluto. El resultado fue la desaparición de muchas empresas exitosas, como
centrales azucareros, fincas y compañías productivas, lo que aumentó el
deterioro de la producción nacional de bienes y servicios e hundió al país en
una crisis nunca vista en años recientes. Las grandes empresas nacionales no
quedaron indemnes de la destrucción chavecista: PDVSA, CVG, CANTV, las
eléctricas, fueron víctimas de la ignorancia, la corrupción y el clientelismo
burocrático. Ni que hablar de la deuda externa, la cual fue cuadruplicada en
medio de un ingreso de más de un millón de millones de dólares.
Tomado de Costa del Sol / Sucre.
